Esa noche, de regreso en mi departamento, traté de encontrar la paz en el silencio, aunque mi mente estaba lejos de dejarme en paz. Las palabras de Alejandro y Zouse daban vueltas en mi cabeza como un rompecabezas sin solución. “¿Qué voy a hacer?” pensé en voz alta, como si el eco de mis palabras me fuera a responder. De repente, el timbre sonó. Me acerqué a la puerta, y para mi sorpresa, al otro lado estaba Nora, mi mejor amiga, con una botella de vino y una expresión que decía claramente que estaba lista para una noche de terapia intensa. —¡Pero mirá lo que trajo el gato! —exclamó, alzando la botella y sonriendo—. Supe que ibas a necesitar esto apenas me contaste lo de la ‘batalla de titanes’ que armaste en la oficina. ¡Decime todo! Suspiré y la dejé pasar, agradecida de tener a algu

