82. Epifanía.

956 Palabras

Esa noche, con la vista perdida en las luces de la ciudad, algo hizo clic dentro de mí. Era una de esas epifanías que llegan en los momentos más mundanos y se instalan en el pecho como una verdad inamovible. No necesitaba que Alejandro o Zouse me completaran. Ninguno de ellos tenía que ser el final de mi historia; yo era la historia, y ellos simplemente capítulos en ella. Con esa idea en mente, decidí que era hora de tomar distancia, de tomarme unas buenas vacaciones y despejar la mente. Era hora de hablar con cada uno, de aclarar las cosas y, sobre todo, de ser honesta conmigo misma y con ellos. No podía seguir siendo un premio en una competición silenciosa. Al día siguiente, primera parada: Alejandro. Llegué a su oficina temprano en la mañana. Sabía que Alejandro solía llegar antes qu

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