Dos semanas después... El sol de Puerto Rico acaricia mi piel mientras me recuesto en una tumbona frente al mar. El sonido de las olas es hipnótico, y el aire salado llena mis pulmones con una sensación de libertad que no sentía hace mucho tiempo. Mis amigas están junto a mí, riendo y tomando fotos, inmortalizando cada instante de estas vacaciones que prometen ser inolvidables. —Anny, ¡deja ya el celular y ven a la orilla!— me grita Clara, mi mejor amiga, mientras corre hacia el agua. Su entusiasmo es contagioso, pero no puedo evitar mirar la pantalla una vez más. Ahí están. Dos notificaciones nuevas. Zouse: “¿Cómo estás? Espero que lo estés pasando bien. Te extraño.” Alejandro: “¿Todavía sigues en Brasil? ¡Avísame cuando vuelvas!” Miro los mensajes durante unos segundos, el corazón

