*** La mañana había transcurrido con normalidad, como cualquier otro de mis días en éste colegio católico. Tuve mis primeras clases, me esforcé para no caerme del pupitre por el sueño, y en algunas ocasiones pasé a la pizarra a resolver ejercicios. Los profesores se sorprendían por mi intelecto, porque pensaban que no tenía cerebro. Pero ellos no sabían que había sido el mejor estudiante de mi pueblo. Y no quería demostrarlo aquí, aunque tampoco quería que mis notas se vieran perjudicadas… ¿Pero qué era importante ahora? No tenía mucha motivación últimamente, y nada me importaba. Por otro lado Lisa no había hecho más que hacerme malas caras en los pasillos, y murmurar cosas con sus amigas cuando me veía. Todo al muy estilo primaria. Pero la asiática no era tan importante como para que

