—¿Ah? —la asiática nos miró a los dos, cabreada—. ¿Quiénes se creen ustedes para llegar al colegio y cambiar las reglas? Yo soy la reina de éste lugar, y Gubbler es el rey, ustedes no son más que unos nuevos con potencial de ser parte de la basura, y que no hacen más que darles esperanzas a los rechazados. Por eso es que les quieren, ¡porque los rechazados les apoyan! ¡Sin ellos perderán la competencia, y nadie les mirará de nuevo en los pasillos! —se puso las manos en las caderas—. Este año no será distinto a los demás, porque ni tu, ni tú —nos señaló con su dedo indice—, podrán quitarme de mi trono junto a Dios, así que será mejor que no sigan con ésta guerra sin sentido. —¿Guerra? —Malia gruñó, golpeando de un manotón el dedo de Lisa que la apuntaba en ese momento—. No estamos armando

