Me quedé sorprendido por lo bien que estaba quedando todo, y al girarme con Malia hacia el público nos dimos cuenta de que realmente les estaba gustando el espectáculo, pues todos estaban embelesados viendo como la asiática se movía de un lado a otro con sus pájaros, moviendo el cuerpo y cantando con voz de ángel. Mientras que su compañero no era más que su sombra; estando a punto de tropezarse en más de una ocasión. —¿Podremos hacerlo mejor que ésto…? —de pronto escuché a la morena, casi mirando a nuestros rivales con la boca abierta. —Lo haremos. —le afirmé, tomándola de la mano—. Pero creo que es mejor ir a prepararnos, ¿no? —le susurré, y ella asintió. Y como la directora estaba tan distraída en su lugar, mirando a su niña estrella con esa mirada de madre. No fue problema salir haci

