—Yo les autoricé para que no asistieran a clases. —de pronto escuchamos una segunda voz detrás del obeso cuerpo de la directora, y sentí como los músculos de mi cuerpo casi se tensaron cuando supe de quién se trataba. Por eso no me sorprendí cuando vi aparecer el fornido cuerpo de Kai detrás de la monja. En ese momento nuestras miradas se encontraron de manera fugaz, pues él miró a la anciana para mostrarle esa pircadía que sólo él tenía. Pero, esos segundos fueron suficientes para que me quedase paralizado, viéndolo de pies a cabeza con el corazón acelerado. Sin duda alguna, estaba más alto que antes. Era intimidante. Hoy llevaba solamente otra camisa que marcaba sus músculos, y unos pantalones negros que se ajustaban tanto a sus piernas que podía ver como su bulto se marcaba. —Cody, m

