El pequeño no hacía más que frotarse contra mi pelvis, mientras que yo ahueque mis manos en su trasero, apretándolo fuerte. Mierda. Su culo era tan redondo como lo recordaba, y eso no hizo más que ponerme durisímo. Mi polla estaba a reventar, y el pantalón me estaba incomodando ahora. —¿Realmente lo quieres? —mi voz sonó extremadamente ronca por lo cachondo que me encontraba. —Realmente lo quiero. —él gimió con el rostro más excitado que jamás hubiera visto, y luego se apartó para abrirme la camisa de un tirón, rompiéndome los botones y mostrando mi pecho desnudo—. Quiero ésto, Kai. Un ligero jadeo de cachondees se escapó de mis labios al sentir mi torso desnudo, y miré como el pequeño me admiraba con un brillo lujurioso en sus ojos. Mordía sus labios mientras lo hacía, y entonces leva

