Él titubeó al principio, pero lentamente sin apartar sus ojos de los míos fue subiendo hasta mi axila mirándome como para evaluar mi reacción. Sonreí lascivamente, y el pequeño se trepó a mi regazo antes de sentarse, moviendo mi polla contra mi abdomen para no hacerme daño, y para acabar acercando su rostro a mis pelos. El sonrojo se expandió por toda su cara, y me hizo cosquillas cuando de pronto se pegó de golpe ahí con mayor confianza, dando enormes respiros y lamiendo desesperadamente la axila. Comencé a gemir, mientras que Cody me comía la axila y movía su lengua de un lado a otro, succionando cada gota de sudor que había en ellas y comiéndosela. Mi polla se hinchó tanto que me estaba comenzando a incomodar mucho, y por eso lo sujeté de la cara y lo aparté de mi axila. Él estaba todo

