Liam se recostó en el asiento, no le había molestado la idea, al contrario, le encantaba y ese era el problema. Todo el tiempo estuvo sobre la línea de la promesa, se había comportado como todo un caballero respetando a la castaña y llegando hasta donde creía que era seguro. Puesto que la última vez perdió la cordura y se dio cuenta que ya no podía controlarse, decidió no volver a estar a solas con ella, ni permitir que Angie se desnudara frente a él. No porque no le gustara verla, tampoco era porque no lo disfrutara, Liam perdió el control y ya no pensaba seguir leal a sus palabras. —No me molesta hermosa. —Contesto pasando una de sus manos por su cabello. —Angie, solo no puedo. Liam no sabía cómo explicarle lo que le sucedía, no encontraba las palabras para expresarse. —¿Qué no pue

