El tiempo se detuvo para el castaño de ojos miel, el corazón dejó de latir junto al de ella. Sentía como mil dagas se le incrustaban en el pecho. Ver a su madre y no poder sentir el calor de su cuerpo lo estaba ahogando. Ardía, quemaba. Abrazo a su esposa con fuerza y por más fuerte que quisiera ser en ese momento, se rompió en pedazos. Lucia acariciaba la espalda de el castaño apoyándolo como siempre, dándole fortaleza y recordándole que ahí estaba ella y su hermosa familia que los necesitaba, como el necesitaba de ellos. Angie despertó sintiendo un dolor de cuerpo insoportable, aun sentía que todo le daba vuelta como si aún se encontrara dentro del vehículo. Cuando recordó lo que había sucedido abrió los ojos asustada mirando a su alrededor para saber dónde se encontraba. —¿Liam?

