El sonido de la bolsa de comida golpeando el suelo apenas registró en su mente. Sus dedos simplemente dejaron de aferrarse a ella, como si su cuerpo no tuviera fuerzas para sostener nada más. En otro momento, habría sentido un impulso por recogerla, por asegurarse de que todo estuviera en orden, pero ahora… ahora no había más que un vacío inmenso y sofocante dentro de ella. Angie caminó sin rumbo, sintiendo cómo el aire se volvía cada vez más espeso a su alrededor. Sus piernas temblaban, pero seguían moviéndose. Cada paso dolía, como si el suelo debajo de ella estuviera cubierto de fragmentos de cristal, cada uno incrustándose en su piel con la misma intensidad de las palabras de Liam. El mundo parecía haber perdido color. La opulencia de la residencia, el cielo nocturno, las luces de la

