CAPÍTULO VEINTIOCHO

3212 Palabras

La sangre era ahora otro fluido más en nuestro vaivén, un esmalte escarlata que barnizaba nuestra piel sudorosa. —¡Concéntrate! —rugió Faruz, enredando sus dedos con fuerza brutal en mi cabello y tirando hacia atrás, arqueando mi cuello en un ángulo que mezclaba el dolor y placer. Su cadera no cesaba en su embestida, cada movimiento hacía temblar el marco de la cama.— Que un poco de sangre no te asuste —masculló contra mi oído, con su aliento caliente manchado de ironía y lujuria. Podía sentir la humedad cálida empapando nuevamente el vendaje en su costado, cada contracción de sus músculos abdominales abriendo deliberadamente la herida. Bajo la luz tenue de la habitación, nuestros cuerpos se fundían en un ritmo despiadado. Un éxtasis perverso nos envolvía, tan agudo que cortaba la resp

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