El día siguiente en el que Héctor se fue de viaje, María estaba inquieta por la pelea que habían tenido el día anterior. Ni siquiera tenía ánimos de ir al trabajo, y estaba molesta por tener que hacerse cargo cuando no era lo planeado.
Llamo a su amiga Julia, Esperaba que le contestase de inmediato.
"Vamos Julia contesta."
Caminó de lado a lado impaciente.
El teléfono la mandó a buzón unas tres veces pero ella no se dio por vencida y continúo marcando. Finalmente, luego de unos minutos contestó.
"Hay, ¿qué pasa? ¿estás bien?" Julia hablo con un tono preocupado por la insistencia.
"¿Puedes venir a mi casa? Quiero hablar contigo, estoy cuidando de los gemelos y no..."
"Majo no estoy en la ciudad. Salí de viaje hace unos días por trabajo, ¿Puede ser luego? Aunque también dímelo por aquí, te escucho tengo algo de tiempo."
María José tragó grueso. Sintió algo de vergüenza por ser tan insistente con su amiga, así que no quiso molestarle más.
"No, tranquila Juli no te preocupes, luego nos ponemos al día. ¿Te está llevando bien tu viaje?"
"Si, perfectamente. Estoy con un chico mayor…" susurró al teléfono "No es nada serio, pero nos entendemos y eso me gusta, aparte de que lo hace divino."
"¿Si?" María se sintió intrigada. Aunque la intimidad era un tabo ara muchos ellas acostumbraban a contarse muchas cosas.
"Lo que más me gusta es que antes de ir a dormir desde que estamos juntos, me toma muy duro. María, es lo mejor que he podido conseguir. Me complace en todos los sentidos."
"Va-vaya." María se puso nerviosa.
"Debo irme linda, hablamos en otra ocasión. Estaremos en contacto para conversar de eso que me dijiste, ¿Si?."
"Bien, que todo te salga excelente Juli."
María colgó la llamada.
Fue hasta el dormitorio de los morochos y se aseguró que estuviesen dormidos.
Llamó a su madre para pedirle que se quedara con ambos niños unos días mientras ella resolvía unos asuntos en un pueblito cercano fuera de la ciudad. "Tengo mucho trabajo", fue lo que ella dijo.
Empacó sus cosas y salió del departamento con una sonrisa en los labios. Respiraba libertad.
Amaba a sus morochos, pero necesitaba algo de espacio y acción en su vida.
Hace tanto que el matrimonio había consumido la llama de la pasión y el amor que, parecían estar juntos por la monotonía y la costumbre de tenerse. Además de compartir el despacho de abogados del cual ambos eran dueños.
Llegó a un hotel lejos de donde vivía y se hospedó, pagando con la tarjeta de Héctor. No sintió ni un poco de remordimiento cuando pidió la mejor suite que había en el hotel cinco estrellas. Ella se lo merecía. Y el recibo no iba a cargarse para que el banco no avisara con un texto del dinero pagado.
Su teléfono timbró, era Emilio, el secretario encargado del despacho de abogados que María tenía con Héctor.
"Hola Emilio." Respondió María agitada tomando el ascensor para subir a su habitación, estaba haciendo mucha calor y su cabello suelto la amenazaba con derretirla.
"Señora, espero esté teniendo un buen día. La llamo para saber algo, disculpe la molestia."
"No te preocupes, sabes que no me molesta que me llames. Cuéntame, ¿Que requieres de mí? Por cierto, gracias por el correo con la planificación del mes entrante."
"El señor Héctor me ha dicho esta mañana que le pase a usted el expediente de los casos para hoy, ¿está disponible para recibirlo?."
"¿Y que hay con eso? Yo voy a revisarlos cuando quiera, Envíamelos."
" No he acabado, también llamó hace media hora preguntando que está haciendo usted y dónde está. No supe que decirle, estaba muy nervioso y le corté la llamada, dije que había interferencia."
"¿Le cortaste la llamada a Héctor?" Una risa de satisfacción salió de María. Aunque recordó que debía ser profesional y no inmiscuir a otros en sus problemas.
"Emilio, si vuelve a llamar dile que estoy comprando café o inventa algo machista. De esas tonterías que le gustan a él. Iré para allá en la tarde."
"Cómo usted diga señora María."
Cortó el teléfono y se enfocó en el presente. Al llegar al segundo piso, tomó el pasillo que le correspondía y sonrió luego de abrir la puerta de su habitación y encontrarse con la maravillosa vista que estaba frente a ella.
Habían ventanales gigantes por todos lados que dejaban admirar toda la ciudad.
Una cama Queen sise en el medio de dos paredes y un televisor enfrente de la cama. Dos mesitas de noches sin nada sobre ellas, y un sillón rojo al fondo que tenía un significado bastante erótico.
Su mente divagó unos segundos y después dejó la maleta a un lado de la cama y se metió a bañar. Algo en su interior le pedía un descanso, anhelo ir a ese viaje en Brasil con Héctor. Buscando quizá que, el hombre que alguna vez amo volviera a aparecer. El agua lavo su cabello y todo el cuerpo, y ella finalizo el baño concluyendo sus pensamientos; hace mucho que había dejado de amarlo.
Cuando salió del baño estaba buscando su ropa y timbraron a la puerta. Su corazón aleteo con vehemencia.
De pronto sintió miedo de que Héctor estuviese detrás de la puerta y viniera a hacer todo un escándalo.
Se asomó y vio a un pequeño de unos cinco años con la cara toda regordeta.
María abrió la puerta de inmediato y le habló.
"Hola, chiquillo, ¿Estás perdido?"
"Sí, mi tío desapareció, estábamos jugando las escondidas y ahora no está. ¿Puede ayudarme a encontrarlo? Yo estaba escondido detrás de la planta y te vi entrar a tu cuarto. ¿Cree que él se haya ido a la casa sin mí? "
El niño sollozó y María no supo que hacer.
"Respira mi amor, vamos a encontrarlo, solo tienes que calmarte."
"Es que no me quiero quedar solito."
"Dame un momento para ponerme algo de ropa y vamos a buscar a tu tío, ¿Sí? El seguro esta por aquí cerca, buscándote."
"No, por favor, vamos así, usted se va a tardar mucho y mi tío se va a ir, vamos a buscarlo ya por favor!"
Sollozó más fuerte y sus mejillas se empañaron tiñéndose de rojizo.
María tomó al niño entre los brazos, sostuvo la llave de la puerta en una mano y cerró tras de sí.
Caminó con el niño por todos los pasillos buscando al tío. Él se lo describió, pero aun así ella no era capaz de formular una cara en su imaginación. Revisaron en todas partes y el pequeño comenzaba a impacientarse.
Bajaron por el ascensor y el niño desconsolado y preocupado, aunque ya no estaba llorando tanto.
Salieron al lobby y varias personas miraban a María por la forma en que iba vestida pero ella no se acordaba de eso, su empatía de madre estaba activada como para preocuparse por la ropa.
El niño se lanzó de sus brazos e hizo todo un escándalo cuando vio a un hombre de espaldas y fue corriendo hacia el desesperado.
"Oye me olvidaste!" grito.
María se quedó observando sin entender. El niño estaba enojado y golpeaba suavemente el brazo del hombre.
"No sé quién eres"
El hombre se dio la vuelta sonriendo dejando de hablar con una morena bonita frente a él, parecían ser íntimos amigos pero la ignoró de inmediato cuando el niño apareció.
"¿Brandon que te sucede? Por supuesto que no te dejaría olvidado."
"Si no fuese por esa señora yo estaría siendo comidita para insectos."
El niño señaló a María rápidamente y ella palideció, de pronto recordó que estaba en bata de baño y descalza.
Aquel hombre alzo los ojos negros y el rostro perfilado. Mandíbula cuadrada y brazos fornidos se divisaban bajo una camiseta grande. Era alto, y de labios jugosos, era...
Era el hombre que había embarazado a María José hace años.
Ese que no había vuelto a ver desde ese día.
El padre de los morochos.
Habían vuelto a encontrarse.