Comienzo a pecar

1245 Palabras
María se quedó boquiabierta y corrió de vuelta al ascensor. Apretó los botones hasta su piso y se dio vuelta para no verlo, los vitrales transparentes la dejaban al descubierto. El hombre salió tras ella dejando a su pequeño sobrino con la mamá. "¿Pablo a dónde vas?" Su cuñada le gritó molesta. Estaba actuando como un adolescente, pero a él parecía no importarle. Igual, para su familia el tenía la fama de querer una mujer diferente cada mes. Y si, quererla, pero en su cama. Subió las escaleras persiguiendo a María mientras ella corría disimuladamente por los pasillos para subir las escaleras a su cuarto. El siguiente ascensor se había ocupado y no había chance de tomarlo. "Puedes dejar de correr si quieres!" Gritó Pablo tras ella cuando logro seguirle el paso. Estuvo a punto de tomarla por el brazo y atraerla hasta el, pero no contaba con que ella abriría una puerta de repente y entrara. Era su habitación de hotel, efectivamente. "Sé que estás ahí. No puedes esconderte." Toco suavemente la puerta. "Déjeme, no sé quién es usted, y si no me deja en paz llamaré a la policía." María amenazó entrelazando su cabello con los dedos. "Debes acordarte muy bien de quién soy, o por qué estarías huyendo. No creo que se te haya olvidado todo lo que pasó aquella..." "O se va, o llamo a la policía." "Fue hace cuatro años, y ahora estás aquí de nuevo en bata y supongo que desnuda." "No es tu problema, lárgate!" Gritó María desde el otro lado de la puerta muy enojada. El corazón de Pablo latía a muchas revoluciones por hora. Y la mente de María era un caos. El padre de ambos morochos había aparecido después de mucho tiempo, él no podía saber la verdad, no podía enterarse de que tuvo un par de hijos y nunca lo busco para darle su verdad. "Creí que estabas feliz de verme." Murmuro el del otro lado con una sonrisa pícara. "Ni siquiera estoy segura de que… esto tiene que ser una broma." "Que linda coincidencia es encontrarte de nuevo aquí, María José. Pero relájate, que no voy a molestarte, solo estoy de vacaciones. Fue un gusto verte." María José se vistió con unos pantalones bota campana y un top sin mangas. Se pasó los dedos por el cabello y puso un poco de labial en sus labios. Ella abrió haciendo que Pablo tropezara con su propio peso, seguía del otro lado. "¿Qué es lo que quieres?" "Pensé que, más tarde podíamos bajar a tomar algo en el bar." "No puedo. Tampoco debería estar hablando contigo." "¿Tienes un marido que te pega?" La pregunta de Pablo hizo que María tragara grueso. Se rio irónicamente y negó. "Tengo trabajo por hacer, así qué es todo. No te puedo acompañar, burloncito. " "Por supuesto que puedes, nadie trabaja de noche un viernes." "Yo lo hago. Tu quizá serás ese nadie, pero yo si trabajo" "Dile a tu jefe que te dé la noche libre, ¿Qué tipo de explotación laboral es esta?" Pablo comentó con una sonrisa sexy apoyado del marco de la puerta. María no podía creer que estuviese hablando con el después de cuatro años. Estaba en shock totalmente, pero disimulaba la sorpresa y el miedo que sentía. "El bufete es mío y de mi esposo." María soltó aquello esperando la reacción de Pablo. Él no se inmutó, incluso, sonó divertido cuando dijo: "Tu esposo es muy afortunado de tenerte, recuerdo cuando vi el anillo sobre la mesita de noche, ni hace falta recordármelo. Yo quisiera serlo también." "Dices tonterías." Las manos de María juguetearon entre ellas. Estaba nerviosa. "Quiero verte en el bar a las 10pm ¿Si? Inténtalo. Solo hablaremos un poco sobre nosotros y el qué, después de cuatro años no te he olvidado María. Sigues siendo la hermosa mujer que conocí hace mucho. Yo no estaba borracho." "Adiós tú." María se despidió e intento cerrar la puerta pero la pierna de él la detuvo. "Soy Pablo González. Arquitecto de Arqueen." Dijo modesto. "¿La empresa más famosa de toda Canadá?" "No diría que la más famosa, pero si la que ofrece calidad en su trabajo. ¿Y tú?" "Abogada María Andrade, el despacho Andrade, es donde trabajo." La conexión que se creó fue exquisita. Ambos se miraron como si las palabras sobraran y sonrieron. ¿Que podían hacer luego de ese encuentro? Pablo asintió y se despidió nuevamente para después irse. La noche llegó y María estaba desesperada lanzando vestidos sobre la cama, no encontraba que ponerse exactamente. Marcó el número de su amiga Julia pero nadie contestó. Se le hacía raro que su amiga no contestara, siempre se mantenía en contacto. Aunque tuviese un amorío con alguien mayor, todo le parecía muy extraño. Le preocupaba su bienestar. "Mejor me pondré el vestido rojo, y los tacones plateados de punta" La ansiedad de María la estaba consumiendo pero aun así se vistió tan sensual como aquel día. Los labios los tiñó de un rojo ciruela y acomodó su cabello en un moño recogido. Una coleta. "Creo que estoy lista." Sus piernas temblaban. Ella presentía que algo pasaría entre Pablo y ella. En el fondo lo deseaba con muchas ganas. Esperaba que alguien la deseara, y la tratase con amor. A las diez de la noche, fue hasta el bar donde quedaron en verse para charlar. Las luces estaban bajas y no habían tantas personas. María se sentó en una mesa retirada dónde nadie podía molestarlos y no vio a Pablo por ningún lado. Al principio pensó en retirarse porque no lo vio llegar, pero luego pidió algo para ella y no le importo más. A unos cuánto minutos el entró buscándola con la mirada. Traía unos pantalones que le ajustaban todo y una camisa blanca con tres botones sin abrochar dejando su pecho al descubierto. El cabello hacia un lado como un buen niño y esos ojos pícaros que incitaban sueños dulces. "Es el mismísimo lucifer hecho hombre" pensó María mordiéndose los labios. "Veo que empezaste a divertirte antes que yo." Comento observando la copa de vino de María "Estaba preparando mi garganta, este está muy sabroso, pruébalo." "¿Quieres que lo pruebe?" "Sí, por supuesto. Lo pedí para ambos, luego tú puedes pedir algo más y así rotamos para probar bebidas. Me han recomendado muchas." "¿Estás segura que quieres que lo pruebe? Acabo de llegar mujer, y tú me estás pidiendo que..." Soltó una carcajada mostrando los perfectos dientes que tenía. El corazón de María latió con fuerza. Estaba nerviosa de aquel hombre. De pronto quiso que la tomara sobre aquella mesa, ella estaba siendo víctima de sus pensamientos. "Hazlo, pruébalo." María dijo para después llevarse un sorbo de vino a su boca. Pablo se acercó hasta donde ella estaba y puso sus manos en las mejillas para luego besarla. La sorpresa en su rostro fue notoria, pero la excitación llegó a ella tan rápido como nada y continúo el beso con lujuria. Entrelazó sus lenguas y las movieron con fuerza chupando y succionando. Estaban extasiados. Rozaban sus narices y Pablo empezó a bajar las manos hasta el cuello de María, dónde le dio un pequeño apretón que hizo que ella gimiera suavemente sobre sus labios. "Eres un puto demonio María." Pablo susurró con los ojos caídos embelesado. Quería tomar a María otra vez, y ella no iba a resistirse.
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