Pena

1520 Palabras
Al otro día era viernes, mamá se fue a trabaja y dejó para mí el desayuno tapado en la cocina. Comí a los golpes y después me metí en unos jeans, una franela y fui a una farmacia. Tenía dinero y tenía que comprar algo para evitar las consecuencias de lo que había pasado con Fernando. –Buenos días. –El señor me miró por encima de las gafas. –Buenos días. –Yo...necesito...necesito la pastilla del día siguiente. Se quitó los lentes. Tuve que ir a una farmacia lejos para que no me conocieran en aquellas donde frecuentemente pasaba. –¿Es para ti? –No, no, no es para mí, es para una tía. –¿Y la tía es mayor de edad? –S-sí. –Entonces que venga ella. –Volvió a ponerse los lentes y me ignoró. –¿Necesito un récipe o algo? –No, pero eres menor de edad. –¿Y? Antes he comprado medicinas, ¿por qué esta no? Suspiró y volvió a quitarse los lentes. –¿Tienes algún nombre? ¿Sabes que pastillas buscas? –No, pero usted seguramente sabrá... –Yo necesito un nombre, saber que te voy a vender. –Solo quiero la píldora del día siguiente. –Insistí y él encogió los hombros como si no sabía de qué le hablaba, entonces me fui. Traté de escoger a otro tipo de vendedora que no objetara ni mi edad ni mi sexo, ni el por qué. –Buenos días. –Saludé a una vendedora de mediana edad que limpiaba un mostrador. –Buenos días. –Me respondió con una sonrisa, un avance por lo menos. –Quisiera compra la pastilla del día siguiente. –¿Tienes algún nombre? ¿Es para ti? –Negué con la cabeza. –Te busco una. –La más efectiva, por favor. –Todas son igual de efectivas. –Dijo alejándose a unos estantes y tomando una caja rosada, –Todo depende del ciclo menstrual. –regresó con la caja. –¿Cómo así? No entiendo. –Tomé la caja y saqué el billete. –De lo cerca o lejos que esté por llegar el período, igual mientras más pronto la tomes mejor. –Me dijo adivinando que si era para mí. No esperé llegar a la casa. Compré una botella de agua y de una vez tomé la pastilla. Estaba tan nerviosa, tan asustada, me sentía tan culpable o tan vulnerable. Yo tenía un teléfono, él tenía un teléfono. No me llamaba y se fue sin despedirse. Todo estaba claro, esto había pasado y ya. Llegando a la casa busqué en su i********:, seguía sin nada nuevo, lo mismo su f*******:, mire su w******p, estaba en línea. Vi su foto, franela roja, gorra azul eléctrico, serio mirando la cámara que él mismo sostenía en la mano izquierda. Mis dedos fueron a las teclas. Otras veces le hablaba por cualquier cosa o más bien él a mí por asuntos del colegio, pero no había ninguna excusa hoy. Ninguna otra que no fuera que habíamos tenido relaciones, que él había sido mi primera vez. El teléfono sonó y salté de susto. Cayó al piso y lo recogí rápido mirando la pantalla, estaba intacto y era Naomi. –Hola. –La saludé sin poder quitar de mi cabeza que había sido una estúpida ayer, que él estaba bebido y yo, por primera vez lo tenía con toda su atención para mí, pero una atención fugaz. –Hola. ¿qué haces? –Nada, estoy en la casa. –Vamos al cine. –¿Al cine? No sé. –Solo quería quedarme en la cama, con la cabeza tapada. –Vamos a las 3 de la tarde, el grupo es de Carolina, Luis, Omar, Ninoska, Sandro, Fernando... –¿Fernando? ¿Él va también? –Creo que sí, ¿vas? –Sí, voy. No sé que pensaba yo que sucedería cuando nos viéramos. Cuando yo lo vi fue una cosa, porque él no me vio a mí. Naomi y yo llegamos juntas y por supuesto que me maquillé y peiné mi cabello largo, pero ni eso, ni mi ropa ajustada, ni mi cabello n***o al aire, hicieron que él dejara de reí con sus amigos y después abrazara a su novia, Vanesa, ella con su bronceado natural y sus ojos pequeños adormecidos. Sentía una gran pena, vergüenza de mi misma y agradecí haber tomado esa pastilla para evitar las probabilidades de que él y yo tuviéramos algo de que arrepentirnos. –Vamos a entrar. –Avisó Luis y en ese justo momento, cuando fuimos a entrar por la puerta grande a la sala de proyecciones, él, todavía con su brazo sobre el hombro de su novia, se volteó a mirarme. Mi mente contó los segundos, fueron 7. 7 segundos de sus ojos en los míos. No sé qué vio él en los míos pero yo en los de él vi indiferencia, vi que me decía: calla. Después que entramos a la sala, siguió hablando con Luis y Omar y comenzó la película. No supe lo que había en la pantalla, tampoco si las muchachas me decían algo. Él estaba en la hilera de adelante y ella estaba justo a su lado y de vez en cuando se daban besos. Besos cortos al principio, pero después le dio uno largo, uno con lengua, uno como los que me dio a mí. Podía imaginar el placer que sentían, la emoción que causaría el beso hasta el punto de la erección y la parada en punta de sus pezones. A ella se los daba frente a todos, a ella se los daba frente a mí, y yo no podía evitar mirarlos, ya no existía la pantalla, nunca hubo una pantalla, solo ellos dos adelante, él que sabía que yo estaba atrás y los miraba. –Creo que me voy, me siento mal. –Le dije a Naomi que estaba concentrada en la película y no sabía que yo tenía revoluciones en el estómago. Se lo dije y salí corriendo de la sala, no esperé respuesta de ella, solo corrí y fui directo al baño. Me encerré en el cubículo y ahí respiré casi sin lograr hacerlo. No podía ni llorar, no sabía que nombre ponerle a este sentimiento. No me venía otro que no fuera pena, pena por ser tan estúpida, tan fácil, tan ingenua para pensar que yo era especial para él, que le gustaba y después de lo que hicimos...¡ay que rabia! Salí para mirarme en un espejo. Aparentemente yo era la misma Ema, pero sentía mis mejillas calientes y estaban rojas. Mis ojos no reconocían mi mirada, tenía pena, mucha pena de no ser correspondida y tener además que ver que su atención era para otra. Mojé mi rostro y sin secarlo salí del cuarto de baño para ir a la casa. Justo saliendo choqué con él. Literalmente choqué con su cuerpo. –¿Te sentiste mal? –Preguntó mirándome hacia abajo para ver mi cara, serio. –Sí, me voy. –Traté de pasar pero me agarró el brazo. –¿Mal de qué? –De lo que no te interesa, Fernando. Seguí lejos de él, sacudiéndome de su mano, estaba segura de que no me seguía. Claro que esa noche, antes de acostarme busqué su estado, no tenía nada en él, pero el resto de los muchachos sí. A Naomi le dije que los cólicos me obligaron a irme corriendo, a mamá ni le conté que me había venido del cine y, mientras veía los estados de los demás en grupo, a la salida del cine, mis ojos si no pudieron soportar más las lágrimas, porque ella estaba con él y estaba feliz. Distraída con mamá el fin de semana haciendo compras y arreglando la casa, pude sobreponerme a mis sentimientos humillantes. Era inevitable que estas vacaciones marcaran un distanciamiento entre nosotros, entre todos los del grupo. Sabía que ellos, los del grupo de Fernando, siempre se estaban encontrando, el enlace entre los dos grupos era Luis y a veces Lorena, así que me enteraba de algunas cosas. Me preguntaba si él y Vanesa también...lo más seguro que sí. También me preguntaba ¿por qué, si yo ella su amiga, me había provocado de esa manera? Seguramente se me notaba lo atontada que estaba por él, claro, yo no era la única que enviaba señales de admiración cuando él pasaba y él estaba acostumbrado a detectarlas. El domingo, cuando estaba tirada en la cama regodeándome otra vez en lo insignificante que me sentía, mi teléfono recibió un mensaje. –Nos vamos mañana juntas. –Naomi. –¿A dónde? –Mañana comienza la preparación vocacional, son dos semanas de conversaciones con profesionales, talleres y charlas para que no equivoques la profesión. No lo recordaba, debieron decirlo en una de las clases que yo ya no tenía que asistir. –Ah sí ¿a qué hora? –De 9 a 12, son solo los grados que van al último año. –Está bien, nos vamos juntas. Después de todo, las vacaciones todavía no llegaban.
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