Por si no lo han pasado o por si juzgan a alguien que lo haya pasado y ustedes no, estar cerca, ver aparecer o creer que va a parecer el chico que nos gusta, que nos derrite, provoca un estado de ansiedad muy elevado que la mayoría de las mujeres sabemos ocultar con una risita, una charla casual con otras o mordiendo nuestras uñas.
En mi caso, todo esto estaba sucediendo. Me preguntaba si vendría, me preguntaba cuando llegaría y me preguntaba si daría algún indicio de lo que habíamos tenido.
Llegó un poco antes de que nos avisaran para entrar. No estábamos todos pero si había un grupo grande. Traté de seguir riendo y siendo parte de la conversación de las muchachas, pero cuando escuché la patineta en la que llegó y luego lo vi saludando, fue inevitable que volteara a verlo.
Claro, lo vi sin que él se diera cuesta. Pero algo que también es cierto y que cuesta mucho evitar, es querer que la otra persona sepa que lo ves, aunque esa persona tenga una novia y tú no signifiques nada, es una estupides, pero mientras aprendes a valorarte y a saber que eres importante, sucede esto, todo lo contrario a quererte.
Chocó manos, tropezó hombros e intercambio algunos besos en las mejillas de las muchachas y cuando alguien dijo algo muy divertido y reí a carcajadas, él me miró, me miró.
Aún más estúpido que necesitar ser vista por la persona que te gusta, es reconocer que quieres que esa persona te toque, o tan solo te roce.
Fui con los demás al salón que designaron para la primera charla vocacional.
Recordaba que la señora Paula mencionó que Fernando no tenía ninguna carrera clara, que nada lo animaba pero estaba ahí y venía un poco más atrás.
No estábamos cerca, yo quedé en la hilera dos y él en la quinta y traté de no verlo, traté de prestar atención a quien hablaba y lo logré, para nada voltee donde él estaba con su perfil perfecto, vestido con el mismo uniforme que todos pero que en él parecía que llevaba un traje casual listo para una fotografía.
Al termino se hizo el escándalo usual de recoger todo y salir del aula, yo me moví rápido, este tipo de charlas eran una especie de claridad frente a las dudas.
–¿Vas directo a tu casa? –Me sorprendió su voz al lado y me puse nerviosa.
–Sí.
–Te esperamos afuera, Ema. –Casi gritó Naomi saliendo, para ella esto era natural, Fernando casi siempre me preguntaba algo al final de una clase.
–Te acompaño. –Trató de tomar mi bolso pero me adelanté.
–Me voy con Naomi. –Comencé a salir.
–Dile que te vas conmigo. –Me siguió afuera tomando su patineta y montando el bolso en su hombro.
–¿Por qué?
–Ema. –Me jaló por el brazo y me detuve. –Solo dile que te vas conmigo. –Lo miré confundida, claro que quería irme con él.
–Está bien, está bien. –Seguí hasta afuera. Un día como hoy, Vanesa no tenía por qué venir al colegio. Ella estaba ya a graduarse, era un año mayor que nosotros, así que él estaba soltero. –Naomi, nos vemos mañana, me voy con Fernando.
–Está bien. –Para ella fue normal, pero vi como Luis giró la cabeza para vernos irnos.
Del colegio a mi casa era media hora caminando lento. Muchas veces salimos juntos , hoy íbamos solos, el día estaba gris pero estúpidamente para mi estaba perfecto.
Iba a tomar la ruta que siempre llevaba con Naomi y él me tomó por el codo para que escogiéramos una larga calle a menudo solitaria. Hasta ahora no había dicho nada. Yo caminaba junto a él sin hacer contacto visual, cualquier cosa que dijera podía ser el fin de nuestra caminata juntos.
–¿Te sirvió de algo lo que escuchaste hoy? –Dijo caminando lento.
–Supongo que sí, todavía faltan otros días. Ellos irán inclinando a cada uno hacia la profesión que se ajuste a cada uno.
–¿Que se ajuste o que nos guste? –Pasó la mano por su cabello castaño.
–¿Por qué quisiste venir conmigo? –No me aguante más, esta no era una conversación entre dos buenos estudiantes que respetan las opiniones del otro.
–Porque quería hablar contigo. –Control, hacía falta mucho control.
–¿Sobre qué? –Caminábamos al mismo paso por la acera.
–Te sentiste mal el viernes, te fuiste del cine.
–Ah si, ya eso se me pasó.
–Y fue... –Movió la mano pidiendo explicación. – fue...
–Fueron cólicos, cólicos que me obligaron a venir rápido a la casa.
–Ah, cólicos. –Seguimos otro tramo de las calles en silencio, esquivando personas.
–No hace falta que me acompañes hasta la casa, Fernando, ahí cruzo y subo al edificio, si tu sigues por esta calle...
–Yo quería hablarte de lo que pasó entre nosotros. –Tragué grueso, sentí frío en las yemas de los dedos. Siguió caminando mirándome. –¿Sabes?
–Por supuesto que sé, Fernando. El día que te fuiste después de que...
–Quería disculparme por eso, no debí irme, después no ví correcto escribirte para pedirte disculpas, has sido mi amiga durante años y creo que estaba bebido y me pasé contigo.
¿Se pasó conmigo? ¡Se acostó conmigo!
–¿Y que querías decir ahora? –Estábamos frente al edificio donde yo vivía.
–Nada, que pensé que el viernes te sentiste mal porque fui con Vanesa.
–Y te besabas con ella frente a mí.
–Sí, y me besaba con ella en el cine, frente a ti. –Paró de caminar y tiró la patineta en el suelo, yo me detuve frente a él.
–Porque Vanesa es tu novia, y yo...
–Vanesa es mi novia, Ema. Te estoy pidiendo disculpas porque me pasé contigo, pero no puedo hacer nada más.
–Si, entiendo. –Bajé la cabeza apenada.
–Yo después quedé preocupado porque yo, yo...bueno yo...
–Tomé la pastilla del día siguiente. –Le dije cuando no sabía explicarse.
–Ah, que bien, pensaste en...bueno es un alivio saberlo.
–Sí, es un alivio. –Tuve que ser muy fuerte para no llorar como estúpida de la pena. Yo aún lo sentía cerca de mí, veía su cara y recordé como pude tocarlo, y como su boca me besó totalmente entregado. –Si era eso lo que querías decirme, ya lo dijiste.
–Espera. –Me detuvo por el brazo, pero esta vez no lo soltó. Yo sentía tanta pena ahora que miraba mi rostro sin la belleza de su novia o de cualquiera de las que habían sido sus novias. –¿Seguimos amigos?
–S-sí. –Me temblaba la boca y tenía que apretar el labio de abajo para que no temblara.
–Bien. –Sonrió. –Eso me preocupaba. –Lo miré ahí tan cerca, su mano todavía tomaba mi brazo y sus ojos me sonreían como sus labios,-Me voy entonces. –Dijo pero no me soltó. –Adiós. –Vino a despedirse y giré para poner la mejilla pero él besó mi boca. Se alejó sorprendido y me miró, yo quedé con la boca abierta mirando la suya, no podía culpar ahora al licor. Esto era real. Cuando pensé que me soltaría vino de nuevo vacilante, yo no se lo prohibí, lo besé de regreso, y esta vez tomó más mi boca y me atreví a pasar la punta de mi lengua para rozar la suya, lo que lo sorprendió y si accionó sensores en mi cuerpo a él lo hizo soltarme de golpe y alejarse. –Nos estamos viendo, gracias por entender.
Y se fue. Lo que quedé mirado fue su figura moviéndose veloz sobre la patineta.
¿Qué fue eso? ¿Un tipo de despedida amistosa? ¿Y qué entendía yo? ¿Qué él era el novio de Vanesa y cuando quisiera...? No, no, no Ema, tú no eres así.
Cuando entré a la casa, todavía atónita y confundida, escuché ruidos en la cocina.
–¿Mamá? –Solté el bolso en el piso.
–Ah, ya llegaste, ven comamos juntas. –Servía la comida en los platos y había arreglado para comer en la mesita de la cocina. –Fui a comprar algunas cosas y las traje de una vez. –Mordí un pedazo de pollo. –¡Lávate las manos! ¿Cómo te fue? –Fui al fregadero, hubiera querido decirle que no sabía si bien o mal. Que Fernando me besó abajo y que quería volver a besarlo, que me gustaba ahora más que antes, como una obsesión prohibida. –Compré crema para el cuerpo, jabones y las toallas sanitarias, ya debe estar por venirte el periodo, guárdalas.
De repente se me quito el hambre.