–¡Ema, despierta, se te hará tarde! La voz de mamá en la puerta del cuarto, hizo que abriera los ojos. Y si, ya estaba despierta. Me estiré, bostecé y me ubiqué en el momento real. Ema Veliz, 16 años, liceísta, embarazada. Sí, esa era yo. Hubiera querido seguir durmiendo, tenía los ojos pegados y un poco hinchados de llorar, cosa que no le hacía bien a mi condición. Miré el teléfono, no había más mensajes suyos, ni llamadas, no insistió más después que no le respondí. Abrí sus mensajes y me dispuse a comenzar bien mi día, después de todo quedaría para la posteridad en una fotografía. Mamá se estacionó frente a la clínica y me vio tomar mi bolso. –¿No te vas a sentir mal si me voy? –Me preguntó. –Claro que no, mamá. Saliendo iré a tu trabajo. Además la señora Paula ya me escribió qu

