Conocer las causas de lo que le había pasado a Fernando, claro que quería saber. Estando a solas, cuando ya no fingía indiferencia, ni fortaleza, volví a mi estado de incertidumbre y hasta sorpresa. –¿Cómo te fue? –Gritó mamá desde la cocina cuando escuchó que cerré la puerta de a casa. –Bien, mamá. –Grité también, fingiendo un buen estado de ánimo. Entré a la cocina y ella freía pollo, delicioso olor. –¿Y fue el padre de la criatura? –Sí. –¿Solo? –Con todos nosotros. –¿Y? –Se mostraba curiosa, y con razón. Ya yo me había dicho que tenía una novia llamada Vanesa, que apenas si novia la nariz para saludarme, menos ahora que ella iba a la universidad. –Nada, se sintió mal y tuvo que salir del cine. –¿Mal? –Sí mal. Voy al baño y vengo por ese pollo. Sola. Sentada en el retrete, so

