GIA Me acerqué un poco a la enorme vela que para tomar un poco de fuego y encender las más pequeñas en el gran altar de Marte, al mirar a una de las esquinas recordé aquel fogoso beso que había denotado el fuerte deseo que ambos nos teníamos el uno por el otro, sonreí al recordarlo, había sido algo arriesgado, pero sumamente excitante. Después de encenderlo centré mis ojos en la enorme estatua de Marte y comencé mis plegarias en compañía de mi hermana quien comenzó a recitar a mi lado aquello. —O Mars fortis, da ei sapientiam et intelligentiam ut legiones duceret, quae tuo imperio exercitum hostium exterminarent et domum redirent. Reduc eos ad Roma matrem. (Oh poderoso Marte, dale la sabiduría e inteligencia para dirigir las legiones, que bajo tu mando destruyan al ejercito enemigo y ha

