Capítulo 1
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Capítulo 1
Bárbara Blake, tenía 26 años y un hijo que recién acababa de cumplir tres de nombre Ian, era madre soltera y trabajaba como recepcionista en una de las agencias de publicidad más importantes de Florida, se estaba preparando para la cena de fin de año de la agencia, la fiesta más importante del año, donde se reúnen todos los ejecutivos y colaboradores, desde el más alto rango hasta el personal de limpieza, a cenar y a brindar para celebrar un año más en la empresa, antes de salir de vacaciones.
Se compró un vestido rojo para la ocasión era muy corto, apenas unos centímetros debajo de los glúteos y el escote en la espalda terminaba justo donde la espalda dejaba de llamarse así, al frente, por el contrario, el escote era bastante discreto, se miró al espejo y le encantó lo que veía, realmente se veía muy sensual; sus largas y bronceadas piernas reflejaban las dos horas diarias en el gimnasio y su busto era orgullosamente talla B cien por ciento natural y firme, gracias al ejercicio, sus ojos azules contrastaban con su cabello oscuro y sus labios pintados de rojo le daban un toque sensual que gritaba ¡Cómeme!.
Para ser víspera de navidad, el clima era bastante cálido, pasaba de los veinticinco grados, así que el vestido no estaba fuera de lugar. Apenas tenía tiempo de recoger a Ian en la guardería para llevarlo a entregar su carta a Santa Claus en el Tropical Park y después dejarlo en casa de su padre quien prometió llevarlo al desfile navideño y de allí, a la fiesta, estaba decidida a no salir de esa cena sin compañía masculina, todavía era muy joven y hacía ya más de dos años que no salía con nadie, los hombres huían de ella sólo al escuchar que era madre soltera, pero esta vez estaba decidida a tener una aventura, hacía tanto tiempo que no tenía sexo con un hombre, que estaba comenzando a hablarle bonito al vibrador.
Recogió a Ian en la guardería, apenas eran las seis de la tarde así que tenían buen tiempo para ir a ver a Santa, cuando llegaron, el lugar era un caos, la fila para pasar a entregar la carta era interminable, le llamó la atención que sólo había mamás con los niños y ellas aprovechaban también para tomarse fotografías con él, lo que hizo que la fila avanzara mucho más lento, el tiempo pasaba y había oscurecido, Ian estaba impaciente y muy emocionado, por lo que no había manera de convencerlo de no entregar la carta personalmente y esa era su última oportunidad, así que se armó de paciencia, después de todo la fiesta comenzaba hasta las nueve y siempre se prolongaba hasta el amanecer.
Poco a poco la fila fue avanzando, y entre más cerca estaban de Santa, más entendía por qué las mamás estaban tan entusiasmadas, el chico que portaba el traje rojo, era muy joven y a pesar de la peluca y la barba falsa se veía que era muy apuesto.
Ian y ella eran los últimos de la fila, cuando por fin la última familia terminó de tomarse fotos su turno llegó, detrás de la barba blanca una sexy sonrisa y unos expresivos ojos castaños casi hacen que se derrita justo en ese momento, nunca esperó la reacción de Ian al ver a Santa tan de cerca, no quiso sentarse en sus piernas e insistió en que ella, se sentara primero, era tal la insistencia de Ian que papá Noel, con una pícara sonrisa y mirando sus piernas sin disimular, insistió en que se sentara para no decepcionar al niño.
Toda nerviosa por la insinuación se sentó sobre su pierna derecha mientras Ian se recargaba entre sus piernas, comenzó a temblar y a sudar cuando la mano de santa comenzó a acariciar el escote en su espalda, empezando a bajar lentamente por el borde del vestido hasta el nacimiento de sus nalgas, un cosquilleo nervioso comenzó a recorrer su cuerpo, su cabeza le decía que debía corresponderle con una bofetada, pero su sexo comenzó a palpitar y se paralizó. Justamente cuando Ian tomó la carta para dársela a Santa, ésta voló por el aire y el pequeño corrió tras ella, instintivamente se puse de pie para ir a alcanzar la hoja de papel, pero no pudo moverse, mientras el niño corría sin mirar hacia ellos la mano de Santa hurgaba debajo de su vestido.
Rápidamente, se coló por su entrepierna deslizándose por la orilla de sus bragas, hacía tanto tiempo que no sentía el calor de otra piel en su intimidad que su centro comenzó a palpitar y a lubricarse deliciosamente, cerró los ojos un segundo y relamió sus labios con la lengua abandonándose a sentir sus dedos expertos que le recorrían la entrepierna desde el clítoris hasta el culo, haciendo que sus piernas se tensaran, buscando incrementar el placer, no pudo evitar emitir un gemido cuando sus dedos índice y medio entraron intempestivamente en su canal vaginal, entraban y salían con un ritmo perfecto deslizándose fácilmente por la humedad que supuraba de su cuerpo, estaba a punto de correrse cuando Ian, logró alcanzar su carta, rápidamente Santa sacó su mano de debajo de su vestido y se enfocó en atender los deseos del pequeño dejándola tan caliente que estaba a punto del colapso.
Una vez que su hijo concluyó con su lista de deseos y se tomaron algunas fotografías, se acercó a su oído y murmuro.
— De ninguna manera me vas a dejar así de caliente, a mí las duchas de agua fría no me van, dejaré al niño en casa y regresaré, más vale que sigas aquí cuando vuelva.
— Por supuesto preciosa, a mí tampoco me va el agua fría — dijo mostrándole discretamente el bulto bajo el pantalón de terciopelo rojo.
Rápidamente salió de allí y tomó un taxi, Ian estaba tan feliz por haber dejado su carta, pero sobre todo por el deseo que Santa iba a cumplirle a su mamita, en su inocencia el pequeño le pidió a Santa que hiciera feliz a su mami esa noche, ya que él dormiría en casa de su padre y su mami se quedaría sola y triste.
Cuando llegaron a casa de su ex, Ian corrió a sus brazos a contarle su maravillosa experiencia entregando la carta para Santa, se despidió de ella enviándole un beso y entró de la mano de su padre.
El taxi la estaba esperando, así que le pidió que la regresara al sitio dónde la había recogido, tal vez estaba loca, pero era la primera vez que iba a tener sexo con un desconocido y la sensación era demasiado excitante, únicamente de recordar sus manos acariciando sus partes más íntimas, éstas de palpitaban y se mojaban nuevamente.
Bajó del taxi y caminó hacia adentro del parque que ya estaba desierto, llegó a la villa navideña y caminó hacia la parte trasera, “Santa” se había quitado la peluca y las barbas, tampoco llevaba la botarga, tan solo el pantalón de terciopelo rojo sostenido por un par de tirantes que resaltaban su musculoso cuerpo, tosió para que supiera que estaba allí, volteó hacia ella y con una pícara sonrisa la llamó para que se acercara.
— Pensé que ya no vendrías
— Y yo pensé que tal vez ya te habrías ido.
la tomó de la mano y la jaló hacia él, la besó y su lengua casi tocaba su garganta,
— Mmmm, boca profunda — dijo relamiéndose los labios — enséñame que tanto sabes hacer con ella.
Ella supo inmediatamente que era lo que le estaba pidiendo, dejó caer su bolso al suelo y desabrochó los tirantes del enorme pantalón para que cayera y le hiciera compañía, lo arrastró hasta el trono de Santa y lo obligó a sentarse, se arrodilló y tomó su enorme y grueso m*****o entre sus manos jalando suavemente, uso si lengua para lamer su glande en forma circular y pudo sentir su torrente sanguíneo palpitando entre sus manos, endureciendo aún más el delicioso bocado que estaba a punto de llevarse a la boca, comenzó a succionar suavemente y poco a poco incrementando la velocidad, “Santa” gemía de placer aguantándose las ganas de explotar.
— Todavía no preciosa — dijo tomándola por los brazos y poniéndola de pie.
Allí sentado como estaba, su cara quedaba al borde de su pecho, tomó su vestido y lo bajó lentamente, en cuanto sus pechos estuvieron al descubierto, se apoderó de ellos con su boca, turnándose entre uno y otro haciendo círculos alrededor de los pezones con su lengua, mientras sus manos terminaban de deslizar el vestido y las bragas de encaje cayeron al piso dejándola totalmente desnuda, sus enormes y delgadas manos comenzaron a hurgar una en su entrepierna y la otra masajeando sus glúteos, con un movimiento se puso de pie y la sentó colocando sus largas piernas sobre el borde del trono, totalmente abiertas, se puso de rodillas frente a ella y le correspondió de la misma manera que ella había hecho con él, su boca se apoderó de sus labios vaginales y su lengua subía y bajaba rozando suavemente su clítoris haciéndola gemir de placer, ella comenzó a mover las caderas, tratando de que el roce fuera más fuerte, necesitaba sentir la fricción con mayor intensidad.
—Tranquila preciosa, disfrútalo, no te corras tan rápido — murmuró.
Pero ella ya no podía más, ¡Necesitaba terminar ya!, la sensación era tan intensa y maravillosa que necesitaba llegar al clímax o moriría de placer, la llevó hacia el suelo y la recostó en la alfombra de césped sintético, colocando sus piernas sobre sus hombros, ella no pudo evitar un grito de placer al sentir su hombría penetrar hasta el fondo de su ser, con cada embestida sentía que la iba a partir en dos, esa deliciosa sensación de placer y dolor, que quisieras que durara para siempre, agitó sus caderas y gimió cuando el orgasmo tan esperado llegó, al mismo tiempo él se dejó ir sobre su vientre empapándola con su deliciosa y caliente semilla, dejó caer su cuerpo sobre ella provocando una deliciosa combinación de fluidos y sudor, suspiró profundamente, hacía tanto tiempo que no saboreaba ese olor a sexo que lamentó tener que irse para llegar a tiempo a su cena de navidad.
Se levantó y comenzó a recoger su ropa para vestirse, pero él, aprovechando que ella estaba inclinada colocándose las bragas, la tomó por la cadera hundiendo su lengua y recorriendo con ella toda la línea que separaba sus glúteos desde su centro, hasta su coxis, la sensación fue tan intensa que una descarga eléctrica la recorrió desde los pies hasta la cabeza, haciéndola temblar y gemir de placer, colocó sus manos sobre el trono de santa para no caer y abrió las piernas para darle paso y dejarle hacer a su antojo, él continúo con las lamidas unos minutos más y justo cuando estaba a punto de correrse nuevamente, su delicioso m*****o se clavó en sus entrañas haciéndome gritar, estaba segura de que sus gemidos podían escucharse en todo el parque, sus cuerpos se acoplaron en un vaivén perfecto, ante cada embestida yo ella movía las caderas para sentirlo llegar más profundo, mientras él con su mano alcanzaba el botón de carne y lo presionaba deliciosamente, sus gemidos se ahogaron juntos, cuando los dos alcanzaron nuevamente el delicioso orgasmo.
Bárbara se vistió rápidamente y depositó un beso en sus labios que sabían a ella, la combinación de su sabor con el de los labios masculinos era delicioso, definitivamente Santa había cumplido la promesa que le había hecho a al pequeño.
Ella se fue sin mirar atrás no pidió su nombre ni su número, tal vez nunca volverían a verse o tal vez si, era navidad y a veces los deseos se volvían realidad […]
Bárbara llegó a la agencia y corrió al baño a retocarse el maquillaje y el peinado, mojó un pañuelo desechable y se limpió el sudor y la entrepierna, sonrió al verse en el espejo, estaba totalmente satisfecha y se veía radiante “la revolcada con Santa” había estado deliciosa y ella estaba decidida a seguir disfrutando de la noche; había comenzado con el pie derecho, así que tal vez lo mejor estaba por venir.
Al entrar en el salón, una edecán la recibió dándole un gorro de terciopelo rojo, todos los invitados lo portaban, así que se lo puso y se veía todavía más sexy ya que hacía juego con su hermoso vestido rojo.
En una mesa cerca de la pista ya la esperaba su compañera y amiga Samantha junto con la asistente de recursos humanos Rosalie, las dos chicas se sorprendieron y la felicitaron por lo bien que se veía.
— Vas a romper corazones esta noche amiga — dijo Samantha
— Tal vez no rompa corazones, pero esta noche al menos he conseguido una buena revolcada.
— ¡Queee! Cuenta, ¡Tienes que contarnos los detalles! — dijo Rosalie curiosa y entusiasmada por saber los detalles.
— Les contaré todo, pero no hoy, lo único que les puedo decir por ahora es que literalmente me he cogido a Santa.
— ¡Entonces ha sido una Santa revolcada! — Exclamó Samantha y todas comenzaron a reír divertidas por el comentario.
Comenzaron a bailar y Bárbara se convirtió en el centro de atención de la fiesta, con su diminuto vestido rojo y el gorro sobre su cabeza se veía espectacular moviendo sus caderas al ritmo de la música.
De pronto la música se detuvo, ella quedó parada en el centro de la pista, el Sr. Grand, presidente de la empresa iba a dar un anuncio.
— Estimados colaboradores y amigos, como todos saben pronto me llegará el día de jubilarme, y cederé el mando de la empresa a mi único heredero, así que él comenzará a trabajar con nosotros a partir del año que está por iniciar, les pido a todos que lo reciban como parte de esta familia que hemos formado desde hace ya tantos años. Señoras y señores, les presento al nuevo vicepresidente de la agencia, Michael Grand.
¡A Bárbara se le cayeron las bragas al suelo al ver de quien se trataba! Quería que la tierra se la tragara en ese momento, ¡Era Santa! El mismo Santa con el que se había revolcado en el parque y … ¡Ahora era su jefe!
Michael dirigió un breve discurso hacia los colaboradores sin dejar de mirar a la sexy chica en el centro de la pista, había reconocido esas piernas y ese vestido en cualquier lugar, en cuanto terminó su discurso y la música comenzó a tocar nuevamente ella comenzó a bailar.
Se disculpó con sus amigas y se dirigió hacia el tocador, pero había fila para entrar así que decidió subir al baño de las oficinas, se lavó la cara para limpiarse el sudor y se volvió a maquillar le encantaba ver sus labios pintados de rojo, al abrir la puerta del baño, Michael la empujó nuevamente hacia adentro.
— Que pequeño es el mundo ¿Verdad? — dijo él
— Demasiado — dijo ella—
— Todavía tengo el sabor de tu culo en mi boca, ¿Quieres probar?
No esperó ninguna respuesta, la comenzó a besar al tiempo que sus manos expertas la despojaban del vestido, la miró y se relamió los labios de deseo, se veía demasiado sexy totalmente desnuda únicamente con tacones y gorro de santa en la cabeza, con un movimiento la cargó y la sentó sobre la barra del tocador, y hundió su boca en el monte de venus depilado a la brasileña, los labios vaginales comenzaron a hincharse ante la succión y las placenteras lamidas de la boca de aquél hombre que sin duda sabía muy bien cómo usarla para provocar el mayor placer posible, ella ya no podía aguantar más y comenzó a mover las caderas y a contraer lo músculos buscando incrementar la sensación, los gemidos eran imposibles de evitar, se mordía los labios tratando de mitigar el sonido, pero no funcionaba mucho, el grito resonó entre las paredes del baño cuando alcanzó el deliciosos orgasmo mientras masajeaba sus duros pezones.
— Me encanta el sabor de tu concha nena, ¡Me vuelve loco!
— Cómetela toda papacito ¡Ah me encanta!
Michael se deshizo de sus pantalones y se sentó sobre el inodoro, haciendo que ella se arrodillara para devolverle el favor, Bárbara relamió sus labios saboreando de antemano el enorme m*****o masculino, que ya había probado antes, después de unas lamidas, lo introdujo dentro de su boca hasta lo más profundo jugueteando con su lengua, saboreándolo cual delicioso caramelo mientras él miraba lascivamente como los labios rojos se deslizaban a lo largo de su m*****o una y otra vez. La tomó de los brazos para que se montara sobre sus piernas a horcajadas, clavando el duro m*****o en el centro del cuerpo femenino que comenzó a cabalgar moviendo las caderas una y otra vez, cada vez más fuerte, mientras sus lenguas entablaban una lucha de poder, las hábiles manos de él la sostenían, una de las nalgas y la otra hacía círculos con el pulgar alrededor del clítoris, ambos estallaron en un grito de placer al mismo tiempo.
Se quedaron en esa posición por un buen rato, estaban exhaustos, pero debían volver a la fiesta, el Sr. Grand quería presentar a Michael con todos los ejecutivos de la agencia y debía estar buscándolo.
Se vistieron y acomodaron su ropa para evitar suspicacias, pero Bárbara no encontraba sus bragas por ningún lado.
— ¿Buscas esto? — Preguntó el sacando la bola de encaje de la bolsa de sus pantalones y llevándola hasta su rostro para aspirar el perfume natural de la chica — Si no te importa, voy a quedármela, tal vez, y sólo tal vez te la devuelva antes de finalizar la fiesta.
La chica sonrió sabiendo que esa era una promesa, la noche aún era larga y la fiesta apenas comenzaba, era demasiado excitante saber que esto se iba a repetir, al menos una vez más.
Los dos volvieron a la fiesta por separado, Michael recorrió todo el salón en compañía de su padre conociendo a todo el personal que tendría a su cargo y de cuando en cuando buscaba a Bárbara con la mirada, que bailaba en el centro de la pista junto a sus amigas, tenía que controlar su m*****o que amenazaba con saltar del pantalón al saber que la chica del diminuto vestido rojo no traía bragas bajo el vestido.
La fiesta continuó y poco a poco los invitados se fueron marchando, Bárbara buscaba a Michael con la mirada, pero no lo vio más, seguramente se había ido llevándose sus bragas así que se despidió de sus amigas y salió del salón.
Hacía un poco de fresco afuera, estaba esperando un taxi cuando una mano la sorprendió debajo del vestido acariciándole su culo, no volteó, sabía de quien se trataba y se abandonó al placer que le brindaban las caricias.
— Tengo una promesa que cumplir — dijo Michael en su oído.
— ¿Una promesa? No te entiendo.
— Esta noche un pequeño le pidió a Santa que hiciera feliz a su mami, y creo que la noche aun no acaba, faltan unas horas para el amanecer y Santa siempre cumple sus promesas, ¿Tu departamento? O…el mío — dijo sin sacar la mano de debajo del vestido, le encantaba sentir como era capaz de provocar que la chica se mojara y que el pequeño clítoris se pusiera rígido al contacto con sus dedos y lo caliente que estaba por dentro.
Bárbara se comenzó a retorcer ante el inminente orgasmo que estaba por llegar, la mano de Michael sabía perfectamente cómo hacerla estallar de placer, se colgó de su cuello para no caer al suelo cuando empezó a convulsionar, cerró los ojos y al abrirlos las luces navideñas que adornaban el lugar comenzaron a apagarse.
— En el tuyo — contestó con una sonrisa relamiéndose los labios, sabía que le esperaban horas de inmenso placer […]