Bárbara entró en el edificio y atravesó la recepción, un guardia de vigilancia la recibió con los buenos días. — ¡Buen día! Señorita Bárbara, ¡Feliz año nuevo! ¡Bienvenida! — Gracias señor Díaz, igualmente para usted — contestó ella — ¿Ha llegado alguien más? — preguntó. — ¡Oh, no nadie! Como siempre es usted la primera en llegar. Miró a su alrededor, parecía que no había estado allí en mucho tiempo, la elegante sala de espera relucía de limpia, el piso blanco y recién pulido brillaba como un espejo y al fondo, la barra de atención al cliente dónde ella y Samantha atendían el conmutador y le daban la bienvenida a los visitantes, con un enorme logotipo en aluminio plateado con la marca de la agencia “Maker- Grand”; al lado derecho de la sala, el elevador que lleva hacia las ofi

