Capítulo 4

1874 Palabras
El mayor de los jóvenes extranjeros, se acercó a Bárbara, hablando inglés con un acento tan peculiar, que apenas podía darse a entender, la gente en el lugar ya disfrutaba la fiesta, las parejas comenzaron a bailar a ritmo de Galy Galiano Las tres chicas se pusieron de pie, amaban bailar salsa, caminaron hacia la pista, pero ninguno de los chicos, sabía cómo seguir el ritmo. Bárbara, tomó las manos de su pareja, un joven alto, al menos un metro noventa, tan rubio, que sus cejas y pestañas se perdían entre su blanca piel, sus ojos pequeños y azules les daban un toque infantil a sus finas facciones, sus labios rosados dejaban ver su dentadura perfecta; ella estuvo intentando que el chico lograra seguir el ritmo de la música, mientras ella parecía bailarina profesional, sus piernas se movían al ritmo y sus caderas y hombros entablan un vaivén sensualmente perfecto. Las personas que bailaban a su alrededor, se abrieron a hacia los lados rodeándolos y aplaudiendo, simplemente ver bailar a la hermosa chica de la larga cabellera negra, labios rojos y piernas perfectas, era un placer para los hombres y una inspiración para las mujeres. La música terminó y el joven rubio no logró seguir el paso, pero valientemente se quedó parado en la pista tomando las manos de Bárbara, no pensaba soltarla ahora que había conseguido su atención. La orquesta comenzó a tocar nuevamente, esta vez la melodía era “YO NO SÉ MAÑANA – DE LUIS ENRIQUE” el chico rubio la tomó por la cintura, pero, se sorprendió cuando sintió la fuerte mano de un hombre casi tan alto como él, pero de complexión más fuerte, que lo tomó por el brazo, separándolo de su pareja de baile. Bárbara se quedó boquiabierta y paralizada ¡Era Michael Grand! —    Mira brother — dijo Michael, dirigiéndose hacia el extranjero— dicen que, si no eres bueno para bailar, no eres bueno en la cama, no la hagas perder el tiempo. Haciendo a un lado al turista, que se quedó atónito porque no entendía lo que pasaba, en una forma arrogante y despectiva, tomó a Bárbara de la cintura y comenzó a bailar, guiándola perfectamente en cada paso de baile, se acoplaron divinamente, tal parecía que fueran una pareja y que habían bailado juntos toda la vida, todos los presentes comenzaron a aplaudir y la letra de la canción parecía estar hecha especialmente para ellos. Bárbara estaba sorprendida, no esperaba verlo antes de regresar a la oficina, y mucho menos que un junior como él, disfrutara ese tipo de música, pero difícilmente ella encontraba una pareja de baile que supiera guiarla de esa manera tan exquisita y sí, ella siempre había pensado que un hombre que sabía mover el cuerpo bailando, debía moverse maravillosamente en la cama y definitivamente Michael Grand, se lo acababa de comprobar. Samantha y Rosalie, dejaron a sus parejas para ver a su amiga bailar con su futuro jefe, parecían bailarines de concurso, las dos chicas estaban muy emocionadas, ellos hacían una pareja perfecta, parecían hechos el uno para el otro y la tensión s****l entre ellos se podía palpar en el aire. Bárbara y Michael sentían vibrar su cuerpo al ritmo de la música, cuando sus miradas se cruzaban no podían evitar recordar la noche anterior, los labios entreabiertos de ella le hacían recordar a él, lo delicioso que jugueteó su lengua con su m*****o, tanto, que sus ganas bajo el pantalón eran una roca y ella temblaba al recordar sus grandes manos recorrer su cuerpo deteniéndose en sus zonas más sensibles, que palpitaban y comenzaban a sudar. Danielle salió del tocador buscando a Michael y a sus amigos, no tardó en ver a Bobby y a Xavier mirando atentos hacia la pista de baile, se fue acercando poco a poco, frunció el ceño al ver lo que todo el mundo estaba aplaudiendo y disfrutando, caminó hacia allí con curiosidad, cuando al fin tuvo a la vista a la pareja que causaba sensación en el centro de la pista se le retorció el estómago de coraje, ver a Michael bailar perfectamente acoplado con una hermosa mujer de cabellera larga y oscura; odiaba no ser ella el centro de atención junto a Michael, tanto que le causaba dolor de estómago. La música terminó y Michael tomó a Bárbara por la cintura ciñéndola junto a su cuerpo, sus sexos reaccionaron al instante, si hubieran estado a solas en ese momento sus ropas ya estarían en el suelo. —    ¡Michael querido, me siento un poco mal! ¿Me llevas a casa? — dijo una hermosa rubia tomando a Michael de la mano y arrastrándolo hacia la puerta. —    ¡Espera Danielle! — dijo Michael un tanto irritado — ¡Tú fuiste la que quiso venir hasta aquí! ¿Y ahora te quieres ir? —    ¡Oh lo siento, Michael! Pero en verdad me duele mucho el estómago, necesito volver a casa. Michael, levantó el brazo y jaló sus propios cabellos como signo de malestar y desesperación, le hubiera gustado seguir bailando con Bárbara y quizás habrían terminado nuevamente en su departamento, pero lamentablemente tenía que hacerla de niñera y encima iba a tener que soportar las burlas de Xavier y de Bobby por dejarse manipular por la rubia. Bárbara se dio la vuelta y volvió a su mesa sin mirar atrás, no quería involucrarse en un pleito de pareja, se sintió avergonzada de que todos la miraran, fue bastante incómodo qué al terminar el baile, apareciera la pareja de Michael para montarle una escena, sus amigas corrieron tras ella, en cuanto llegó a la mesa tomó el mojito y se lo bebió de prisa, tenía la boca seca, por la impresión, por la vergüenza y definitivamente debía reconocer que tener a Michael tan cerca, le había dado calor, era increíble lo que ese hombre podía despertar en ella con sólo tocarla, sus piernas le temblaban y su entrepierna palpitaba como loca. —    ¡Barbie, no lo puedo creer, Michael y tu bailando, fue más que genial! — gritó Samantha tan emocionada que sus piernas no dejaban de dar pequeños saltitos y se mordía las uñas por los nervios. —    ¡No fue genial Sam! Debí haberlo rechazado en lugar de ponerme a bailar con él como una tonta, el muy imbécil venía acompañado y no le importó coquetear conmigo delante de su pareja, si es capaz de eso, es capaz de cualquier cosa, ¡Uf! Me sentí tan humillada cuando la rubia fue hasta el centro de la pista para llevárselo, ¡Qué vergüenza! La gente debe pensar que soy una roba novios. —    ¡Barbie, cálmate! La gente ni siquiera se dio cuenta y además no les importa, y esa rubia insípida no te llega ni a los talones — dijo Rosalie tratando de tranquilizar a su amiga que estaba molesta y lo que le sigue. —    Ross, esa rubia no tenía nada de insípida, ¿La viste bien? Parece modelo, no me siento bien chicas, será mejor que volvamos a casa, tengo náuseas y estoy a punto de vomitar. Las chicas salieron del lugar y caminaron durante un rato, para que Barbie se sitiera mejor, los mojitos se le habían subido a la cabeza, y lo que había pasado con Michael Grand, la había dejado pensando que definitivamente trabajar juntos, en la agencia, no iba a ser tan fácil, de hecho, iba a ser demasiado complicado mantenerse lejos de él, cuando con tan sólo un roce, era capaz de ponerla tan caliente. ¿Qué era lo que le estaba pasando? ¿A caso tener sexo con él se le había convertido en una obsesión? O … una necesidad. Llegaron a Boca Ratón, compraron una botella de tequila y unas botanas para continuar con la fiesta en el departamento de Bárbara, pusieron una película y no volvieron a hablar de Michael Grand, era lo mejor. ──────•❥❥❥•────── Michael y Danielle llegaron a Coral Gables, la rubia se había sentido bien por arte de magia y Michael se dio cuenta de que todo había sido fingido, lo que Danielle quería, igual que cuando eran niños era llamar su atención, por lo visto seguía siendo la niña mimada y no había madurado ni un poquito. Ella se sentó en el asiento muy cerca de él, de tal manera que cada vez que tocaba la palanca de velocidades del auto, ella movía su pierna para rozar su mano, estaba oscureciendo cuando llegaron al fraccionamiento y estaban frente a la casa de los Renué, en cuanto Michael apagó el auto, Danielle en un movimiento se sentó a horcajadas sobre sus piernas enrollando su falda hasta la cintura y comenzó a besarlo apasionadamente y a tallar su sexo contra el de él. —    Danielle, no podemos hacer esto aquí, pueden salir tus padres en cualquier momento — dijo Michael tomándola por los brazos para separarla un poco de él. —    Vamos Michael, no me digas que no se te antoja hacerlo conmigo — —    Por supuesto que se me antoja, eres una mujer hermosa, pero …— —    No hay, pero, Michael, entonces vayamos a tu departamento, anda, todavía es temprano y me muero de ganas por estar contigo — dijo mientras masajeaba el m*****o masculino sobre el pantalón. Michael respiró profundamente, la tomó por la cintura y la sentó en el asiento del copiloto, arrancó el auto y se fueron hacia su departamento. En unos minutos estaban allí, en cuanto cruzaron la puerta, Danielle, comenzó a desvestirlo, le sacó la playera y lo sentó sobre la cama, y deshaciéndose de su falda, se sentó a horcajadas sobre él, Michael la despojó de su top rojo, dejando sus pechos claramente operados al descubierto, se metió uno de ellos a la boca, mientras estrujaba el otro con la mano, pero ella le retiró la mano, para evitar dañar sus implantes, ella comenzó a tallar su monte venus apenas cubierto por el finísimo encaje de una tanga diminuta, hasta lograr que el m*****o masculino respondiera, una vez que estuvo listo, él abrió el cajón de la mesita de noche junto a su cama, sacó un paquete de condones nuevo sin abrir, en cuanto lo tuvo en sus manos, agarró a Danielle de la cintura y cargándola con un brusco movimiento la sentó sobre la cama alejándola de él. —    ¡Soy un imbécil! — exclamó ante la mirada atónita de Danielle, que no sabía lo que estaba pasando y porqué había reaccionado de esa manera. Poniéndose de pie para buscar otra vez en el cajón, otro paquete de condones sin abrir le confirmó su error garrafal, estaba tan estúpidamente caliente en su encuentro con Bárbara, que nunca se acordó del maldito preservativo, se sintió como imbécil adolescente primerizo e inexperto; él que era extremadamente cuidadoso con ese tema y nunca se olvidaba de algo tan importante, los compraba por cajas, y los portaba en el auto, y en la cartera, se conocía y siempre estaba preparado para la acción y ahora no sólo se había expuesto a una enfermedad, también a un posible embarazo. —    ¡Ahora sí que la jodiste Michael Grand! — dijo jalando su cabello y lanzando maldiciones.
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