Griffin se remolinó poderosamente incómodo, llevaba semanas rehuyéndole a Joanna, no porque no quisiera volver a tenerla de nuevo en su poder, sino porque ella ahora le representaba una amenaza, todo había comenzado desde que ella se le había echado encima aquella noche en medio de la batalla, en verdad por primera vez lo había aterrado, no solo porque le había encajado el diente en el cuello, sino porque ella le había susurrado en el oído aquellas palabras que le helaban el cuerpo, “sé cómo matarte”, me había susurrado en voz viscosa, Griffin hasta ese punto después de milenios ganándole a la muerte, entendía que existía quien pudiera ponerle fin a su inagotable inmortalidad, ahora, mientras pegaba la espalda en la pared helada de un edificio en mitad de la noche solitaria, sintió un escalofrió mientras esperaba que sus aliados llegaran con noticias sobre el paradero de su compañera.
El guapo Gul se pasó la lengua por los labios resecos, entornando los ojos de colores a la luz de la luna, jamás creyó que la chica que lo tenía más que obsesionado pudiera atreverse a terminar con su vida, ahora, tenía más que claro que ella podía matarlo si quisiera, Griffin apretó los labios, debía moverse con esa guerra sino todo lo que llevaba avanzado se desplomaría a sus pies.
Vio por el rabillo del ojo un movimiento sobre el techo del edificio donde estaba, y no tardó en percatarse que se trataban de sus iguales, los que por él, estaban en búsqueda de Joanna y, además, peleando “su guerra”, soltó un largo suspiro agotado, realmente ella lo estaba acabando, uno de sus aliados se desvió de su camino para caer con dos pies de gimnasta frente a él, Griffin apretó los labios contrariado con sus sentimientos respecto a Joanna, pero poniéndose su ya conocida máscara de villano, espero a que su subordinado hablara.
-No fue difícil encontrarla-, le dijo el joven Gul de abundante pelo oscuro y brillantes ojos verdes -Joanna esta junto al puente cerca del centro, junto al canal, parece que ha hecho un campamento-. Dijo y Griffin asintió.
- ¿Qué ha estado haciendo? -Le preguntó paranoico de que estuviera ideando planes para matarlo.
El Gul negó con la cabeza en respuesta.
-En realidad, nada-, descubrió haciendo que los pensamientos intrusivos de Griffin se apaciguaran – se limita a estar en su zona, casi no sale de debajo del puente, no se alimenta y solo se mira de ves en cuando por el reflejo del agua del canal-.
-Bien-.
Griffin se mordió la cara interna de las mejillas, pero, algo en él no lo hizo estar tranquilo, un poderoso sentimiento lo remolinaba en su sitio, tenía un mal presentimiento y no podía detener sus emociones.
- ¿Tienes una instrucción más? – El Gul levantó una oscura ceja poblada, Griffin hizo una mueca de desagrado soltando un suspiro, sabía que sus aliados estaban listos para recibir la orden de capturarla, él sabía que debía hacerlo, pero aquella extraña opresión en la boca del estómago lo hicieron dudar.
Finalmente relajó los hombros recargando la cabeza en la pared donde estaba apoyado, el Gul frente a él frunció el entrecejo al verlo lucir agotado.
-No-. Soltó en medio de un largo suspiro, luego volvió a mirar a su compañero -Pero, ve y tráeme a Gal-, el Gul asintió con la cabeza -esta noche lo necesito en el frente-, entornó los ojos -debemos seguir doblegando a Chariose-.
- ¿Entonces seguimos avanzando hacia el Este? -.
Griffin se pasó la lengua por los labios.
- El plan es el mismo, vayan, quiero que aniquilen el campamento de la frontera Este, como se acordó-.
El Gul estiró sus labios en una fina sonrisa de satisfacción.
- ¿Está ves nos dejarás comer? –
Griffin no pudo evitar mirarlo con una llama en los ojos.
-Está ves no nos iremos hasta comérnoslos a todos-. Respondió con un toque de animó en la voz.
…
Su mente no dejaba de pasearse entre sus recuerdos y la realidad, mientras flotaba sobre el canal de agua limpia frente a su campamento improvisado, no pudo evitar dejarse llevar por el flojo del agua, Joanna solo manoteaba de ves en cuando para no irse lejos, cerrando los ojos lucho por enfocar su mente olvidadiza, intentaba concentrarse en recordar pasajes de su vida que ahora se le estaban escapando, se llevó las manos mojadas al rostro, era frustrante, su mente se disolvía, sabía se estaba transformando, la perdida de memoria era uno de los síntomas principales, soltó un suspiro consciente que el pedazo de carne de Griffin no era suficiente para alentar el proceso, sabía además que, aunque mucho se alimentara no podría bastar con comerse a media ciudad para solucionarlo, estaba condenada desde hacia mucho tiempo y no había nada que pudiera hacer para evitarlo.
Se transformaría en una necrófaga, en una criatura monstruosa y primigenia que no podría reconocer nada más que su inagotable hambre.
Sorpresivamente, encontró en su mente, la mirada serena de Chariose, abrió los ojos al poderlo recordar sin problemas, los pedazos de su corazón se sacudieron dentro de su pecho, haciéndola titubear en el agua, jadeó hundiendo su cuerpo al agua para así, poder regresar a la orilla nadando.
Se abrazó a si misma cuando salió a duras penas del agua fría, tirándose a la grava de debajo del puente sin apartarse los ojos inquisidores de Chariose de ella, tuvo ganas de llorar, pero, por más que se esforzó a que alguna lágrima saliera de sus ojos hundidos, no salió más que las gotas heladas que empapaban su rostro verdoso, tembló apretando la grava con sus manos, haciéndolas una bola en sus palmas.
-Chariose-. Dijo su nombre después de mucho tiempo, allí en la soledad de la noche, con solo en murmullo del agua calmando su corazón acelerado, se recostó sobre las piedritas que le calaban donde posaban, para abrazar el recuerdo de él desnudo junto a ella, pudo materializar frente a sus ojos, la apariencia de un hombre dormido, su cuerpo apacible y cálido, sus pálidas pestañas largas que temblaban ligeramente en sus ojos cerrados, recordó sin problema el sonido de su respiración y el olor dulzón que desprendía su cuerpo, se mordió los labios teniendo sobre su palma como se sintió el tacto de su piel lechosa, lo suave y tibio que era, una necesidad de anhelo invadió todo el cuerpo mojado de Joanna, lo extrañaba, lo amaba, lo adoraba…
¿Pero? ¿Dónde estaba ese hombre ahora?, se preguntó, teniendo un recuerdo extra que se sobrepuso del que ya tenía, en él, recordó la expresión desolada de Chariose, el como la miró cuando se volvieron a ver en aquella pelea tan inesperada, en como su corazón se sacudió dolorosamente al ver la mirada consternada y agotada de su rey, del contorno oscuro bajo sus ojos y de su piel enfermiza, un recuerdo inimaginable del hombre que había dormido con ella, ya muchos meses atrás.
No parecía aquel joven muchacho que había rosado su cuerpo cálido con sus labios rosados, el que le había pasado las manos con amor, quien había devorado sus labios con ojos cerrados y con deseo apasionante… un estremecimiento la sacó de las imágenes crueles de su cerebro, de ese rey no quedaba nada más que un hombre hambriento de venganza, de odio y resentimiento.
Sin embargo, a pesar de que Chariose era uno de sus verdugos más crueles, no podía dejar de desearlo, de añorarlo, de sentir que la rodeaba con sus brazos para consolarla, sentía que estaba muriéndose de no tener sus labios sobre los de ella…
-Chariose…- Susurraba su nombre en voz baja y temblorosa -Chariose, ven…- decía temblando completa de costado sobre la grava que se le clavaba en las costillas -Chario…-
De pronto una movilización de hombre sobre el puente la interrumpieron, aterrada miró sobre su cabeza en silencio, inmóvil en su lugar para evitar ser descubierta, mientras podía escuchar el ruido de camiones y botas que gritaban ordenes, frunció el entrecejo atenta, a pesar de que no quería ser descubierta, si ansiaba descubrir que era lo que estaba pasando, por lo que agudizo su oído, confirmando que los soldados estaban yendo hacia una posible nueva batalla, Joanna sintió como su cuerpo desfallecía, ¿Cuándo terminarían de pelear?, tragó saliva con dificultad al momento en que los miles de soldados marchaban en disciplinada guía rumbo al Este, la pelirroja se puso de pie en silencio, Chariose estaría allí en la pelea, lo sabía, ella estaba consciente que el rey no desaprovecharía una oportunidad para poder matar a Griffin, los camiones hicieron temblar la roca sobre ella, Joanna apretó los puños de sus manos pensando en que era lo que debería hacer, ir era una idea tonta, se suponía que se había apartado de la pelea, sin embargo, no podía dejar que Chariose peleara contra Griffin, se terminarían destruyendo mutuamente, Joanna no podía permitir que Chariose muriera, no podía ver un mundo sin él, soltó el aire contenido en sus pulmones mientras levantaba su cabeza hacía el Este, al menos si se acercaba lo suficiente podría saber que era lo que estaba pasando, apretó los dientes, era una idea estúpida, no podía arriesgarse, mucho menos ahora que su voluntad estaba siendo consumida de a poco por la bestia que empujaba su mente a lo primitivo, pero… Chariose…
- ¡A la mierda! -Masculló lista para ir, pero, fue detenida por una sombra conocida que la hizo maldecir a viva voz, Ginebra emergió de la penumbra bajo el puente con la sonrisa más sínica que le supo.
-Eres muy dada a correr hasta los problemas compañera-. Afirmó Ginebra con las manos a las caderas.
-No es tu problema-.
Ginebra se encogió de hombros.
-Lo es, cuando Griffin se involucra-, su rostro se contrajo en una mueca de odio -y tú, hiciste que ese monstruo se involucrara, es tu culpa-. Le escupió con sorna.
- Él te pidió que no interviniera, ¿verdad? -Joanna preparó su cuerpo para lo que sabía pasaría.
Ginebra se estremeció animosa.
-Solo no quiere que le estorbes-.
-Deja que me vaya, no quiero pelear contigo-. La pelirroja sonó más preocupada que irritada, pero la guapa morena solo sonrió.
-Pues yo si-. Dijo y tomando desprevenida a Joanna, la atacó.