Chariose no había esperado para accionar, apenas y sus espías le avisaron sobre un posible ataque en la frontera Este, cuando movilizó a sus hombres para ganarle terreno a Griffin, estaba consciente que en cualquier momento su mayor enemigo volvería a intentar someterlo, solo que Chariose estaba preparado, se había avivado sobre las intenciones atroces en la frontera, ataque que a juzgar por las movidas de Griffin, este último atacaría cualquiera de las entradas a Radu, por lo que había mandado reforzarlas con los soldados que su flamante prometida le había proporcionado, de este modo Griffin ya no lo tomaría por sorpresa, por lo que ahora, mientras una nueva batalla estaba pronta a realizarse, alistó a sus generales, quienes ya sabía los deberes que el rey les había encomendado, se suponía, luego de planificar y reunirse con jefes y comandantes, que debían encerrar aun más al enemigo, empujándolos a aglomerarse, de ese modo ya no podrían huir tan fácil como lo habían estado haciendo en las últimas peleas, la idea del rey y de los comandantes era retenerlos el mayor pronto pasible para aniquilarlos a todos juntos, así que, con el plan ya en marcha, Chariose daba los últimos retoques a su uniforme, pronto, se les uniría a sus hombres para expulsar al mal de sus tierras, Zigor aguardaba paciente mientras terminaban de acoplarle al hombro del rey, una hombrera de metal ya abollada por las guerras, Chariose miró su reflejó bien pulido en el acero, el hombre tras el reflejo le regreso el rostro, el joven rey apretó los labios al visualizarse con la imagen viviente de su padre, se daba cuenta que poco a poco se volvía como él, frio y desinteresado, un revoltijo lo hizo apartar la mirada.
Chariose, enfocó su atención en los pocos generales que quedaban a su alrededor, los cuales estaban hablando entre ellos, yendo de aquí para allá, pendientes de los intercomunicadores y las imágenes de la batalla que recién había comenzado en el Este; en aquellos pocos minutos, parecía que los soldados ya dispuestos se las estaban apañando bien, tal y como Chariose esperaba, y quien contendrían al enemigo el tiempo suficiente para la llegada de los refuerzos, y del rey mismo, quien sentía el picor de la violencia quemándole las venas del cuerpo.
-Déjenme unos minutos-. Ordenó Chariose a sus hombres y personal de servicio, quienes en reverencias se marcharon sin decir nada, solo Zigor fue quien se acercó a su rey con cautela.
- Mi señor, ¿Desea que envié a mis hombres al campo de batalla? -Le preguntó este, pero Chariose negó con la cabeza evitando mirarse por los reflejos de los espejos y de su hombrera.
-No por ahora-, le dijo reajustando su casaca negra y sujetando más fuerte las correas de la hombrera - ¿Y la princesa Nélida? –
-El general Cornelius me informó que la princesa está por llegar a la frontera, y que ella lo esperará cerca-. Finalizó, Chariose se pasó la lengua por los labios.
-Alcánzala-. Le ordenó, y Zigor respingo.
-Alteza…-
-No tardaré, antes tengo algo que hacer-. Chariose miró a su general, quien trago el nudo que se le formó en la garganta.
-Si así lo ordena-. La voz del general denotó preocupación, que supo disimular al hacerle una reverencia a su rey, él, conocía perfectamente que era lo que Chariose haría antes.
-Ahora-, lo fulminó con la mirada -déjame solo-.
El general de las fuerzas especiales, no tuvo más remedio que marcharse, sabía que no había poder humano que hiciera que Chariose cambiara de parecer, por lo que se limitó a cerrar la puerta a sus espaldas sin mencionar absolutamente nada.
Chariose de inmediato apartó el sentimiento de ansiedad de su cuerpo, mandándolo lejos, caminó en silencio por su habitación vacía hasta el enorme y amplio balcón, donde pudo contemplar la frontera a lo lejos, desde allí incluso pudo distinguir las cortinas de humo espeso y n***o que anunciaban la pelea, soltó un suspiro metiendo las manos al bolsillo de su pantalón azabache, el frio vidrio del cilindro le cosquillo las yemas de los dedos provocándole que aquella sensación le subiera por el brazo derecho, y sin dejar de mirar el punto en el Este, sacó la ampolleta para contemplarla por unos segundos, si quería poder expulsar a Griffin de sus tierras, debía tomar cualquier medida, y, gracias a la sangre de su amada, le daría la oportunidad de poder librar a su gente del mal.
Sin ponerse a pensarlo, Chariose se arremango la tela de su brazo derecho, lo suficiente para dejar libre la piel de su antebrazo, localizó una vena lo suficientemente gruesa para el procedimiento y destapando la aguja con los dientes apoyó el pico sobre la piel inmaculada, miró furtivamente el liquido oscuro como la brea contonearse por ultima vez dentro del vidrio, y sin quitar los ojos de la jeringa, descargó el contenido completo en su torrente sanguíneo.
El dolor fue instantáneo, lo hizo tener un calambre poderoso que le abrió la mano tirando y quebrando el cristal de la jeringa, Chariose sintió como si el fuego quemara el largo de sus venas, incinerando todo a su paso, y no hacía más que ponerse peor conforme aquel veneno subía por su brazo para expandiese por todo su cuerpo, el rey mitigo un alarido de dolor, pero si lo hizo doblarse por la mitad, paralizado por el dolor que no tardo en envenenarlo completo, su vista se nubló al caer de rodillas, su corazón se sacudió en su interior tan poderoso que casi se le sale del pecho que subía y bajaba acelerado y jadeante, su mente trabajo al cien por ciento de su capacidad, jamás había experimentado tortura como esa, tembló intentando alcanzar la barandilla de su balcón, pero estaba tan sobrepasado que muy a duras penas logró tocar la piedra fría del muro bajo de su barandilla.
Chariose visualizó la mirada hermosa de Joanna, sentía que moría, que su cuerpo sucumbía al veneno y que todo estaba terminando ¿Esto fue lo que sentiste al estar muriendo? ¿Estabas así de asustada? Se preguntó sosteniéndose el pecho que ardía como un incendio perpetuo que parecía no tener fin, el rey se quejó más no rompió en gritos, no mostraría que esto lo sobrepasaba, si se había equivocado no moriría entre agonías.
Sintió que estaba por convulsionar, su mente se rompía una y otra ves y las nauseas se apoderaban de él, deseaba que terminara, que el veneno originario de la sangre de Joanna lo matara de una buena vez, sin embargo, cuando estaba por dejarse caer sobre el piso, aquel dolor tan aberrante se transformó de a poco en una sensación extraña, que no podía reconocer de nada pero que, lo hacia sentir “diferente”, Chariose tomó el aire que le faltaba mientras se recostaba sobre la piedra de su barandilla, jadeando y sudando comenzó a darse cuenta que sus sentidos le arrojaban visiones, olores y sonidos mucho más potentes que su condición anterior, incluso, desde allí, pudo distinguir el peculiar olor de la madera quemada, la ceniza y la sangre, una que se estaba derramando a kilómetros desde donde estaba, se aterró en un primer momento al percatarse que había cambiado temporalmente, parpadeo poniéndose de pie con dificultad, sus ojos ahora super desarrollados ahora le dejaban ver más de cerca las partículas de polvo a su alrededor, el sonido de los zapatos apurados del servicio tras la puerta de su habitación y el olor peculiar del mármol en el piso.
Zigor se abrió paso en el interior al sentir que Chariose estaba tardando demasiado, lo miró en el suelo mirándolo con los ojos abiertos y la respiración acelerada, el general se quedó de piedra mirando la visión de un rey con las venas alrededor de los ojos tan negras como la noche, su piel pálida como la de un muerto y las pupilas tan dilatadas que parecía que el dorado de sus ojos había desaparecido, mirarlo de ese modo hicieron que Zigor no pudiera asimilar que ese hombre tan diferente era su rey.
-Alteza-. Susurró él sintiendo unas ganas inmensas de poder quitarle aquella ponzoña de las venas de su soberano, para él, era un error que Chariose hubiera tenido que recurrir a los experimentos peligrosos de August sabía que ese tipo estaba loco y que, todos sus experimentos carecían de ética y cuidado, el trabajo del doctor estaba reflejado frente a él, parecía que su majestad estaba atravesando por un dolor horrible.
Sin embargo, Chariose tomó aire por su nariz consolándose a si mismo, y con dificultad, logró ponerse de pie, Zigor lo miró sin parpadear, parecía que con cada segundo que pasaba, Chariose se reponía a una velocidad sobrehumana.
-Diles a mis hombres que ya nos vamos-. Dijo el rey caminando a la salida como si no hubiera pasado por un cambio que le pudo costar la vida.
…
La batalla estaba en se apogeo, Griffin en realidad se estaba divirtiendo, esa descendiente suya era una digna merecedora de su estirpe, casi tuvo ganas de llorar al mirarla tan brava y certera queriendo arrancarle la cabeza con aquella delgada espada que una vez hace milenios se blandió ante él en manos de quien fue alguna vez, su hermano mayor, ahora ni siquiera recordaba su nombre, y mucho menos recordaba algún rasgo de su cara, lo único que si podía tener en la memoria era el sonido de sus gorgoreo al ahogarse, así que, al esquivar la filosa espada quiso honrar a su estirpe como él solo sabía hacerlo, y eso era asesinarla, arrancarle el corazón del pecho y comérselo, eso era lo que más deseaba, como una forma simbólica de venerar a su familia.
Por lo que, no solo honraría a su descendencia, sino que, también, decapitaría a Chariose, si, aquella sería la batalla que lo terminaría todo de una vez, y así al fin regresaría a Joanna a su lado.
Y mientras se mente lo llevaba por fantasiosos pasajes de ensueño, entre la pelea con Nélida fue cuando comprobó que la caballería pesada hacia acto de presencia en la caótica batalla en la frontera Este, en donde hombres y bestias se encarnaban en una pelea sangrienta y violenta, una escena gloriosa para Griffin, él se regocijo gustoso apartándose a la embravecida mujer de lustroso pelo rubio y ojos verdes, ella jadeo al caer de bruces en la tierra manchada de sangre, bramó con furia, pero, cuando la princesa de Yulum se incorporó solo pudo ver como Griffin corría gustoso hacía un Chariose que aparecía como todo un rey en medio de lo pelea, iluminando con su presencia el animó de los soldados del sol y de arena, quienes luchaban cansados contra el enemigo, sus generales completamente esperanzados reanimaron sus fuerzas para seguir empujando al enemigo al borde, donde acorralarían a los Gules para matarlos, los hordas de hombres tronaron en un estridente grito de guerra arreciando los golpes sobre los cuerpos inmortales que arrancaban cabezas de un tajo.
Para fortuna de los soldados de Yulum y Radu su rey, se veía diferente, mucho más fuerte y vigoroso que anteriormente, los surcos de sus ojos eran más profundos, pero, aquel desgaste en su rostro no pareció afectar el desempeño de su pelea, pues él, como era de esperarse se encaramo entre el revuelto de cuerpos que luchaban unos con otros en descarnadas peleas gráficas, sus hombres gritaron animados con fuerzas renovadas, mirando a Chariose desplegar todas sus habilidades militares en un baile increíble de poder y grandeza.
Para él, fue fácil alcanzar el nivel de lucha de sus enemigos, quienes abrían sus ojos con sorpresa al ver como el rey de Radu parecía ser uno igual a ellos, veían con incredulidad la fuerza descomunal y la habilidad para esquivar, Chariose no dudaba en accionar, como siempre, atajaba vientres y fracturaba brazos con un simple movimiento de manos y todo, sin sentir la fatiga del ejercicio.
Griffin no tardó en llegar hasta Chariose, fascinándose este primero en ver al rey pelear de esa manera, rio completamente excitado de poder sentir los puños de Chariose, tanto era el poder del rey que no necesitaba ningún arma para apañárselas contra sus enemigos, Chariose gritó rabioso cuando Griffin se arrojó sobre él, pronto, ambos jóvenes hombres se enredaron en una batalla que abrió a los hombres a su alrededor, atajándose uno contra el otro todo lo que tenían, todo, con el fin de destruirse al final.
-Hueles diferente-. Ronroneó Griffin tomando distancia de Chariose, esté sin responderle le atajó un poderoso golpe en la quijada que Griffin logró esquivar por los pelos -Hueles como Joanna-. Dijo el Gul con un toque de sarna en la voz, y fue allí que el rey dibujó una delgada sonrisa de labios cerrados.
-Te sorprenderías-. Solo le contestó antes de que Chariose desenfundara su arma del cintillo en su cintura, Griffin hizo una mueca reprobatoria mirando el arma estirarse hasta él, de pronto alerta de la puntería del rey, si de por si Chariose era peligroso desarmado, armado podría detenerlo para lograr así cortarle la cabeza, Griffin chilló rabioso al mirar la mirada sínica de su enemigo, haciéndolo brincar sobre él, Chariose disparó.
Inesperadamente para ambos, la bala no dio en Griffin, en cambio, acertó en el costado izquierdo de Joanna, quien recibió de lleno el fuego luego de interponerse entre los dos, Chariose abrió los ojos tan grandes como su cara al volver a mirarla de pie frente a él, el rey aflojó la mano de su arma, de pronto vulnerable ante los ojos de ella, quien le regresaba la mirada con miseria.
-Tú-. Salió de los labios encolerizados de Griffin, sorprendido y decepcionado de ella, de verla enfocar su atención en Chariose en lugar de él, ella lo miró por el rabillo de ojo con aquella hambre que lo había hecho huir.
- ¿Qué haces aquí? -Preguntó Chariose ajeno de pronto de la sangre a su alrededor.
Griffin se remolino obligando a ambos, tanto Chariose como Joanna a moverse, juntos uno al lado del otro, se miraron y, fue automático, los dos se engancharon, a diferencia de meses atrás, en donde ese abrazo había representado amor, ahora, era de defensa, con la intención de repelerse uno del otro, Griffin quedó sobrando, rabiándolo dos peldaños más, pero Zigor, quien se mantenía cerca del rey, intervino la pelea de los dos antiguos amantes, Griffin gruñó deseando arrastrar a su Joanna de las garras de Chariose, quien en un rostro transformado en una roca, repelía los golpes de Joanna, la Gul jadeaba sonoramente atestándole golpes una y otra vez al rey, resentida de él, Chariose la había herido por mucho tiempo, era hora de que se defendiera, había logrado sacarse a Ginebra de encima para ir con él, sin embargo, sus planes no habían resultado ser como los esperaba, ahora estaban luchando, peleando para hacerse daño físicamente, ambos, tenían el objetivo de detener a quien tenían en frente y, por más golpes que se dieran, el dolor de estar enfrentándose era más fuerte, sus corazones se sacudían en sus pechos, sus piernas temblaban en la grava ardiente y no dejaban de tocarse entre la pelea, como la única forma de poder estar en contacto, después de mucho tiempo.
¿Cuánto daño estaban dispuestos a seguir soportando?
¿Por qué se estaban haciendo esto?
Los ojos de Joanna se humedecieron, mientras luchaba también internamente, no quería hacerle daño al amor de su vida, no quería pelear con él, ¿Por qué? Se preguntaba comenzando a perder de nuevo la voluntad de su cerebro, aterrándose de tener a Chariose defendiéndose de ella, como si se odiaran.
Apretó los dientes, sabía que, si perdía en control de ella misma otra vez, el objetivo de su locura seria quien tuviera enfrente, y ese era Chariose, el pánico subió por su cuerpo.
- ¡Basta! -Pero fue el mismo Chariose que le repelo empujándola lejos cuando ella brincó sobre él, Joanna paró con el aliento entrecortado y la sangre saliendo de las heridas, se miraron fijamente, el soberano apretó las manos en puño incapaz de poder tolerar eso, imposibilitado de verse obligado a pelear con Joanna, algo que jamás creyó posible.
Joanna se forzó a no romper en un llanto histérico.
- Es inevitable Chariose-. Le contestó la pelirroja apenas a unos metros lejos de él, Chariose quiso agarrarse la cabeza en desesperación sabiendo que todo eso era su culpa, él había orillado a Joanna a que terminara de esa manera, las palabras se atoraron en su garganta, haciéndolo enmudecer.
-Entonces que así sea-. Le respondió el rey, desenfundando la espada junto a sus armas, Joanna sintió que era lo correcto, había escapado de él tanto tiempo para terminar peleando directamente con él, sus corazones se sacudieron reusándose, sin embargo, en ellos, esa era la única solución.
Ambos, se prepararon, seguirían luchando, aunque sintieran que hacerlo tomaría todo de ellos, era inevitable, necesario, Joanna se defendería, mientras que Chariose, la detendría.
Sus destinos estaban sellados.