Lluvia de meteoros

3551 Palabras
El fuego se esparció rápido ante los ojos carmesí de Joanna, pudo ver las lenguas de flama consumiéndolo todo, y delante del caos y la muerte estaba la característica figura de Griffin, quien estaba encuclillado frente a ella, con la apariencia de un demonio saliendo de las llamas del infierno, su mata de pelo dorado era encendido por un aló rojo sangre mientras el cristal multicolor de sus ojos refulgía en destellos florecientes… La visión era aterradora, Griffin era un cúmulo de maldad que la miraba con interés, la garganta de la Gul se secó al entornar los ojos a su creador, quien nunca parecía terminar de sorprenderla, mientras las olas expansivas del calor irrisible del fuego le calentaban el rostro lleno de ceniza, visualizó como volvió a estirar una pálida mano cruel hacía ella, tuvo ganas de arrancársela con los dientes antes de volver a permitir que la tocara, sin embargo, el letargo hechizante de la visión de Griffin frente a ella se rompió cuando el Gul se puso de pie mirando sobre su hombro, tras el caos que era la calle, fue allí que, descubrió los gritos, las balas y el sonido tronante de la batalla, una sangrienta pelea que se estaba desarrollando a solo escasos metros de ellos dos, frente a sus ojos cargándose de terror pudo ver los choques de metal, los dientes, motores y ordenes, los que se mezclaban en una danza horrible de sangre y muerte. Pero, la confidencialidad que les daban las sombras no tardaron en descubrirlos ante unos ojos tan intensos como el oro, Joanna se vio obliga a fijar los suyos en una expresión de sorpresa, aquellos ojos de un rey vengativo pasaron del rostro aterrado de ella, a la cara insolente de Griffin, y, un fuego destructor encendió al rey, quien enfundado en un uniforme de batalla n***o como el cielo sobre ella, lo vio avanzar con el fulgor de la pelea quemando cada parte del soberano, quien fue seguido por un pequeño grupo de capitanes y soldados quienes se afanaron a respaldar al rey sol, entre ellos, Joanna pudo distinguir un color de uniforme diferente, en lugar del n***o y dorado de Radu, pudo ver el escarlata y verde esmeralda de Yulum, el que portaba la figura femenina de una hermosa mujer de pulcro pelo de sol, las manos de la Gul temblaron al mirarla desenfundar una larga espada muy a lo medieval, la hoja brilló naranja ante la luz de las llamas que seguían quemándolo todo, una espada que apenas pintaba unas ligeras manchas carmesí al haberse cobrado ya un par de vidas Gules. Aquella mujer, era joven, hermosa y tenía un brilló diferente que solo había visto reflejado en los ojos de Griffin, Joanna pudo reconocerla ente la luz roja y las luces blancas de los camiones, a diferencia de la última vez que la había visto en la proyección de apenas unas horas, ya no portaba sobre su cabeza una delicada tiara de esmeraldas, ni mucho menos un exquisito vestido ligero como las nubes, sobre todo, no vio la inocencia reflejada en sus ojos verdes, en cambio, descubrió un rostro endurecido como una roca, el que la miro con odio. Griffin estiró sus labios en una sonrisilla de labios cerrados que reflejó lo complacido que estaba por ver el mero espectáculo militar que eran las fuerzas de Radu, por fortuna para la Gul de pelo rojo, Nélida focalizó su rabia en su desconocido ancestro, al que descargó su espalda fina como aguja sobre el cuerpo preparado de Griffin, quien entre sonrisa se apartó de la hoja con un rápido movimiento sobrenatural, un impulso de supervivencia accionó a Joanna quien se arrastró unos menos lejos de la pelea, parpadeó mientras se ponía de pie con dificultad, apretó los labios maldiciéndose por su debilidad, el tobillo le estaba molestando en momentos tan importantes como esos en los que quería escapar, lo que menos deseaba era estar en el fuego cruzado entre Griffin y Chariose, esté último parecía querer abarcarlo todo, sus ojos escrutaban los movimientos de la pelirroja mientras se unía a la pelea de Nélida y Griffin. - ¡Zigor! -Gritó Chariose echando una mirada fija a sus espaldas, las que eran cubiertas por el general, a la pelea recorrerse hasta ellos, el experimentado general se apartó a un Gul de una poderosa patada, para mirar a su rey con una expresión intensa, una mirada fugaz que no tuvo necesidad de palabras, los ojos de Zigor rodaron hasta encontrarse con Joanna quien cojeaba muy a duras penas fuera del campo de batalla, la pelirroja sintió como el general de las fuerzas especiales se arrojó hacia ella, aun con la mano vendada y el rostro desfigurado del dolor que le causaba el movimiento del brazo. Pero, la Gul estaba completamente decidida a no regresar con ninguno, así que, mientras la pelea estaba en pleno apogeo, donde Griffin se defendía hábilmente de Chariose y Nélida, Joanna giró sobre su propio eje para encarar a un hombre que alargaba una mano para tomarla del hombro. Ambos frenaron en seco al ver frustrados sus planes. - ¡No opongas resistencia! -. Le gritó Zigor por sobre el sonido estridente de las explosiones que vinieron en esos momentos, al los Gules colarse por los establecimientos y romper las tuberías de gas, Joanna chilló al cubrirse con su cuerpo ante la ola de calor que casi vuelve a tirarla al suelo, un calor incandescente que le hizo pillar sus sensibles oídos, Zigor se cubrió el cuerpo mientras Chariose no se dejaba apañar, entre vistazos fugaces, Joanna comprobaba como el rey sol peleaba con bravura, esquivando la mayoría de golpes que Griffin y algunos Gules le arrojaban, con toda la intención de derribarlo, comprobándose así lo calificado de Chariose para la batalla. Vado, estaría orgulloso. Atravesó por la mente de Joanna, sorprendida de pensar en aquel hombre que solo había visto de lejos, pues, en aquel tiempo, siendo apenas una niña a espaldas de Chariose, el hombre le aterraba, solo había compartido unas cuantas palabras con el antiguo rey cuando se lo topaba en el castillo junto a Chariose, siempre había sido un hombre que nunca estaba cerca, mucho menos de su hijo. Es por eso, que el pensamiento la desconcertó viendo a Chariose pelear de esa manera, con sus convicciones bien sujetas, no vio más que lo que Vado había creado a su antojo, modificándolo con migajas que dieron como resultado un excelente rey guerrero digno hijo de la corona de Radu, quien desafortunadamente, era el hombre que más amaba en toda su vida. Un golpe sordo la hizo tambalear, pero una mano firme la sostuvo por el brazo haciéndola parpadear de desconcierto, enfocó su neblinosa visión ante la mano, y un estremecimiento le subió por la espalda paralizándola, Chariose la sujetaba con fuerza, sin dejar de mirar su rostro, como si intentara encontrar algo tras la piel verdosa y los ojos hundidos, Joanna parpadeó recordando como era que había terminado a manos del rey, se llevó una mano a la frente lamentándose, las lagunas mentales de su transformación comenzaban y sabía que aquello no iba hacer más que empeorar, comenzaba a perder su propia conciencia, sin embargo, no pudieron pasar desapercibidos la corriente eléctrica que los recorrió al tocarse, aún y sus cuerpo se sacudían con la química que tenían el uno del otro. -No huyas-. Salió de los labios manchados de pólvora de Chariose, un dejó de tristeza se apoderó del pecho de Joanna al mirarlo con el rostro cubierto de sangre y ceniza, su blanco pelo pintaba medio gris y ya percibía el aroma de la muerte impregnando su uniforme, rodó sus ojos bermellón tras Chariose, buscando a Griffin quien parecía luchar por hacer que la pelea se desarrollara en los callejones, lo vio saltar, golpear y matar a todo lo que se le atravesara, se había logrado sacar a Nélida de encima, pero no así a la armada de Chariose, quienes lo seguían como moscas con la intención de ganarse el crédito de haberlo matado, con suma velocidad miró como su ex compañero se topaba de frente con un muy colérico Sócrates quien se fue con todo contra él, gritando de rabia sacó su arma, estaba dispuesto a llenarlo de plomo, Joanna vio el dolor atravesar los ojos del nuevo general, quien partía el aire entre gritos y maldiciones, sabía que estaba hambriento de venganza, Griffin había asesinado a su hijo de la manera más cruel y, ella no había podido hacer nada por sacarlo del camino del Gul, un demonio de ojos de colores que a juzgar por su mirada, se estaba divirtiendo de ver a un general desfigurado de odio, sin embargo, unos sacudidas violentas volvieron a regresarla a la realidad, un dolor en la cienes la hizo llevarse una mano a la frente, para comprobar como la sangre pintaba la palma de su mano que se miró al sentir como un líquido viscoso bajaba por su rostro, ¿Qué ha pasado? Se preguntó mientras Chariose la tomaba por la cintura, enrollando su poderoso brazo en torno a ella gritando maldiciones, las balas perdidas estaban a la orden del día y parecía que una había logrado rozarle la frente, el ardor no la sobrecogió, sino el hecho de descubrir que comenzaba a perder lapsos de tiempo. Luego, sintió que cayó de golpe en la dura piedra fría del piso, el dolor se esparció por el costado derecho de su cuerpo, forzando a su cerebro a despertar, regresar de una vez por todas del letargo de su mente, levantándose del suelo miró a Chariose de espaldas frente a ella, disparando a los Gules que lo atajaban con golpes y patadas que le volarían la cabeza sino se agachaba, comprobó cómo se estaba quitando el sacó n***o para dejarse la camisa blanca de debajo, para así facilitarle sus disparos y sus sorprendentes movimientos de pelea. - ¡Levántate! – Le rugió Chariose mientras a una velocidad increíble cambiaba la carga de su arma por otra, el tintineo de los casquillos contra la piedra, sonaron por encima de la pelea; metal y fuego era todo lo que había, la sangre comenzaba a escurrir por las calles como hilos carmesís que impregnaban el aire lleno de espeso humo n***o - ¡Zigor la gente! -Tronó el rey ahora sin dirigirse a ella, el general quien estaba a pocos metros del soberano asintió con la cabeza para salir corriendo hacia los inocentes que habían quedado en medio de la zona de guerra, mientras los soldados de Chariose luchaban incansablemente por desplazar la pelea lejos de la ciudad, donde no tuvieran que lidiar con, además, los ciudadanos que escapaban de las lenguas de fuego de los edificios. -Chariose…- Salió débilmente de los labios de Joanna, distrayendo al rey, lo vio fijar su atención en ella con un rostro machacado por el hollín, el sudor, la sangre y la frialdad. - ¡Yo me encargo! -. Chilló la voz de Nélida a un costado ciego de Joanna, haciendo que la Gul girara la mirada hacia ella con el corazón martillándole en el pecho, con los ánimos renovados Joanna se puso de nuevo de pie para impedir que la princesa se hiciera de ella con su flamante uniforme rojo sangre, la vio levantar su espada frente a ella como lo había hecho con Griffin, estaba claro que le atestaría con su arma antigua para así contenerla lo suficiente como para poder manejar con ella, sin embargo, el cuerpo de Griffin se plantó frente a la Gul, recibiendo de lleno toda la hoja de Nélida, de no ser porque Griffin detuvo la espada con un brazo, está, le hubiera cortado el cuello de un tajo, Nélida gruñó enfurecida de tener al Gul de nuevo frente a sus ojos, Griffin empujó su cuerpo para alejar un poco a la princesa, quien apretó la quijada con fuerza, fue cuando Chariose se percató de la presencia de su mayor enemigo, y dejando a los Gules con los que se estaba enfrentando, concentró toda su atención en el Gul de ojos de colores. - ¡Joanna ya reacciona! – Le gritó Griffin aprovechando la brecha de espacio al retirarse a Nélida para alcanzar a Joanna por el gorro de su sudadera ya sucia de polvo y sangre para sacudirla con violencia, la hizo abrir los ojos tan grandes como su cara - ¡Muévete! ¡Te vas a ir conmigo! – La empujó lejos de Nélida, para poder arrojarse sobre la princesa, Chariose logró alcanzarlo antes de que la alcanzara. - ¡Oh no, no lo harás! – Chariose estaba colérico, rojo de ira, apretó su arma y disparando contra Griffin logró que se alejara, provocando que nuevamente Joanna cayera el suelo, ella jadeo cuando su tobillo protesto. Y fue cuando una colera subió por la garganta de Joanna, apretó sus manos en puño, tan fuerte que surco la piedra con sus uñas, ella no era trofeo de nadie, no era suya para peleársela como si fuera un juguete, además, su yo de hace 5 años se reía de lo patética que estaba siendo en esos momentos, aquel demonio de sangre que había sido, ahora estaba reducida a un mero saco de huesos débiles por su transformación y una mente que se perdía con cada paso del tiempo. Obligó a su cuerpo, se forzó a ponerse de pie, y, tomando las pocas fuerzas que le quedaban se dejó llevar por el instinto de su hambre, un impulso que la sacaría de allí, soltó sus instintos como leones salvajes, y no tardo en sentir la adrenalina antes contenida correr por todo el largo de sus venas, quemándola con un veneno que corrompía su cuerpo, salivó sintiendo sus encías cosquillar, los músculos enjutos de su cuerpo se tensaron, preparándose para accionar, la mata de pelo rojo se le desparramo como una cortina carmesí cuando Nélida se le arrojó encima para ensartarla con su espada, sus sentidos activados todavía al mil por ciento, la hicieron apartarse justo antes de que le atravesaran en el vientre bajo, Nélida abrió los ojos tan grandes como su cara girándose con temor a Joanna quien, flexionó las rodillas para así, en un impulso, brincar sobre la princesa, ella gritó atajando su espada, la que logró atravesar el delgado cuello pálido de Joanna, la sangre negra cayó a borbotones de la herida, la que empapó el rostro de Nélida, Joanna abrió su boca, absorbida por la ciegues del hambre, una imagen que aterró a la princesa de Yulum al ver el rostro hermosamente miserable que tenía los ojos más que desorbitados, pero una mano la tomó por la nuca, tirando de Joanna como una muñeca de trapo, Chariose jadeaba hasta ese punto al mirar al amor de su vida convertida en una bestia, él apretó los labios tomando a Nélida de las axilas para ponerla de pie de un rápido movimiento, ella se aferró al rey con la garganta hecha nudo, pero Griffin se interpuso entre ellos, mirando a Joanna con la adrenalina inyectada en sus ojos brillosos, Chariose apretó el arma todavía en su mano, miró por sobre su hombro, la pelea estaba llevándose de más, el fuego ardía, consumía, la sangre manchaba el piso y parecía no acabar, su mente activa por la adrenalina lo hacía pensar, estaba claro que debía hacer todavía más, su cuerpo protestó adolorido, los golpes de los Gules le estaban cobrando factura, en verdad golpeaban más que duro, sus hombres no soportarían más y él debía hacer que ganaran, el rey se mordió la lengua, pero, regresando los ojos hacia la escena frente a él, miró como la atención de una Joanna enloquecida se enfocaba en Griffin quien levantaba las manos en una señal de tranquilizarla, sintió que era la oportunidad para cortarle la cabeza, su enemigo estaba vulnerable, olvidándose que le había dado la espalda a un rey que lo quería muerto, por lo que tomando la espada de la mano temblorosa de su prometida, la ayudó a reaccionar, ella jadeo en silencio mientras los mechones de su pelo suelto se mecían en el viento sulfuroso. Chariose estaba listo para decapitarlo, no había nadie que lo detuviera, ni el coloso Gal ni la perra de su compañera, esa era la oportunidad, así se desharía de una vez por todas de Griffin, así tendría la oportunidad de tomar a Joanna. Pero, inesperadamente, la pelirroja se arrojó sobre su enemigo de un brinco animal, subiéndose sobre él en una mirada que le erizó la piel de los brazos, Joanna se abrazó a su ex compañero con un letal abrazó, Griffin trastabilló un poco abrazándola, pero, no pudo detener que esta le mordiera el hombro, con horror, el rey comprobó como la Gul le arrancaba un enorme tajo de carne del hombro pálido, Griffin aulló de dolor mirando a Joanna con sorpresa, deteniendo así a Chariose de su propósito, pues, ambos Gules se engancharon en un lucha violenta que los hizo moverse como rayos por el ancho de la calle, Chariose, en su desesperación apuntó a Griffin, pero no pudo asestarle como quisiera, no al menos en puntos que creía lo detendrían, el Gul gruñó mientras Joanna le devoraba las clavículas con una hambre descontrolada que alteró incluso a un Gul como él, quien luchaba por quitársela de encima. - ¡Joanna no! -Gritó logrando tomarla por sus costados y así arrojarla lejos de él, dándole un respiro, lo vieron llevarse una mano a la herida que sangraba como cascada, empapando el piso y su ropa, Griffin apoyó una rodilla en la piedra recobrando el aliento, el cuerpo de Joanna se incorporó masticando los trozos de carne con el iris de sus ojos completamente oscuro -Contrólate-. Jadeo el Gul comprobando lo vulnerable que estaba, Chariose lo vio titubear, pero, cuando se encaminó a cumplir su propósito, el Gul marcó la retirada, el rey gruñó mirando como de la orden de su enemigo, los demás Gules comenzaban a desaparecer del campo de batalla tan rápido como habían llegado, Chariose no lo volvería permitir, gritó órdenes y dio indicaciones, pero, sus hombres por más que lucharon por impedir que sus enemigos escaparan, no lo lograron, el rey sol estaba cansado de verlos huir, quería cortarle la cabeza a Griffin, pero esté no logró tomar a Joanna para llevársela, estaba tan concentrada en sus trozos de carne que Griffin no podía permitirse que ella se volviera a arrojar sobre él de la misma manera, por lo que, maldiciendo escapó por los callejones viscosos de las calles, impidiendo una vez más que Chariose lograra su cometido, haciéndolo gritar de rotunda ira. Joanna escuchó el grito colérico lejano, pero, aquello sirvió para regresarla a la conciencia de la cordura, fascinándose por el sabor de la carne en su boca, parpadeo percatándose de que estaba cubierta de sangre, recordó que se había dejado llevar y se horrorizo de saber que había perdido el control, tragó la carne que la nutrió al instante, pero que no era suficiente, miró a su alrededor, los soldados que anteriormente estaban peleando una guerra, ahora se aproximaban a su dirección, apuntándola con armas, Joanna inspeccionó su alrededor, topándose con Chariose, quien la miraba con los brazos lánguidos a sus costados, los estragos de la pelea se veían coloreándole el rostro mallugado y sucio, sostenía la espada de Nélida en una de sus manos y pese a que parecía agotado, no se veía que tuviera la intención de no dispararle. El fuego alrededor crepitaba y los soldados no dejaban de gritar, aun había muy pocos que peleaban con los rezagados o remataban a los heridos de muerte o a los Gules, un escalofrió subió por su espina mientras Nérida la miraba a las espaldas de Chariose con el rostro más que contornado. Joanna se pasó la lengua por los labios, el sabor a la ceniza casi la hace arrugar el rostro, se alejó unos pasos mirando fijamente a la Gul, ambos enfocaron sus ojos con intensidad, encontrándose así con la misma miseria que ya los caracterizaba, Chariose estaba inmóvil, no hablaba, solo respiraba ruidosamente, Joanna no tuvo más remedio que forzar sus músculos una vez más. Una vez más, y ahora, sin la locura, y con la ayuda del bocado de alimento que la había regresado a la realidad, escapó… Los soldados se quedaron quietos, se limitaron a esperar alguna palabra de su rey, quien parecía mucho más mayor, él, la miró correr por los callejones con el terror tatuado en el rostro, Nélida resopló insatisfecha mirando fijamente el rostro indescifrable de su prometido. Una opresión en el pecho de Chariose casi lo dobla por la mirad, las luces naranjas de las lenguas del fuego coloreaban su rostro con un brillo naranja, el sudor y el hollín le manchaban el rostro, trazando surcos que hacían creer que estaba llorando, de no ser porque todo soldado y súbdito sabían el temperamento de su rey, en verdad lo hubieran creído. En cambio, los ojos del soberano se ensombrecieron, un aura oscura se cernió sobre el rey tan poderosa que podían sentirla cubrirlos, lo vieron agachar la mirada con la sombra cubriéndole los ojos. -Tras ella-. Ordenó con voz poderosa. Y de inmediato, sus tropas se pusieron en marcha.
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