Luz azul de luna

2233 Palabras
El fulgor de la noche iluminaba con intensidad la tranquila cuidad nocturna, la que apenas comenzaba a menguar en personas que, a pesar de estar en medio de una guerra, seguían con sus tareas cotidianas, por lo que, Joanna aprovechando esta monotonía se escurrió cubierta con su oscura capucha negra por las calles empedradas e iluminadas por las luces blancas de los hermosos faros de metal de los callejones, mirando por sobre su hombro para comprobar que nadie pudiera estarla siguiendo o mucho peor, que la reconocieran bajo la penumbra de su capucha, ella se metió las manos a los bolsillos mientras caminaba entre cogeos por la animosa calle que estaba quedándose sin personas, las que se afanaban a terminar sus pendientes lo más rápido que pudieran antes de que las sirenas en las farolas anunciaran el toque de queda, Joanna suspiró a duras penas, su estómago rugía hambriento mientras el dolor en su tobillo fracturado no la hacía moverse como quisiera, terminó mirando su reflejo en una de los vitrinas de una elegante boutique, percatándose que los mechones rojos de su cabello se asomaban intrusos por los bordes de la tela que le cubría la cabeza, un estremecimiento la hizo meter su cabello para evitar que así alguien pudiera darse cuenta que se trataba de la prófuga más buscada por la corona. Sin embargo, no evitó que la chica que le regresó la mirada desde el otro lado del vidrio la sobrecogiera, la garganta se le secó, la mujer que miraba parecía que no podía reconocerla, su reflejo visualizaba lo deteriorara que estaba, la apariencia miserable y sus ojos entristecidos, apretó sus labios resecos apartando la mirada de la chica que le miraba con un fulgor patético en los ojos, para continuar su camino con la mirada fija en el suelo, esquivando las miradas que le arrojaban de vez en cuando, un poderoso escalofrió la hizo levantar la cara cuando avanzó unos cuantos metros más, pues, escuchó una voz conocida que todavía le ponía la piel de gallina, por un corto instante creyó que lo tenía hablándole a su costado izquierdo, pero, al comprobar que la voz de Chariose venía desde la pantalla proyectada en la pared del local de pasteles junto a ella, su corazón pudo calmarse, Joanna se mordió los labios con ganas de llorar, y, acercándose al enorme ventanal abierto que albergaba dentro un pequeño grupo de clientes que miraban interesados al rey hablar, ella se quedó a mirarlo. Comprobó como siempre, lo atractivo que era, su inmaculado pelo blanco como la nieve refulgía brillante sobre los ojos de oro que miraban directamente la cámara frente a su rostro, mientras él con todo el porte de un rey y su exuberante corona negra luciendo hermosa sobre su cabeza, daba su informe sobre el avancé de la guerra, la llegada de los nuevos soldados y, un anunció que para ella le pareció de suma importancia. Chariose hablaba con seguridad, dirigiéndose a un grupo de personas aglomeradas bajo un palco, las que lo vitoreaban, lloraban y reían al verlo hablar a su muy adorado rey, aunque tirano y cruel, era eficiente para tener a Radu como el reino por excelencia. Joanna sacó las manos de los bolsillos de su sudadera para cruzarse de brazos, como un mecanismo de defensa ante el control que ejercía Chariose, aunque la estuviera mirando desde el palco de su castillo tras una cámara de grabación, pero, apartándose el estremecimiento continuo atenta a las palabras fríamente calculadas del rey sol. -… Radu se mantiene fuerte pese a la maldad que constantemente la azota…- Decía con poderosa voz de trueno, con los miembros más cercanos de su corte y sus generales a su espalda, brindándole una imagen mucho más que regía a pesar de la sangre que se derramaba contantemente entre las calles hermosas de la ciudad - ¡Juntos, mantendremos la unión y el poder de esta nación! ¡Es por eso…- Joanna y los demás ojos que lo observaban, miraron como de la espalda amplia de Chariose, emergía la figura de una delicada muchacha de dorado cabello bellamente trenzado, con unos intensos ojos verdes y una delicada sonrisilla inocente, apareció metida en un delicado vestido rosado de chiffon, tan ligero y encantador como ella, el brooche de esmeralda propio de la realeza de Yulum refulgió con hermosos destellos verdes en el centro del escote de corazón del delicado vestido de fantasía de Nélida, Chariose la acercó a su lado de la mano, ella agachó la mirada con sumisión ante las personas de Radu quienes la miraban con los ojos ilusionados ante la belleza y la solemnidad de la princesa, la que solo conservaba el título por protocolo, pero, que a pesar de no serlo verdaderamente, portaba un pequeña tiara de esmeraldas y plata que se sobreponía entre los cabellos de sol con tal delicadeza que Joanna pensó que le resbalaría de la cabeza. Un nudo se formó en la garganta de la Gul, mientras estrechaba sus brazos cruzados en su pecho como una coraza de protección ante lo que sabía se avecinaba. -…Que Radu se vaya a consolidar aún más con las raíces fuertes de las uniones que todos vamos a formar…- Chariose no soltó la pálida mano de Nélida quien se mantenía quieta y silenciosa junto al rey, para después él, mirar a la princesa con ojos brillantes, ella se atrevió a levantar la mirada hacía el soberano sin borrar la sonrisa de sus labios melocotón, una punzada atravesó el corazón de Joanna mientras el dolor se volvía a sobreponer en su cuerpo debilitado y resentido -¡Pueblo de Radu!- Gritó Chariose por sobre las voces del gentío - ¡Es para mí un honor anunciarles la unión de dos naciones poderosas que ayudaran a sacar la maldad de aquí! ¡Radu y Yulum combatirán contra esta nueva amenaza! -Finalizó Chariose mostrando su mano entrelazada con la de Nélida quien saludó a las personas con delicadeza, y, cuando las personas tronaron en vítores y aplausos los pedazos del corazón de Joanna se sacudieron dentro de su pecho tan poderosos que sintió como las imágenes de ellos dos en las pantallas la remataban, un sabor amargo la hizo arrugar la cara, en una amenaza por romper en llanto. Sin tolerar más tuvo que girarse y salir de allí, escapando de las pantallas salió de regresó a las calles entre temblores que la sacudían, se preguntaba porque la vida era cruel con ella, ¿Por qué? Se decía caminando entre cogeos, gruesas lágrimas resbalaron por sus mejillas maltrechas, recordó la mirada tierna de Nélida, sus ojos brillantes y su sonrisa sutil, era la mirada de una novia, un título al que jamás aspiraría, mucho menos con alguien como Chariose, quien se mantenía con una mirada neutral cuando lo recordaba tras las pantallas, una mirada que le traspasaba el cuerpo, pues, no parecía que estuviera conforme con las palabras que decía, sin embargo, se uniría con alguien más, las risas de Griffin en su cabeza la acosaban mientras caminaba, él nunca le había mentido, ahora que lo pensaba con detenimiento, se daba cuenta que siempre había tenido razón, Chariose siempre había visto por sobre sus intereses, siempre sobreponiéndose en sus deberes antes que ella, no solo a últimas fechas, lo recordaba de más joven, cuando la niñes en él reinaba, recordaba el terror que le tenía a su padre, el cómo siempre se esforzaba por complacerlo, por siempre concentrarse en que lo estuviera mirando, en una búsqueda desesperada de aprobación que jamás llegaba, Joanna recordó como siendo apenas un pequeño, lloraba de rabia, le sopeso como sus pequeños hombros se sacudían en medio del llanto de la frustración, al intentar llenar las expectativas de su padre, la Gul tragó saliva con dificultad, él nunca la había escogido, nunca y, ahora, otra prueba más le demostraba que así era la realidad, se llevó una mano temblorosa a la frente, quería romper a llorar histéricamente, quería tirarse de los cabellos y dejar que las lágrimas la derritieran y la evaporarán en el aire. ¡Que miseria era la que estaba viviendo! ¡Que patético era estar con vida! Joanna con dificultad caminó hasta que ya no pudo encontrar ninguna persona que le obstruyera el paso o que la mirara con el gesto fruncido, por lo que agradeció verse en medio de las calles desiertas, con la luna azul iluminando la oscuridad junto a las farolas blancas, si pudiera preferiría quejarse del frio, un frio que no le calaba como a los demás, así tendría la mente ocupada en otra cosa que no fuera la imagen del rostro de Chariose en el palco, con su uniforme militar más oscuro que las penumbras que la rodeaban, con sus mil insignias y condecoraciones, y sobre todo, a un Chariose con la corona bien puesta sobre su hermosa cabellera de nieve, ella se sorbió los mocos con el pensamiento de los ojos dorados bien incrustados en su cráneo, luego, sus sentidos la hicieron levantar la cabeza como un animal en alerta, respingó percatándose que una figura estaba de pie frente a ella, con los pies bien fijos en las calles empedradas, sus ojos, del color de la hierba fresca y el otro del oro, la miraron con intensidad, mientras sus manos metidas en los bolsillos le daban una informalidad que relajó los hombros de Joanna. Sabía que Griffin no venía a pelear. Al menos, no con ella. - ¿Qué estás haciendo? – Le preguntó Joanna mirándolo con el entrecejo fruncido, él dibujó una sutil sonrisilla sin moverse de su lugar -Si vienes por mí… yo te advierto que…- Pero Griffin negó con la cabeza. -En realidad no-, contestó -me sorprende sinceramente encontrarte por aquí-. Masculló mirándola con un gesto cínicamente divertido. Joanna tuvo un poderoso estremecimiento que le subió por la espalda, Griffin se veía tétrico, malvado, sus ojos eran dos motas de perversión y excitación, ella pudo ver que tras esos ojos que tantas veces había visto, una flama incandescente pululaba hambrienta de sangre. La Gul se echó hacia tras un par de pasos, sus manos comenzaban a temblar mientras un aterrador presentimiento se asomaba en su pecho mientras que, a los lejos, numerosas voces desenfrenadas la hacían alertarse todavía más. - ¿Qué estás planeando Griffin? –Preguntó la pelirroja mientras entrando en un pánico desolador comenzaba a sentir, oler y ver, como las figuras oscuras de su r**a comenzaban a salir de la espalda de su líder, escurriéndose entre risas por los callejones y los techos de los desolados establecimientos, allí en medio del pleno centro comercial de Radu. Donde Joanna sabía, había también, inocentes que dormían, ajenos a lo inminente. El hermoso Gul estiró aquella sonrisa tatuada en sus labios, se sacó las manos de los bolsillos al mismo instante en que ahora, Joanna pudo saber, que las voces que lograba escuchar en su oído super desarrollado, estaban gritando ordenes entre correteos de metal y acero, el rostro de ella palideció, quiso abrir los labios, despegarlos en medio de lo que estaba entendiendo. -Se te olvida que estamos en guerra mi querida Joanna-, ronroneo Griffin haciendo una señal con la mano a los gules que no paraban de emerger de las penumbras, Joanna quiso moverse, pero parecía que estaba clavada en las piedras como una estúpida. Pero, inesperadamente, no pudo evitar no ser arrojada unos metros hacia atrás cuando la explosión en un estremecimiento, aconteció, tan destructivo y poderoso que la sacó de concentración, el dolor en su cuerpo la inmovilizó mientras entre mareos y visión borrosa miraba la silueta de Griffin acercarse a ella con aquel brío malvado de siempre. – Parece que sin querer te metiste entre el fuego cruzado-. Le dijo. Para después, ver como los sonidos ensordecedores de las balas y los camiones de guerra se mezclaban con el fuego de Griffin, quien seguía de pie junto a ella, la Gul intentó ponerse de pie, pero estaba tan golpeada y mareada que tambaleo un poco. -Griffin…- Tuvo una arcada -Tú, ¿Por qué? ¿Cómo? -Preguntaba sin entender como era que había quedado entre el fuego cruzado, como era que los soldados habían llegado tan rápido, Griffin se arrodilló junto a ella, para pasarle una mano por su cabello, el que se había desparramado cuando la fuerza del fuego había tirado su capucha hacia atrás, comprendiendo sin siquiera indagar más a lo que Joanna se refería. -Ay, es que-, se llevó una mano tras la nuca mientras la miraba con una sonrisa de ojos cerrados -quería hacer salir a Chariose, perdóname-. Se atrevió a confesar como un niño diciendo una travesura, ella jadeo, exhausta, comprendiendo que aquel ataque ya había sido avisado con anterioridad y que ella, solo había quedado en medio por casualidad, muy convenientemente para Griffin quien desviaba la atención de ella, para concentrarse en la batalla que se estaba desarrollando a su alrededor. -Te odio-. Tocio la Gul reponiéndose de sus heridas, Griffin entornó los ojos hacia ella. -Si bueno, de todos modos, contigo aquí, mi plan resultó mucho mejor de lo que pensé-. Tanto Griffin como ella, de pronto miraron como entre el mar de fuego, violencia y balas, un auto oscuro como la noche, aparecía entre los camiones para revelar así, a un rey que aparecía tan imponente y poderoso, que tenía solo la intención de… erradicarlos a todos.
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