Para Griffin era fácil decidir por sobre la vida de los demás, incluso lo había sido para Joanna un tiempo, sin embargo, ahora, no podía pensar en otra cosa que era no hacer daño, no cuando Chariose y quienes amaba miraban cada paso que daba, lamentablemente, a últimas fechas, se daba cuenta que le estaba dejando de importar, ellos ya se habían dado cuenta que era un monstruo, incluso, su Chariose había estado dispuesto a matarla, aniquilarla por la seguridad de Radu, una ciudad que para ella, solo le había causado hambre y pobreza, una ciudad que la había golpeado por robar debido al hambre, que le había escupido y quitado a sus padres desde muy joven, unos padres que ni siquiera sabía dónde estaban enterrados para llorarles, el recolector de muertos se los había llevado en una carretilla hacia tanto que casi no recordaba cómo había sido el rostro de su madre o el color de pelo de su padre, y que ahora, le escupía en la cara por creerla una amenaza mayúscula, que querían su cabeza en una pica para poder dormir en paz.
Apretó aún más sus piernas, hecha un ovillo en el suelo polvoriento de madera, el aire helado entraba por los techos colapsados de la casa en ruinas enfriando su cuerpo sobrenatural mientras miraba el manto nocturno de la noche, desde donde estaba, podía escuchar las voces de los Gules, planeando y discutiendo su siguiente ataque, deseaban sorprender a Chariose, quien les había cerrado las fronteras, había complicado su escapada, muy para el humor de Griffin, Chariose estaba dispuesto a no dejar que nadie pudiera salir de Radu, estaba claro que Griffin se interpondría como un animal salvaje ante lo que el rey se le impusiera, ambos, estaban dispuestos a todo con tal de destruirse mutuamente, para consuelo del rubio, todavía esperaba más Gules, él estaba convencido que podría sobreponerse a Chariose, confiaba en sus compañeros caníbales para lograrlo, compañeros que sin opinar se arrojarían a la pelea, pues, eran criaturas hambrientas de sangre, ellos no negarían un derroche de violencia, es por eso, que los Gules a los que Griffin había convocado acudirían sin preguntar, sin olvidar que, su ex compañero de caza, era muy antiguo, uno de los viejos, como él, quedaban muy pocos, no era difícil que no le obedecieran, por sed de sangre o por miedo, Griffin era por mucho el más poderoso de todos ellos, estúpido era quien se atreviera a enfrentarlo.
Joanna levantó la mirada del hueco de sus piernas para mirar la habitación destruida y abandonada y perderse en un punto fijo de la pared, luego, escuchó unos pasos yendo hasta ella, reconoció a Griffin por su olor, además, pudo detectar un olor delicioso que alteró sus sentidos de bestia, Joanna levantó la cabeza como un animal al momento en que el rubio entraba en la habitación, con un torso colgado de un hombro, la boca de Joanna se hizo agua, sus manos temblaron y su hambre la carcomió, Griffin tiró el cuerpo desmembrado al suelo como un saco de papas que levantó polvo del piso, Joanna miró a su compañero con ojos de cachorro, esté último le acercó el torso con el pie, sin dejarla de mirar con ojos brillantes.
-Necesitas alimentarte, sino en poco tiempo serás un asqueroso necrófago roba tumbas-. Dijo poniéndose las manos en los bolsillos, intrusas lágrimas escaparon de los ojos de la Gul, ansiaba la calidez de alguien, Griffin estaba siendo considerado, pestañeo contemplando la mirada desinteresada del rubio, quien esperaba a que ella se arrojara a la comida.
- ¿Por qué? – preguntó ella - ¿Porque me alimentas después de todo lo que he hecho? -
Los ojos de Griffin tuvieron un brillo malvado que borró todo sentimiento de gratitud en Joanna.
-No he dicho que te perdono-, se cruzó de brazos -lo hago porque quiero guerreros-. Dijo, Joanna tuvo un estremecimiento en la boca del estómago, sonrió con amargura ¿Qué la hacía pensar que Griffin era amable?
Entrecerró los ojos hacia él con odio, volviendo hacerse un ovillo sobre sí misma.
-Entonces llévate esa mierda lejos de mi-. Enterró su consternado rostro en el hueco de sus piernas, apartando la mirada de su compañero, quien sonrió con maldad.
-Te conozco tan bien como la palma de mi mano Joanna-, musitó levantando ligeramente la voz por sobre la noche -sé que un día terminaras cediendo ante mi-, dijo y Joanna se remolinó -no puedes evitarlo, soy tu creador, estás loca por mi…- Finalizó saliendo de la habitación en ruinas dejando el apetitoso torso frente a la Gul que babeaba incontrolablemente, hambrienta y conmocionada por las palabras de su compañero, luchó por no moverse, si lo hacía saltaría sobre la carne y le hincaría el diente hasta dejar solo los huesos, el hambre la estaba matando, era tan torturador como el infierno, sin embargo, estaba determinada en no ceder ante Griffin.
…
Las horas se volvieron días, Joanna se había mantenido fiel a su convicción y ahora, frente a ella no había más que fétida carne pudriéndose, carne que, a pesar de estar cubriéndose de moscas, no dejaba de llamarla, hasta ese punto estaba seca, carente de todo atisbo de lágrimas, su cuerpo se consumía, lo sabía, podía sentir el veneno de su condición sobrenatural comiendo su carne, su mente se nublaba, para un Gul, alimentarse de carne constantemente era importante, no solo para mantener sus habilidades sobrehumanas, sino también para mantener su cordura, el no comer por mucho tiempo hacía que se transformaran en bestias espantosas, carentes de voluntad y control, además, llegado a cierto punto, un Gul llegaba a no poder regresar a su estado “normal”, dejando así a una criatura espantosa, hecha de piel verdosa y hueso que vivía saqueando tumbas para comer lo que quedaba de la carne putrefacta de los muertos.
Joanna estaba consciente de eso, lo había visto unas pocas veces, incluso Griffin se había convertido en uno muchos milenios atrás, al ser abandonado en el desierto por su creadora, pero que, increíble y únicamente, había sido el único Gul que conocía que había logrado regresar a la cordura después de vagar por 20 años en las calientes arenas de Yulum convertido en un monstruo; Joanna sabía que casi no había criaturas que pasaran por esa metamorfosis, pero, los que sí, se perdían en la locura de la muerte en su forma más blasfema, eran abandonados por los mismos Gules que aun conservaban la mente intacta.
Esa era la forma de castigar a los Gules que habían perdido el control, los dejaban a su suerte, perdidos en su mente primigenia mientras roían huesos podridos en los cementerios, sin embargo, a ella no le interesaba, prefería mil veces terminar convertida en una carroñera perdida en su mente animal, que dejar que su dolor la consumiera para siempre.
Por lo que, conteniendo el infierno de su hambre, no se permitió moverse de su lugar, si lo hacía perdería todo el control que había ganado esos tres días en los que llevaba aguantando comer la carne fétida.
Tres días en los cuales ni Griffin o cualquiera de los demás se habían dignado en aparecerse frente a ella, Joanna sabía que estaban demasiado ocupados formando un plan para su siguiente ataque, o, porque simplemente Griffin se los había prohibido, como una forma más para castigarla, después de todo, había decidido renunciar a su r**a por amor, estaba claro que su creador no la perdonaría tan fácil, al menos no después de hacerla lamentarlo, ese era Griffin, un ser de infierno, como lo era ella y que, ahora podía entender, por ese hecho era que los problemas habían comenzado.
Su estómago gruñó, era doloroso y enloquecedor tener hambre, llevaba tres días consolándose a sí misma al comerse los dedos de sus manos, los que apenas volvían a crecer cuando ya los estaba cortando con sus dientes una vez más, Joanna estaba consciente que no podía seguir así, por lo que, tomando las ya casi vacías fuerzas que le quedaban se puso de pie del hueco en el que se había acomodado a sentir su miseria para moverse al fin, pasó por encima del torso putrefacto con toda la pena de no poder aunque fuera mordisquearlo un poco, para sentir en sus dientes y lengua la textura de la carne, sin embargo, con las piernas frágiles pegó la oreja en la puerta, quería saber que decían sus compañeros, pero, no pudo escuchar ni olisquear su aroma, al menos de algunos cuantos, pues, ahora sabía que habían salido a cazar, Griffin estaba claro que había ido con ellos, era el líder por el momento, él debía imponerse sobre los demás, por lo que la idea en la mente de Joanna se reforzó.
Se marcharía, no dejaría que ni Griffin ni Chariose la tuvieran como trofeo de guerra, por lo que tomando el riesgo avanzó hacia el enorme hueco en la pared de la destruida habitación, asomó la cabeza por él mirando la noche y la altura, sintió un escalofrió recorrerle la espina, tendría que saltar, y esto no representaría problema si siguiera conservando su fuerza, ahora sabía que la caída le causaría retrasos, sabía que no la mataría pero, lo que menos quería era lidiar con una pierna o un brazo roto, pero ahora no podía pensarlo demasiado, el dolor no era obstáculo, así que, quitándose el harapiento saco de papas que todavía cubría su lánguido cuerpo flaco lo arrojó al suelo, así al menos podría despistar a los gules por un tiempo, dejaría su olor allí, se abrazó la desnudes con los lánguidos brazos flacuchos, sintiendo el aire colarse por cada centímetro de su piel, la que ya comenzaba a sentir acartonada y seca al contacto de sus dedos mientras miraba el tono verdoso que le pigmentaba las manos y los pies, sabiendo que su transformación comenzaba, Joanna tragó saliva con dificultad y sin pensarlo demasiado, se arrojó en caída libre tres pisos, cerró los ojos a metros del suelo y dejó que el dolor la recorriera completa, no dejó que ni un gemido escapara de sus labios, se lo guardó muy dentro cuando intentó incorporarse, más resignada que otra cosa, comprobó la herida en su cabeza y el tobillo roto, la caída como era de esperarse le cobró factura, pero, agarrándose de la pared roída miró hacia arriba, mirando si el solo ruido de su cuerpo estrellándose estrepitosamente en el suelo había sido lo suficientemente fuerte como para haber llamado la atención.
Miró luego la noche, las calles oscuras se extendían abandonadas y silenciosas para ella sola, por lo que, en una evidente cojera y, con las ganas de desaparecer constantemente en la mente, avanzó desnuda y vulnerable, al menos, si Griffin y Chariose querían pelear entre ellos, Joanna no quería que lo hicieran con ella en medio.
Si tanto la deseaban, era justo el momento necesario para desaparecer.