Nebulosas venenosas

3140 Palabras
El castillo era un caos, los nobles corrían por los pasillos intentando encontrar la seguridad que brindaban las murallas del palacio, así como cualquier súbdito que necesitara cualquier ayuda, sirvientes ajetreados y médicos atendiendo a los heridos inundaban cada centímetro de cada corredor o salón, la noche era pesada y olía a muerte, la histeria era ama de los más débiles, mientras Enith, corría por los atiborrados pasillos intentando encontrar una cara conocida, las noticias de la fallida ejecución ya se habían esparcido como pólvora, sin aliento y con el corazón martillándole en la garganta corría esquivando cuerpos, concentrándose en no fijarse en la sangre de los desafortunados nobles o súbditos que habían sido alcanzados por la maldad de Griffin, Enith se pasó la lengua por los labios resecos doblando en un largo pasillo, para toparse de frente a un Chariose que regresaba de la pelea, ella se quedó de piedra mirándolo ser seguido por sus generales, visires, emisarios y aliados, la pelinegra pudo comprobar el fuego emanando de los ojos del rey como cascadas incandescentes, sabía que estaba colérico, lo entendía, Griffin había hecho una osadía y se había salido con la suya, se había llevado a Joanna con él, la modelo esperó a que el rey se acercara más, mientras su mente accionaba a la gravedad de lo que estaba pasando, el malvado Gul se había hecho de Joanna, Chariose debería estar enfurecido, sin embargo, un alivio invadió el pecho de Enith, “ella” no estaba muerta, Joanna había logrado escapar del fuego, algo en la modelo se remolinó, volvía a sentir como su mente y corazón se enrollaban uno sobre otro, pues, aunque mucho odiara a Joanna, no deseaba su muerte, no después de lo que ahora sabía le había pasado, el remordimiento que le causaba la culpa la acosaba mientras Chariose la pasaba de largo tan alto y poderoso como solo él era, apretó los dientes jadeando, mirando con ansiedad la espalda ancha del rey mientras seguía hasta su sala de juntas, luego, unas manos amables la tomaron por los hombros distrayéndola. -Bowie-, susurro el nombre del general, el que lucía sucio y mallugado pero completo, como todos, había estado en la zona de guerra, Enith parpadeo mirando a su amigo con ojos de desconcierto -ella, Joanna… ella…- Bowie se secó la frente sudorosa llena de hollín con una mano. -Regresa a tu habitación-, dijo él comenzando a caminar por el pasillo, no podía perder tiempo con Enith -por favor resguárdate, todavía es peligroso-. Masculló el general perdiéndose en apuros. -Pero, ¡Bowie! – Pero el general hizo oídos sordos, lo miró avanzar casi corriendo, Enith apretó las manos en puño en frustración, no dejaba de sentir que lo que estaba pasando era por su culpa, el escozor de sus uñas clavadas en su palma la hicieron gemir de rabia, si tan solo hubiera sido amable con Joanna aquella noche tan fatídica, quizás, eso no estaría pasando, se daba cuenta que, si bien no pudo controlar las acciones de Chariose esa noche en la que todo comenzó, si pudo haberle brindado un consuelo a la que fue su amiga en ese tiempo. Enith apretó los labios mientras escuchaba a su dama llamarla, luego de buscarla entre el gentío. -Señorita Enith, no escape de ese modo, es peligroso-. Dijo sin aliento la muchachita, Enith se giró a mirarla con los ojos entrecerrados y las palmas humedecidas por la sangre causadas por las heridas de sus uñas. -No puedo estar encerrada en mi habitación como una estúpida dama en apuros-. Dijo la modelo apretando los labios, su dama soltó un cansado bufido, Enith se giró caminando rumbo a la sala de reuniones, no quería quedarse así, por lo que con su dama quejándose tras ella, Enith avanzó corriendo por los pasillos, en su mente, repasaba una y otra vez el recuerdo de una Joanna completamente aterradora, su piel se estremeció rememorando la sangre manchando sus manos y sus labios, la fiereza de sus ojos y el cadáver espantoso de Lydia en sus pies, luego, un complejo la poseyó, Joanna se había convertido en una criatura poderosa, mística y exótica, muy a la par de Chariose, quien era todo un rey guerrero, no pudo evitar sentirse muy por sobre debajo de ellos, como ahora entendía muy para su pesar, que siempre había estado. Enith silenció a Bonny cuando ambas llegaron a las puertas entreabiertas de la sala de reuniones, de ella emanaba el olor a azufre y sangre, la sirvienta arrugó la nariz mientras que Enith se sorprendía por lo natural con lo que estaba recibiendo aquellos olores de la guerra, pero, estaba decidida a pegar la oreja en la puerta para poder encontrar algo que pudiera ayudarla a hacer algo más que solo esperar en su habitación, no se quedaría escondida como una rata, no cuando todo se trataba de Joanna. Dentro era un descontrol, los generales hablaban atropelladamente entre ellos, mientras un muy encolerizado Sócrates, blasfemaba contra Griffin, lo quería muerto, había acabado con su legado, el general estaba claro que le pedía la cabeza del demonio en una charola al rey. El interior estaba en penumbras, solo era tétricamente iluminado por la mesa holográfica del centro de la sala, que proyectaba con luz verde un mapa completo de Radu, Chariose recargaba las palmas sobre la mesa, mirando con ojos enloquecidos todo el mapa, buscando algún posible lugar para atacar, en sus ojos la sed de sangre era palpable, Zigor, se acercó a un oído del rey para susurrarle, haciendo que los ojos amarillos, brillantes como los de un gato, miraran con la rabia tatuada en su rostro ensangrentado a uno de sus visires, Jano puso la espalda recta cuando se encontró con los ojos de infierno de Chariose, un escalofrío los recorrió a todos de solo mirar la expresión aterradora del rey, para después rodar los ojos hacia Bowie quien apretó la quijada con fuerza. - ¡Quiero a toda mi puta armada tras esos hijos de perra! -. Aulló el rey silenciando la sala, Zigor se acopló tras el rey con su mano buena tras la espalda, mientras Nélida ponía las manos en jarras acercándose a la mesa holográfica para mirarla con detalle. -Alteza-, habló con valentía uno de los generales de Chariose, un hombre maduro de grueso pelo n***o quien respondía al nombre de Cornelius Aguasclaras, un hombre bien forrado en músculos, quien no solo había ido a la conquista con Chariose, sino que también, había sido anterior general principal de la guardia del sol, en el reinado del padre del rey -me temó que Radu necesita más hombres para afrontar esta amenaza-. Dijo mientras Sócrates con lágrimas de ceniza pintando sus mejillas, intervenía. -Es necesario que tengamos cuanto antes hombres, quiero arrancarle la cabeza a ese monstruo y a su puta con mis manos-. Los ojos del capitán brillaban sin alma. Chariose apretó las manos mirando a sus hombres, luego se dirigió a Zigor. - ¿Cuánto tarda la respuesta de mis aliados? -Preguntó, pero Jano interrumpió, poniendo los brazos en la espalda mirando a su soberano con seguridad. - Su majestad-, dijo -si me permite, estamos en crisis, creo saber que los aliados acudirán a su llamado tan pronto como usted lo pida, pero…- una gruesa gota de sudor se escapó de las cienes del anciano. -Que-. Masculló secamente mirando al anciano, quien había osado con interrumpirlo. Hubo un incómodo silencio, el que fue interrumpido por una voz adicional. -Necesita arreglar un matrimonio alteza-. Sorpresivamente apareció la segura voz de Nélida, quien miró al rey cruzada de brazos, el broche verde de su familia centelló esmeralda contra la luz del holograma, Chariose entreabrió los labios. -Así es su majestad-, prosiguió Jano -sus aliados necesitan ver a Radu fuerte, con la capacidad de derrotar a quien sea para poder aliarse con un país poderoso, así, su llamado será escuchado y abra quien quiera sumarse-. Finalizó haciendo que el silencio reinara, jamás en todo el reinado de Chariose se había sopesado aquel arreglo, sin embargo, estaban todos consientes que los tiempos ameritaban cambios necesarios. Chariose se relamió los labios. -Bien-. Musitó mirando a su visir más experimentado -Entonces necesito que eso se arregle de inmediato, ve y encárgate tú-. Pidió el rey, Jano se limpió su frente sudorosa. -Si me permite alteza-, interrumpió el emisario de Rhein -solo hay un reino que es solo un puesto más bajo que Radu-, dijo, Bowie se llevó una mano a la frente, consciente que eso traería problemas personales al emperador, Chariose miró a su emisario -y ese es el reino de Yulum-. Sentenció apuntando con una mano extendida a Nélida quien irguió la espalda, su mirada verde se estacionó en los ojos dorados de Chariose, quien miró a la mujer con poderosos ojos de felino. Chariose frunció los labios con irritación, en realidad toda esa faramalla le importaba un cuerno, quería resolver la guerra a la brevedad. -Si no hay reclamos, entonces que así sea-. Chariose no apartó los ojos de Nélida quien asintió con la cabeza con aires solemnes, en medio de una media sonrisilla satisfecha, luego, el rey se afanó en dar indicaciones, no solo a sus generales, sino también a Nélida, quien debía hacer un llamado a “la armada de arena” de Yulum, era de extrema importancia que los guerreros fueran traídos, mientras que, los emisarios se encargarían de convocar a las demás naciones, Chariose no era estúpido, y sus visires tenían razón, él haría lo que fuera con tal de ver la cabeza de Griffin adornando las puertas de su palacio, la guerra estaba tocando a su puerta y se arrojaría con todo lo que tenía para derrotar a su enemigo. -Ahora-, Chariose tronó despidiendo a sus hombres -largo-. Dijo y de inmediato todos se pusieron en marcha, pero mirando a la mujer de rubios cabellos de sol, se dirigió a ella; - Usted no Lady Nélida-. Masculló, ella se frenó reverenciándolo, regresando a Chariose, Bowie les echó una última mirada recelosa antes de dejarlos solos. La tensión invadía el ambiente, pero, ambos tenían claro que era por los ánimos de la batalla. -Estoy a sus órdenes alteza-. Ella puso los brazos a los costados mirando a Chariose con ojos intensos. El rey se cruzó de brazos con fuego, Nélida se relamió los labios mirando el cuerpo cruel que estaba frente a ella. -Debe saber…- -Alteza-, lo interrumpió insolentemente la chica, Chariose frunció el entrecejo al mirar el rostro femenino que dibujaba una sutil sonrisilla -perdone, pero, no debe inquietarse, esto es por meros fines políticos, lo se…- ella agachó la cabeza con lentitud para después levantarla y mirar con un destello en sus ojos el rostro mallugado del rey, Chariose entornó los ojos interesado -además, le aseguro que no se decepcionará, yo misma puedo pelear, como sabrá, los altos mandos de la familia de Yulum entrenan a todos los descendientes por igual, no necesitará cuidarme, al menos yo podré cubrir su espalda-. Ella se recargó contra la mesa donde el holograma se proyectaba. Chariose apretó la quijada, quería terminar pronto, la mirada astuta de la mujer lo desesperaba. -Que así sea-. Dijo y Nélida estiró más sus labios al mismo momento en que se despegaba de la mesa para acercarse un paso, Chariose la miró muy por debajo de él. -No lo decepcionare alteza-, la mirada de la mujer destelló con lo que Chariose pudo reconocer como anhelo y, sobre todo, ambición -ansió servirle y, cumplir con mi deber como esposa también-. Chariose la miró con un sutil gesto torcido, pero dejó que ella continuara -además-, Nélida parecía seductora -los soldados de arena lo obedecerán, siempre y cuando usted-, le dio una reverencia -aseguré la estabilidad de Yulum-, Chariose casi sonríe de genuina diversión, estaba claro que Nélida no haría lo que le pidieran sin esperar nada a cambio, la princesa se relamió los labios. - ¿Es una advertencia Lady Nélida? – Chariose levantó una ceja blanca. La atractiva mujer sonrió con aires inocentes. -No pondré a la armada más poderosa de Yulum a pelear contra demonios por nada, alteza-. Ella fue tajante, concisa, sabía que Chariose no podía negarse, estaba hambriento de venganza, pondría las piezas sobre la mesa ahora o nunca. Pero Chariose, lo esperaba, no era raro que situaciones parecidas surgieran, era una guerra, todo estaba permitido y había quienes, claro estaba, tomarían provecho, era política y, Chariose estaba más que consciente, además, Nélida le estaba dejando clara la inestabilidad de Radu, lo que al soberano le retorcía las tripas de rabia, sin embargo, se limitó a hacerle una reverencia educada sin asegurarle nada, era el rey, él había conquistado a Yulum, la segunda nación más poderosa después de Radu, no tenía por qué. -Seguro que así será princesa-. Chariose llamó a Zigor quien apareció de inmediato reverenciándolo -Acompáñala a su habitación, tiene trabajo que hacer-. Chariose entrecerró los ojos a la chica, consciente que ella sería un problema más adelante, la mujer era astuta, él podía notarlo en su mirada despierta y hambrienta de poder. -Un honor servirle-. Nélida le hizo una nueva reverencia saliendo de la sala, con Zigor pisándole los talones, dejando de nuevo solo al soberano, quien apretó la quijada con tanta fuerza que casi se rompió los dientes. Sin embargo, no había tiempo para descansar, tenía mucho por hacer y no dejaría que los problemas que aún no se presentaban se apoderaran de su objetivo, debía enfocarse en los problemas que tenía ya, quería a Joanna, la necesitaba de vuelta en su poder, Griffin no tenía el derecho de volver a quitársela, ella era suya, siempre lo había sido y no permitiría que se quedara en las garras de ese demonio que lo único que había hecho era joderle todo. Apretó los puños mirando la ventana abierta de la enorme sala silenciosa, caminó hasta la ventana para mirar el humo de su ciudad, la ira subió por su pecho, estacionándose bien hondo en su ser, hasta que el rechinido de la puerta de entrada del espacio le hizo girar su cabeza tan rápido como una fiera, de pronto alerta de que alguno de sus enemigos, o el propio Griffin osaran de nuevo aparecer, pero, en lugar de encontrarse con unos ojos crueles, se topó con la mirada consternada de Enith quien entró cerrando la puerta tras ella, parecía que había estado llorando a juzgar por sus ojos irritados e hinchados, eso era lo más probable, Chariose enfocó sus ojos en el rostro atractivo de ella, imperturbable comprobó como la modelo se le acercó peligrosamente, él no tuvo ganas de ordenarle que se marchara, la conocía a la perfección, sabía que ella se quedaría hasta que lograra cumplir su propósito. -Se que es imprudente venir así-, Enith levantó la cabeza para mirar a Chariose, el corazón de la modelo se sacudió mirando muy por sobre ella, el rostro lastimado del rey -pero yo…necesito que usted me aclare…- Ella se remolinó, Chariose intuyó de inmediato a lo que Enith quería llegar. -Está hecho Enith, la situación lo amerita, Nélida es necesaria-. Dijo girándose sobre sus talones para contemplar su ciudad que todavía no se reponía del ataque, sin embargo, escuchó como Enith se remolinó para después, tocar los hombros del rey con suavidad, Chariose sintió como su colera se desplazaba de su corazón a su lengua, haciéndolo girarse hacia ella para apartarle las manos de encima. -No tengo tiempo para esto-. Le sacó las manos, hiriéndola, ella se mordió los labios parpadeando, Enith estaba frustrada, no solo tenía que lidiar con Joanna, sino también ahora con Nélida, a quien se había topado por los pasillos, luego de esconderse para evitar ser vista por los generales y demás hombres que en un primer momento estaban en la sala de reuniones, estaba siendo desplazada por jugadoras más hábiles que ella, o al menos por Nélida, de quien sabía, ahora debía cuidarse, sus ojos de víbora y su sonrisa bípeda la sorprendieron cuando ambas se miraron a los ojos. -Entonces es inevitable que usted no se case-. Enith tembló sutilmente sintiéndose estúpida, pues, pese a que Chariose tendría que casarse con fines políticos, había algo en lo que ni Nélida y ella podían competir, y eso era, en el amor verdadero que Chariose sentía por Joanna, quien ni siquiera se tenía que esforzar para tener a un rey a sus pies, pero, aun tenía una última jugada por hacer. - No tengo porque hablar esto contigo…- - ¡Entonces, si es inevitable! -, lo miró a los ojos, él vio su exaltación repentina - ¡Tengamos sexo! - Gritó Enith con los ojos humedecidos y los puños cerrados. - ¿Qué? - -Se que su corazón pertenece a…- Enith no pudo nombrarle, le dolía decir su nombre -otra-, lo miró con poderosos ojos chocolate -pero, si pude tener sus labios, aunque sea una vez déjeme tener su cuerpo-. Enith no paraba de hablar, sus sentimientos tomaban control de ella. -Enith-. - ¡Acuéstese conmigo alteza! Por favor-, las lágrimas escaparon de los ojos de Enith, ella no pudo hacer nada ante el desborde de sus sentimientos -sea mío, aunque sea una vez en la vida-. La modelo se arrojó sobre Chariose, lo volvería a besar, lo necesitaba, ansiaba sentir alguna vez que podía pertenecerle, no solo a Joanna, ella no podría tenerlo todo para ella, ya no quería esperar más tiempo, había intentado ser prudente, sensata y paciente, pero, ahora no podía permitírselo, Enith estaba enferma de poder y celos, ya nadie más la alejaría de su cometido, pero, Chariose la detuvo a centímetros de su cuerpo reteniéndola por los hombros, haciendo que ella abriera los ojos tan grandes como su cara. - ¿Por qué? -Escapó de los labios temblorosos de Enith luego del rotundo rechazo. -Basta, para ya Enith-. Las palabras de Chariose se clavaron en el corazón de la modelo tan dolorosamente que sintió que todo se desmoronaba dentro de ella, combinándose tristemente con el sentimiento de culpa que reapareció para masacrarla, Joanna la miró muy dentro de su cabeza, en la ilusión de su cerebro la miró mirándola con la misma expresión de la noche en la que había acontecido el principio de todo, secando sus labios se quedó sin aliento, recordando una vez más lo que le pasó a Joanna de los labios crueles de Griffin, tuvo destellos de lo que pudo haber estado sufriendo mientras ella, egoístamente había celebrado que Chariose la sacara de su vida esa noche, las lágrimas salieron de los ojos marrones como cascadas, su resentimiento y su ira, eran apañados por la poderosa culpa que la estaba comiendo desde dentro. Chariose la soltó, ella se quedó helada mirando los ojos dorados con letargo. Enith se silenció, estaba más que claro para ella que, había perdido.
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