Sorpresa indirecta

1831 Palabras

No sabía qué hacer. Existían mil probabilidades distintas de qué podría pasar al confesarle a Carter mi estado. Le di tantas vueltas al asunto en mi cabeza que me mareé una y otra vez, y ahora no por el embarazo, sino por la jaqueca. Era una bobería, las pruebas de sangre jamás mentían, pero a veces sí suele suceder en un cinco por ciento de los casos, y yo, aunque estaba un poquito feliz, quería hacer parte de ese minúsculo porcentaje. Compré dos test en la farmacia más cercana y me encerré en el baño de mi habitación, mis padres habían llegado, así que intenté actuar de manera sigilosa. Un sollozo escapó de mi garganta al ver las dos líneas rojas en cada test. No era un pecado, yo ya tenía dieciocho años y —dentro de lo que cabía— era una mujer exitosa y capaz de independizarse, aunque

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