Aria —¡No puedo creer que hayas encontrado un sugar daddy! —Fiorella se echó a reír mientras limpiaba una mesa. —¡No es un sugar daddy! —protesté, sintiendo el calor subir a mis mejillas—. Es un trabajo legítimo. Julio, concentrado en la preparación del menú del día, soltó una risita. —Un trabajo legítimo... con un millonario guapo y tatuado —comentó sin levantar la vista de sus verduras. —Les estoy explicando esto porque quiero que sepan que podré pagarles sus salarios —intenté sonar profesional. —Aria —Julio dejó su cuchillo y me miró seriamente—. Sabes que no estamos aquí por el dinero. Nos ayudaste cuando más lo necesitábamos. Ha pasado una semana desde que empecé a trabajar con Lucien. Según Eli, está en Londres, aunque honestamente, me importa poco. También ha pasado una seman

