Aria Me quedé mirando la espalda de Lucien mientras desaparecía por el pasillo, intentando ignorar el nudo que se había formado en mi estómago. El aroma a vainilla y caramelo del Crème Brûlée en preparación llenaba la cocina, mezclándose con la tensión que flotaba en el aire. —¡Lu! —la voz alegre de Eli rompió mis pensamientos. Se lanzó a los brazos de su hermano, quien acababa de regresar a la cocina—. ¿Cuándo llegaste? —Hace unos minutos —respondió él, revolviendo el cabello de su hermana con un cariño que contrastaba con su habitual frialdad. Eli miró entre nosotros, sus ojos astutos evaluando la situación. —¿Todo bien? —preguntó, arqueando una ceja. —Todo perfecto —me apresuré a responder, concentrándome en batir la crema con más fuerza de la necesaria. —Por cierto, Aria —la vo

