Días después —¿Estás segura de que es una buena idea? —cuestiono a Giselle no muy convencido de lo que haremos. —No, pero es lo único que se me ocurre. —Perfecto, si Kalet sale herido tendrás que recompensármelo —le advierto. —¿Y por qué a ti? —se queja chasqueando la lengua. —Porque yo soy su jefe y me afectará no tenerlo a mi lado —veo como frunce el ceño y cruzando sus brazos sobre su pecho me mira con severidad—. Le llamaré a Scarlett —musito, tomando mi teléfono antes de que mi esposa comience a discutir. —¿Le puedo ayudar en algo, jefe? —inquiere la rubia del otro lado. —Sí, necesito que vengas a mi oficina, es un poco urgente —corto, lo llamada—. Espero no tener dos bajas en mis empleados. —¡Nathan! No seas tan pesimista, ellos necesitan hablar y estoy segura de que una vez

