—¿Cómo que recompensarlo a él? —la cuestiono con un rastro de celos de solo imaginar algo entre mi esposa y mi amigo. —No de la forma en que estás pensando, degenerado. Le prepararía una deliciosa cena como las que le hacía cuando vivíamos juntos. —¿Y por qué a mí no me has preparado nada en todo este tiempo? —Será porque cierto hombre no me deja salir de la habitación en cuanto llegamos a la casa —responde, rodándome los ojos—. Me parece que Scarlett está llorando. —Por lo menos siguen vivos. —Creo que lo mejor es que los dejemos solos por un par de horas. No creo que se vayan a lastimar —reflexiona Giselle, no muy convencida, pero tomándome de la mano para salir de mi propia oficina. Kalet Renard Con pasos desgarbados subo a la oficina de Nathan y cuando llego a su piso miro con

