En cuanto llego a la casa, entro con prisa, topándome de frente con mi nana, quien me mira con el ceño fruncido y los brazos cruzados, lista para darme una reprimenda. —¿Qué sucede, Nathan? ¿Por qué…? —Ahora no, nana. Más tarde hablamos —la corto, mientras subo corriendo las escaleras hasta llegar a mi habitación y entrando como un bólido—. ¿Giselle? —pregunto con una calma que no siento en este momento—. ¿Estás aquí, cariño? Cierro la puerta detrás de mí y aunque una parte egoísta de mí, deseaba verla acostada en la cama y llorando, nada me prepara para verla en el clóset con una maleta a su lado al tiempo que llena un bolso de mano con unas cuantas prendas. —¿Q-qué haces? —inquiero, tragando el nudo que se ha formado en mi garganta. Sin mirarme, continúa guardando un par de prendas

