DAMIÁN JONES Llegué y entré, eso era lo mejor de vivir solo, nadie estaba allí para molestarme y reprocharme cosas. Me senté en el sillón y prendí la tele. Mi teléfono comenzó a sonar. — ¿Hola? —dije al atender. — ¿Dónde estabas? —me preguntó. Me tensé al escucharlo. —Haciendo unas cosas —contesté. —Bueno, no importa. Llamo para decirte que el viernes tenemos una fiesta muy importante a la que debemos ir los dos. — ¿Es necesario Víctor? —Muy necesario Damián, necesito que la sociedad te vea como el futuro heredero de la firma. Tienes que estar ahí. Recordé lo de la cita con Ginebra y maldije por lo bajo. Suspiré levemente. —Está bien, no me queda otra. ¿Dónde estás? – le pregunte. —Mañana llegó, estoy en Paris. —Mañana te llamo. —Okey, adiós. —Adiós —dije y colgué. Al día sig

