Me desperté a causa del maldito despertador que Oliver me había obligado a tener. Giré sobre el colchón y estiré mi mano para apagarlo. Volví a girar para mirar al techo. Mi cabeza se estaba partiendo, si no me equivoco logré dormir lo mismo que nada. Toda la noche mi conciencia se encargó de que mi persona se sintiera verdaderamente mal. Me levanté y me dirigí al baño. Me di una ducha rápida y salí para cambiarme. Tomé un poco de café y salí en mi moto para otro maldito día en ese infierno. Recordé que hoy es la maldita fiesta de mi padre. ¡Demonios, nada podía ser peor! Llegué y me encontré con Oliver y James esperándome para entrar. Sin quitarme las gafas me acerque a ellos. James me miró bien. —Uuuh, esa es cara de haber tenido mal sexo —aseguró —Te equivocas James, esa es cara de

