DAMIÁN JONES —Imagino que tienes una buena razón para despertarme tan temprano —dije adormilado y rabioso por el sueño robado por mí amigo. — ¡Sí que la tengo! ¡Es martes y tienes que llegar a todas las clases! —respondió Oliver recordándome mis deberes. — ¡Ya estaba despierto! —mentí. —Sí, lo que tú digas Damián —dijo Oliver. Lo escuché subirse a su auto —Recuerda que tenemos clase con la Sra. D, así que saca tu culo de la cama y muévete. Tienes exactamente 20 min. Pasaré por tu casa, más vale que te vea sobre tu moto con unas enormes gafas negras para que tapes la resaca que debes tener y dirigiéndote hacia la institución a la que tú, con tanto cariño, llamas el purgatorio en la tierra. —Prácticamente ya estoy en la moto —respondí huraño. —Por lo menos péinate y arréglate un poco —

