ALEXIA. - ¡Más fuerte! -rugio Karlos desde la esquina. El sudor se deslizó lentamente por mi frente, mis músculos ya empezaban a sentirse adormecidos. Un suspiro de resignación se escapó de mis labios. ¿En qué momento fue buena idea pedirle este favor a Karlos? Junté toda mi fuerza de voluntad para hacer funcionar mis piernas. Me acerco a él, manteniendo la postura de defensa, con los puños en alto. Él se abalanzó sobre mi, pero logré exitosamente esquivarlo, lanzandole un golpe en el costado izquierdo. Cae doblado sobre sus rodillas maldiciendo, lo que me hace reír. Aprovecha mi distracción para enganchar su pierna sobre las mías y tirarme al suelo, haciendo fuerza sobre mi para inmovilizarme. - La lección número uno es nunca le des la espalda a tu oponente, y nunca jamás bajes la g

