ALEXIA.
Lo analizo de arriba a bajo. Se ve algo desaliñado, una creciente barba adorna su rostro. Debajo de sus ojos se marcan unas ojeras. El cabello está algo alborotado. ¿Yo hice esto? Se me estruja el corazón.
- Aiden -comienzo hablando. Mi voz es un susurro.
Me acorrala contra la pared, colocando sus manos a cada lado de mi cabeza. No me toca, pero esta tan cerca que puedo imaginar el roce de su piel. Su intensa mirada no se despega de mi, su gesto es serio. Trago en seco.
- Alexia, ¿qué es lo que quieres de mi? Dímelo, por favor -su dulce aliento roza mi cara.
Tomo coraje, recorro con mis manos su fuerte pecho hasta llegar a su rostro, acunandolo. Él respira entrecortado.
- Aiden vengo a pedirte disculpas por cómo reaccioné. Me dejé llevar por los crueles comentarios de Katya -me disculpo con él, porque sé que mi comportamiento no fue el adecuado.
Inclina su cabeza, apoyándola en mi hombro. Sus ojos están cerrados.
- Dime entonces qué quieres de mi -me pide en una suplica.
- Quiero estar contigo, no importa qué. No nací para ser una Luna, pero aprenderé a serlo, si eso significa estar al lado tuyo -siento que suspira, aun con su rostro oculto entre mi pelo. -Aiden quiero ser tuya, en todos los sentidos que existen -declaro firme.
Levanta su cabeza, clavándome la mirada. Destellos dorados cruzan por sus ojos, y sé que su lobo está tomando el control. Aún sigue con sus brazos sobre la pared, acorralandome contra su cuerpo. No me toca, la tensión me está matando.
Acerca su rostro, rozando su nariz sobre mi cuello. Doy un respingo.
- Alexia De Santis, me has hecho sufrir estos putos cinco días, no te imaginas como -sube sus labios por mi cuello hasta mi oído. -Pero no te das una idea de todo lo que te amo mujer -muerde suavemente el lóbulo de mi oreja.
Su declaración me hace temblar las piernas, el corazón me empieza a latir aceleradamente. Una de sus manos recorre suavemente mi costado, hasta llegar a mi pantalón, ubicándose en la parte de mi sexo. Me da un suave pellizco, una corriente eléctrica recorre mi cuerpo.
- Aiden -le suplico.
- Sh, te haré sufrir para que tengas un poco de tu propia medicina cariño -me susurra.
Sus dedos comienzan un suave baile sobre la tela de mi pantalón, torturandome lentamente. Jadeo en busca de aire. Mis piernas tiemblan por lo que tengo que agarrarme de sus hombros para sostenerme. Su boca besa mi cuello, dándome pequeños mordiscos.
Aumenta la velocidad de sus dedos sobre mi, un calor intenso empieza a formarse en mi centro. Este hombre va a llevarme al límite de la locura.
Cierro los ojos y tiro la cabeza hacia atrás, golpeando con la pared. Dios mio, esto es una tortura, lo necesito dentro de mi.
- Quiero escucharte decir mi nombre nena -da un suave tirón sobre la tela.
- ¡Ah, Aiden! -gimo. - Por favor, te necesito -suplico con la voz entrecortada.
- Todavía no preciosa -me castiga, sus dedos bailando sobre mi.
Masajea, tironea y pellizca sobre la tela del pantalón, aumentando la velocidad. Estoy al borde, a punto de explotar. Gruño, porque ya no aguanto más.
Cuando estoy a punto de acabar, Aiden para en seco el tortuoso baile, dejándome con la boca abierta.
- No -gimoteo. -Aiden -le suplico.
- ¿Qué quieres nena? Pídemelo -su voz es ronca, sus ojos están tan dilatados que parecen negros.
- A ti. Te quiero a ti -araño sus brazos, pegando mi cuerpo más a él.
- ¿A mi como? -me desafía.
- A ti dentro de mi. Fuerte y duro -al diablo todo.
Sonríe lascivamente, y siento que acabo de despertar al lobo que va a comerse a caperucita.
- Sus deseos son órdenes mi reina -toma violentamente mis labios, devorandome.
Le devuelvo el beso con la misma intensidad, porque para mi también fue una tortura estar tan lejos de él. Me toma por la cintura, alzándome en el aire para llevarme hasta la mesa. Se separa un poco de mi, para sacarme la camiseta que tengo puesta, dejándome en sosten. Sin perder el tiempo, se deshace de mis pantalones, y quedo sólo en ropa interior. Me recuesta sobre la mesa, con mi trasero en el borde. Se sienta entre mis piernas, su cara quedando a la altura de mi pelvis. Veo sus facciones, sus labios relamiendose. Ay santo dios, lo que me espera.
Clava su mirada en mi y lentamente corre mi braga a un lado, dejando una parte de mi expuesta. Su dedo se pasea por mi monte, provocandome pequeñas descargas. Despacio se acerca y comienza a besarla, latiendo y chupando con delicadeza todo a su paso.
- ¡Ah, dios! -gimo, tirando la cabeza hacia atrás. Con una mano apreto uno de mis pechos, y con la otra jalo el cabello de Aiden.
- Mm nena, sabes tan delicioso -se deleita, excitandome todavía más. -Ya estas lista para mi -introduce un dedo en mi interior.
- Siempre -susurro entre jadeos.
Introduce un segundo dedo, acelerando los movimientos, mientras que con su lengua va lamiendo.
Me siento al borde del extasis, y exploto de placer entre gritos y jadeos.
En un rápido movimiento, me coloca boca abajo, mi pecho pegado a la mesa, inclina mi trasero para tener una mejor posición. Desabrocha su pantalón y de una sola estocada entra en mi. ¡Por la diosa luna!
Lo escucho gruñir de placer, muevo mis caderas acompañando sus movimientos.
- ¡Ah nena! -su voz es ronca.
- Más rápido -le suplico en voz baja.
Clava sus manos en mi cadera y empieza a aumentar el ritmo. El sudor aparece en nuestros cuerpos.
Lleva una mano a mi cabello, envolviendolo y tirando de él. Me incorpora sin salir de mi, todavía embistiendome. Una mano en mi cabello y la otra en mi cintura. Siento sus labios recorrer mi cuello, dejando suaves caricias.
- Marcame -le pido en un jadeo. Él duda, pero yo estoy decidida. -¡Hazlo! -le ordeno en un grito.
Saca sus colmillos y los clava en mi cuello, al tiempo que ambos sucumbimos al placer de nuestros cuerpos.
Aiden sale de mi, al mismo tiempo que retira sus colmillos y lame la herida. Retrocede un par de pasos, pero antes de que pueda separarse más, me doy vuelta quedando frente a él y arranco en pedazos su camisa.
Me mira sorprendido pero no menos excitado, su ereccion comienza a crecer de nuevo.
- Todavía no hemos terminado -le anuncio.
Enarca una ceja, medio burlón.
- Gamma no sabia que era tan juguetona -ahí esta de nuevo esa sonrisa sexy.
- Usted provoca eso en mi alfa -le sigo el juego.
De un tirón lo siento en una de las sillas, y rápidamente me subo en él, montandolo, toda la longitud de su m*****o entrando en mi interior. Ahora yo tengo el control. Muevo mis caderas, subiendo y bajando, de un lado a otro. Una de sus manos descansa en mi espalda mientras que la otra acuna mi trasero. Tira la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos.
- ¡Maldición Alexia! -gime, con los dientes apretados.
Aprovecho la oportunidad, acerco mis labios a su cuello y clavo mis colmillos, marcandolo.
Acelero los movimientos sin dejar de morderlo, lo escucho jadear y sus manos se clavan en mi cintura. Esta al borde del clímax, puedo sentirlo. Todo su cuerpo se tensa.
- ¡Ah si! ¡Nena! -acaba gritando mi nombre.
Sonrío satisfecha de haber cumplido mi tarea, deposito suaves besos en su cuello, donde ahora yace mi marca. Rodea mi cintura con sus brazos, apretandome más a su cuerpo, y esconde su cara entre mi pelo.
- Por la Diosa Luna, Alexia. Vas a matarme -susurra aun contra mi.
Río ante su comentario, pasando mis brazos por su nuca y besándolo. Sus labios son dulces y suaves.
Se separa de mi para mirarme a los ojos, su frente pegada a la mía.
- Ahora eres toda mía -sonríe, tocando su marca en mi cuello.
- Siempre lo fui -su sonrisa se ensancha aun más ante mi comentario.
Nos quedamos un momento abrazados, en silencio, disfrutando del compás de nuestras respiraciones. Entonces caigo en la cuenta, de que estamos en la cabaña de su manada.
- Aiden pueden habernos escuchado -le menciono un poco alterada.
Él ríe despreocupadamente, lo que me hace querer golpearlo.
- Preciosa acabo de marcarte y reclamarte como mía, lo que menos me importa es si nos escucharon -mis mejillas arden al rojo vivo.
- ¡Imbécil! -me quejo golpeándolo en el brazo, el ríe aún más fuerte.
- Me encantaría tenerte así todo el día, pero debemos salir de aquí -rompe nuestra burbuja. Le hago puchero, y el me sonríe.
Ambos nos vestimos, aunque Aiden queda con el pecho al descubierto porque su camiseta está destrozada en el piso. Aliso un poco mi cabello para ordenar el desastre que quedó.
Salimos del lugar y, para nuestra suerte, no hay nadie. Miro al rededor par confirmar que no haya moros en la costa, y aparece Camil. Tragame tierra.
Nos mira a ambos, pasa su mirada de Aiden a mi y de mi a Aiden varias veces. Enarca una ceja, divertida.
- Veo que las cosas se arreglaron entonces -comenta llegando a mi lado. -Tienes una manchita por aquí -pasa su dedo por mi cuello, donde esta la marca de Aiden.
Diosa Luna, no podría arder más en vergüenza.
- Ya déjala Camil, no estés molestando -la empuja su hermano.
Camil ríe a carcajadas, y se tira arriba nuestro para abrazarnos.
- Bienvenida a la familia hermana -me da un beso en la mejilla.
- ¿Gracias? -¿Se supone que debo agradecer?
Ella ríe más fuerte aún. Miro de reojo a Aiden, también está sonriendo.
Raoul llega a nuestro encuentro casi corriendo, agitado.
- Alfa lo necesitamos -dice tratando de recuperar el aliento. Éste nota la marca en su cuello y enarca una ceja.
- ¿Cuán urgente es? -Aiden camina detrás mio, con su brazo enroscado e mi cintura, mi espalda pegada a su pecho.
- No vendría hasta aquí si no lo fuera -contesta Raoul.
Aiden suspira, deteniendo el paso. Se gira para quedar frente a mi, toma una de mis manos y le da un suave beso. Sus ojos arden de dulzura.
- ¿Te quedarías a dormir conmigo esta noche? -de todas las cosas que podría preguntar, ¿justo esa se le ocurre?
Carraspeo, aun estamos con Camil y Raoul, los cuales nos están prestando atención deliberadamente.
- Si -le confirmo casi en un susurro. -Pero antes debo pasar por mi casa a buscar ropa.
- Yo te acompaño -interrumpe Camil.
- Me encargaré de esto entonces, y te veré más tarde -sus ojos son una promesa.
- De acuerdo -pasa sus brazos por mi cintura, para pegarme a él y reclamar mis labios.
- No intentes escapar -susurra contra mi oído.
- No lo haría nunca -le guiño un ojo, y él me dedica su mejor sonrisa.
Lo veo desaparecer con Raoul, y suspiro. Lo que este hombre provoca en mí.