Capítulo 18

2403 Palabras
AIDEN. Raoul me guía a través del bosque, adentrándose más y más en la profundidad de éste. Cuando llegamos al lugar tres de mis gammas están esperándonos, y en el suelo desparramados, tres cadáveres de ciervos. La sangre en charcos rodeandolos, un claro corte en cada una de sus gargantas. Aún se siente el olor a la plata en el aire. - ¿Qué estoy viendo? -les consulto, para hacerme con la historia completa. - Alfa, estábamos patrullando cuando de repente sentimos el chillido agudo de los animales. Cuando nos acercamos al lugar ya estaban así -me informa uno de los gammas. Miro a Raoul, tratando de entender la escena. - Se siente el olor a plata en el aire -observo. Él asiente. -¿Sabes lo que significa verdad? - ¿Quieres saber qué opino? -le hago un gesto para que continue. -Esto claramente parece una amenaza. Sino qué sentido tiene matar a estos animales de esta forma -concluye. Entiendo a donde quiere llegar, y tiene sentido. - ¿Crees que los episodios con los Salvajes estén relacionados con los desviados? -sino como explico tantos hechos juntos. - Siento que es lo más probable -concuerda Raoul. Me acerco a los ciervos para observar la herida. Un tajo limpio, hecho con un objeto corto punzante. - Hay que alertar al consejo y a todas las manadas -reacciono. - Raoul llama al beta Karlos y coordina una reunión con todos. Ustedes deshaganse de estos cadáveres, y refuercen el patrullaje. Que sea en parejas, no sabemos dónde se encuentran los responsables de esto, pueden seguir cerca. Estén atentos, y cualquier cosa avísenme -ordeno. - Si, alfa -dicen a coro, y cada uno desaparece en su tarea. Alexia. Mi cabeza vuela hacia ella. ¿Dónde estará? Le envío un mensaje. AI: ¿Por dónde anda mi mujer? AL: En tu lugar, esperándote (: Diosa Luna, esta mujer sabe encenderme con tan solo unas palabras. Me encamino a mi cabaña, acelerando el paso. Ansioso por verla, y sobretodo saber que esta sana y salva. La tarde está terminando, dándole paso a la noche. Al llegar, veo las luces encendidas y su silueta dando vueltas por la casa. Sonrío tontamente. Entro silenciosamente, la veo en la cocina con los auriculares puestos, bailando. Va vestida únicamente con una bragas negras y una camiseta blanca que llega hasta su ombligo. Río despacio, podría acostumbrarme a esta escena. Me acerco lentamente, asegurándome que no me vea. La abrazo por la espalda, pegandola a mi. Da un respingo, dejando caer el celular con los auriculares. - ¡Aiden! -chilla enojada. -Casi me matas del susto. Me río al ver su expresión, y sólo me gano una mirada de odio de su parte. - Nena, ¿qué haces así vestida? -la fulmino con la mirada, deseandola como nunca. Da unos pasos hacia atrás, pegándose contra la barra de la cocina. Sus pezones se marcan en la tela de su camiseta, y puedo oler su excitacion. - Ya te dije, esperándote -susurra inocentemente. Me acerco, arrinconandola. - Mi Luna provocadora, ¿estas segura que quieres despertar a la bestia? -mi voz es ronca, siento como mi m*****o empieza a endurecerse. Coloco mis manos sobre la barra, a cada lado de ella, encerrandola con mi cuerpo. Elimino la distancia entre nosotros, acariciando su cuello con mi nariz. Escucho como jadea, separo sus piernas con una de las mías, paseo un dedo por sus muslos hasta llegar a la tela de su braga. - Si, muy segura -susurra conteniendo el aire. Cierra sus ojos, tirando su cabeza hacia atrás. Una de mis manos sube por su cintura, colándose debajo de su camiseta, llegando hasta uno de sus pechos. Pellizco, retuerzo y jalo su pezon, mientras con la otra mano hago círculos sobre su c******s. Gruñe, pasa sus brazos por mi espalda, arañandome. Santa criatura del señor, no aguanto más. Tomo sus labios con desesperación, invadiendo su boca con mi lengua, explorando cada rincón. Aumento la velocidad de mis dedos, torturandola, ahoga un gemido sobre mi boca. - Aiden por favor -suplica, separándose un poco de mi. Mi mirada se encuentra con la suya, el deseo nos recorre, consumiendo cada parte de nosotros. En un rápido movimiento la volteo, inclinándola sobre la barra, exponiendo su trasero. Maseajeo su cintura y sus nalgas, ganándome un suspiro de su parte. Arranco sus bragas, rompiendolas, y exponiendo toda su belleza ante mi. Lentamente introduzco uno de mis dedos en su abertura, iniciando un lento vaivén, mi otra mano se clava en su cintura regulando la velocidad de los movimientos. Arquea su espalda, acompañando los movimientos de mi mano. - Nena, no sabes cuanto te deseo -susurro en voz baja, concentrado en mi tarea. - Hazme tuya ahora -me ordena con la voz entrecortada. - Paciencia preciosa -planto un suave beso en su espalda. Gruñe con impaciencia, moviéndose contra mi. Siento como todo su cuerpo se tensa, ansiosa por liberarse. Introduzco otro dedo más y con el pulgar froto su c******s. - ¡Ah Aiden! -tira la cabeza hacia atrás, gritando mi nombre. Se libera al compás de mis movimientos, estrechandose en mis dedos. Me deshago de mi pantalón y en un sólo movimiento me adentro en ella, sintiendo sus espasmos en toda mi longitud. - ¡Dios Nena! -gimo, paseando mis manos por su espalda. La embisto con velocidad, con urgencia, con necesidad. Una corriente eléctrica recorre mi cuerpo, el calor aumenta y el sudor aparece, cubriéndonos el cuerpo con una fina capa. La sujeto de la cintura, entro y salgo de ella con lentitud, disfrutando de su estreches. Sujeto su cabello, jalandolo e incorporándola, su espalda contra mi pecho. Se sujeta de la barra, encorvando la espalda. Pego mi boca a su cuello, lamiendo mi marca, dejo al descubierto mis colmillos y los clavo en ella. - Ah, si -gime, tensandose. Su cuerpo quiere liberarse nuevamente, y eso me empuja al borde. Empiezo a aumentar la velocidad, embistiendola con más fuerza. - Vamos nena -nalgeo su trasero con rudeza. -Acaba conmigo. - ¡Ah! -grita, explotando en mí, acabo al mismo tiempo, llenandola con mi esencia. La embisto un par de veces más, vaciando todo mi contenido en su interior. La siento estremecerse a mi alrededor. Me retiro lentamente, nuestros fluidos caen a través de sus piernas. La escucho jadear en busca de aire. Con una toalla suavemente me agacho a limpiarla, secandola. Dejo un beso en una de sus nalgas, y la rodeo con mis brazos, pegando su espalda a mi pecho. - Podría acostumbrarme a este tipo de recibimiento -susurro en su oreja. Ella ríe, agitada. - Alfa pero que exigente -se queja. - Como no serlo con tremendo mujeron -beso dulcemente su cuello, donde esta mi marca. - Mmhm -musita, con los ojos cerrados. -Yo estaba tranquila cocinando y tu me distrajiste. - Podemos retomar esa tarea juntos -la doy vuelta, dejándola frente a mi. Entierro mi cara en su pelo, suspirando. - Bueno pero deja voy a ponerme ropa -se separa de mi, y el vacío que deja su cuerpo me quema. Voy detrás de ella, porque también necesito cambiarme. La veo en el dormitorio, sacar de un pequeño bolso su ropa. Le pediría ya que se mude conmigo, pero es un movimiento precipitado. Me coloco unos vaqueros desgastados y me cambio la camiseta por otra de color oscuro. - ¿Qué estabas cocinando? -le pregunto, al tiempo que la alcanzo en la cocina. - Pollo a la crema con papas al horno. ¿Qué te parece? -lame una cuchara con algo de la mezcla. - Excelente. ¿Qué quieres que haga? -extiendo los brazos. - Puedes pelar y cortar las papas -me ordena. - A la orden señora -ríe, y yo me deleito con ese dulce sonido. El resto de la noche nos dedicamos a cocinar juntos, cenamos y vemos una película. Aunque en realidad la película fue más un sonido de fondo, mientras que yo me dedique a disfrutar del cuerpo y el calor de mi hermosa mujer. Siento la acompasada respiración de Alexia disminuir, por lo que me doy cuenta que se quedó dormida. Aún estamos en el sillón, desnudos, ella descansa su mejilla sobre mi pecho, yo la rodeo con mis brazos. Una gruesa frazada nos cubre, reparandonos del frío. Repaso en mi cabeza todos los hechos del día de hoy; la extraña situación con los Salvajes, el asesinato de aquellos venados, la felicidad de haber recuperado a Alexia y haberla reclamado mi mujer. No sé en qué momento me relajo y me quedo dormido. ~ Me despierta un sonido en la distancia, mis sentidos se ponen alerta. Algo anda mal. Alexia aún esta sobre mí. La despierto suavemente, para no asustarla. - Nena, despierta -la sacudo despacio. Ella bosteza. -Necesito que te cambies. Me mira confundida. - ¿Vas a echarme en medio de la noche? -me fulmina con la mirada. Río ante su ocurrencia, y niego con la cabeza. - Jamás, tu perteneces a mi lado. Pero algo está sucediendo y necesito saber qué -le informo. Rápidamente se incorpora agarrando su ropa, la imito cambiandome. - ¿Qué está pasando? -me pregunta, mientras mira en todas direcciones. - No lo sé, pero algo no anda bien -llego a su lado, abrazando su cintura. -Tranquila, lo resolvere. Mientras, te llevaré a la cabaña de Camil. Allí estarás segura -agarro las llaves del coche y salimos juntos de la cabaña. La noche está silenciosa, demasiado. Agudizo el oído, tratando de encontrar cualquier cosa fuera de lugar. Unas pisadas captan mi atención, pies humanos a una alta velocidad. Dos pares, por lo tanto dos personas, que vienen en nuestra dirección. Alexia también lo identifica, poniéndose alerta. - Aiden -susurra. Puedo sentir su nerviosismo. - Tranquila nena, quédate detrás de mi -hace lo que le digo, cubriéndose. El sonido empieza a incrementarse, viniendo de lo profundo del bosque, cada vez más cerca de nosotros. Ajusto mi visión nocturna, tratando de dar con aquellos visitantes. Un olor desagradable inunda mi nariz, ¡plata! Mi corazón se acelera, suponiendo que son aquellos que asesinaron a los venados. Miro detrás de mi a Alexia, esta inquieta, con su cuerpo pegado al mío. - Alexia -susurro. Su mirada se cruza con la mía. -Toma las llaves del coche y vete -le ordeno. - No -me responde decidida. - Alexia por favor. Vete de aquí -le suplico. Los pasos están cada vez más cerca. - No Aiden, no te dejaré aquí sólo -se aferra a mi brazo, y sé que no podré negociar con ella. En la distancia aparecen dos personas, corren locamente sin sentido, chocandose entre ellas. Son Salvajes, en su estado humano, lo que los hace más peligrosos. Se dan cuenta de nuestra presencia y bajan la velocidad, acercándose a nosotros. - Oh mira Victoria, ¿qué tenemos aquí? -le habla el hombre a la mujer. Ésta frena en seco y enfoca su vista en nosotros. Sus caras están deformadas, sus miradas son desorbitadas. Noto que el hombre tiene un cuchillo en su mano, seguramente de plata. - Un alfa y su dama -susurra la mujer, una maliciosa sonrisa aparece en su cara. -Sabes Alan, podríamos utilizar estas cosas que Sasha nos enseñó a usar -saca un cuchillo de su cinturón. - Si si si si -repite frenéticamente el tal Alan, su lengua cuelga a un costado, revolea el cuchillo en el aire. Alexia se tensa detrás mio. - ¿Qué hacen en estas tierras? -grito hacia ambos. - Ellos ya vienen, por todos ustedes abominaciones -responde la mujer, con la vista desorbitada. -Les haremos el trabajo más fácil matandote a ti y a tu noviecita -ríe frenéticamente, tirando la cabeza hacia atrás. - Alexia -hablo en voz baja, solo para nosotros. -Corre, yo los distraere. - No, ni de casualidad. Los enfrentaremos juntos -sentencia, poniéndose firme a mi lado. Intento conectar con Raoul, abriendo el link entre nosotros. > RAOUL VEN ENSEGUIDA A MI LUGAR, TRAE A VARIOS OMEGAS. > EN CAMINO ALFA. El hombre corre hacia nosotros revoleando en el aire el cuchillo. Intenta acercarse a Alexia pero lo intercepto tirandolo al suelo. Debemos jugar con la ventaja de que son Salvajes y no anticipan sus movimientos, simplemente atacan. Alan vuelve a levantarse, al tiempo que la mujer se acerca a Alexia. Él me tira un puñetazo y con la otra mano intenta apuñalarme, esquivo con certeza sus movimientos, aprovechando su descuido para darle un puñetazo en el estómago que lo deja tendido en el suelo. Alexia se saca de encima fácilmente a la tal Victoria, derribandola y deshaciéndose del cuchillo. Esa mujer me excita hasta peleando, es increíble. Escucho los pasos de varias patas, y sé que Raoul está cerca con los demás. Al parecer ellos también los escuchan por lo que se ponen de pie, mirándose entre ellos y enseguida se dan vuelta para huir. Raoul emerge entre los árboles en su forma lobuna, seguido de cinco Omegas. - Están huyendo, ¡atrapenlos! -les ordeno. Los Omegas corren en la dirección donde se fueron los Salvajes, Raoul se queda con nosotros. > ¿Alfa qué sucedió? me pregunta a través del link. - No lo sé, es lo que quiero averiguar. ¿Cómo es que se filtraron a través del patrullaje? -me acerco a Alexia, verificando que esté bien. Ella me mira, todavía afectada. Logro ver que tiene un tajo en la mano. - ¿Te duele? -la tomo entre mis manos, la herida es superficial, pero al ser plata costará que sane. - No, estoy bien -me tranquiliza. - Te llevaré con Camil, ella la curará -me saco la chaqueta que tengo puesta para pasarla por sus hombros. Me giro hacia Raoul que todavía esta dando vueltas por el lugar, oliendo todo. - Raoul iré a casa de Camil para dejarla a Alexia. Consigueme ya una reunión con el Consejo y las manadas -le indico. > Enseguida alfa me confirma, retirándose. Escucho el acelerado corazón de Alexia, la adrenalina todavía recorre nuestros cuerpos. - Aiden, ¿esos eran...? -deja la pregunta en el aire, sin poder terminarla. - Salvajes, si -le confirmo, terminando su pregunta. - Vamos, te llevaré donde Camil. Salgamos de aquí -la abrazo guiandola hasta el auto. Una vez adentro, conduzco con velocidad hasta la cabaña de Camil. La frase de aquella mujer resuena en mi cabeza dando vueltas. Ellos ya vienen. Pero, ¿ellos quienes?
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