Capítulo 11

1958 Palabras
ALEXIA. Corro con rapidez a través de la oscura noche, Aiden viene pegado a mi lado. El encuentro con el salvaje me dejó un poco alterada, porque sé que algo está pasando pero nadie me dice que es. Le hago una seña a Aiden para que me de privacidad así puedo volver a mi forma humana y cambiarme. Él lo entiende y se retira. Vuelvo a mi forma y me pongo mi ropa, las manos me tiemblan. Regreso al campo donde varios de mis compañeros están de vuelta, susurrando entre ellos. Algunas de mis compañeras también se ven medio alteradas. - ¡Alexia! -me grita Karlos. Lo veo parado junto con el alfa Dante. - Karlos, ¿qué está sucediendo? -el ambiente es tenso. Me acerco a ellos. - Dos gammas se encontraron con unos Salvajes -me informa, aunque eso me lo imaginaba, no era lo que estaba preguntando. - Si, yo también me crucé a uno. Lo que te estaba preguntando es, ¿qué demon... -no logro terminar la frase ya que un casi desnudo Aiden entra en el rango de mi visión. Se acerca a nosotros, su cara deformada, enojado. Solo trae puesto una bermuda de jean, el torso está al descubierto dejándo ver su marcada musculatura. Noto que el grupo de mis compañeras, que hace rato estaban cuchicheando nerviosas, no le quitan la mirada de encima. - Alfa Dante me parece que tenemos que tener una reunión -llega a mi lado, pero no me mira. Le clava la mirada a Dante. Puedo percibir su enojo en el aire. - Estoy de acuerdo Alfa Aiden. Mañana lo espero a las ocho de la mañana en la Mansión -sentencia, y se retira. - Iré a revisar como se encuentra el resto -Karlos se va también, dandonos privacidad. Su ceño está fruncido, pero se afloja un poco cuando posa su mirada en mi. - ¿Estas bien? -su preocupación es evidente. - Si, estoy bien -le confirmo. Enarco una ceja. -¿No tienes un poco de frío? - Ahora mismo no, ¿por que? -no entendió hacia donde apunta mi pregunta. - Digo, porque estas con poca ropa -miro al rededor. Mis compañeras todavía están mirando, aunque un poco más disimuladamente. Ríe a carcajadas mientras niega con la cabeza. Rodea mi cintura con su brazo, pegándome a su cuerpo. - Nena vine lo más rápido que pude en cuanto sentí que algo pasaba contigo. Mi ropa esta hecha pedazos, esto fue lo único que encontré -mis manos encuentran su torso desnudo, un rubor intenso adorna mi cara. Acerca sus labios a mi oído, provocandome escalofríos. - No tienes de qué preocuparte, este cuerpo te pertenece solo a ti preciosa -ahora si siento arder mi cara. - Sh Aiden -lo silencio. -No es el momento ni el lugar. - Vamos, te acompaño hasta tu casa -toma mi mano guiándome hasta el coche. Le doy una última mirada a Karlos, que todavía se encuentra chequeando el estado de los demás. Aiden toma mis llaves, ocupando el lugar del conductor, y lo guio a través de la noche hasta mi casa. - ¿Vas a decirme qué está sucediendo? -lo miro cautelosa. Él no despega la vista del frente. - En realidad no lo sé. Creí que lo que ocurrió ayer había sido un episodio aislado, pero algo más está pasando -me mira de reojo. Asiento, pero no digo más nada. Me dedico a mirar a través de la ventana. - Oye -pone una mano sobre mi pierna y me da un suave apretón. Volteo a verlo. -En realidad no lo sé, pero lo averiguare, te lo prometo. Coloco mis manos sobre la suya y le dedico una breve sonrisa. El resto del trayecto lo hacemos en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos. Me aterra la idea de que el pueblo pueda llegar a estar en peligro, sobretodo por mi abuelo. Él es la única familia que me queda. No soportaría perderlo. Al llegar se estaciona cerca de la entrada. Las luces de la casa están encendidas, quiere decir que Genesio esta despierto todavía. Antes de que lleguemos a la puerta, ésta se abre y mi abuelo sale a recibirnos en pijama. Su cara es de preocupación. Seguro ya se enteró de lo sucedido. - ¿Hija estas bien? -ruedo los ojos. - Si abuelo, tranquilo. Estoy bien -lo tranquilizo. Se acerca a Aiden y le estrecha la mano. - Joven Aiden muchas gracias por cuidar de mi nieta -suspiro. Ni que tuviera quince años. - Señor no hay nada que agradecer. Cuidaré de Alexia el resto de mis días -ay. Las mariposas ya empiezan a revolotear en mi estomago. Estúpido y romántico alfa. - Disculpe el atrevimiento Señor, pero su casa se encuentra alejada del pueblo, lo que no me deja muy tranquilo con respecto a su seguridad. Déjeme ofrecerles a ambos un lugar en mi aldea, allí estarán más que seguros -abro los ojos como platos. Aunque me emociona la idea de estar cerca de Aiden la mayor parte del tiempo, dudo que mi abuelo quiera aceptar. - Le agradezco la oferta joven aunque debo declinarla. Pero le puedo ofrecer que pase esta noche aquí -lo miro sorprendida. ¿Qué dijo? Paso mi mirada de Genesio a Aiden y de Aiden a Genesio. - Lo aceptaré encantado Señor -acepta Aiden. - Por favor, dime Genesio. Pasemos que hace frío -entramos a la casa, se oye de fondo el ruido de la televisión. -Te daré ropa para que te cambies hijo -dice mi abuelo desapareciendo en el segundo piso. Miro a Aiden, quien me devuelve la mirada. Se acerca lentamente a mí, cerciorandose de que mi abuelo no está cerca, y me jala apretandome contra su cuerpo. Esconde su cara en mi cuello, entre mi pelo. - No puedo irme sabiendo que estas tan lejos de mi -dice en un susurro. Respiro el olor de su cabello. - ¿Me permites quedarme? -me pregunta mirándome. Sus ojos son de suplica. Le sonrió. - Claro que si -me apreta más contra él. Escuchamos un carraspeo y nos separamos. - Aquí tienes ropa hijo. Y una almohada y frazada para que te acomodes en el sillón -Genesio le ofrece a Aiden, y éste lo toma gustoso. - Muchas gracias Genesio -le agradece con una sonrisa. Muerdo mi labio. Este hombre no se da cuenta todo lo que provoca en mi. - Si me permiten me iré a acostar, ha sido un día largo. Que descansen -saluda mi abuelo. Me acerco a él para darle un beso en la mejilla. - Descansa abuelo, nos vemos mañana -sube las escaleras y se encierra en su habitación. Lo conozco demasiado como para saber que no está cansado, simplemente quiere darnos privacidad. Más sabe el diablo por viejo que por diablo, dicen. Siento las manos de Aiden en mi cintura, todavía esta con el torso desnudo. - ¿Segura que estás bien? -la preocupación nubla su rostro. Coloco mis manos en sus mejillas. - Estoy bien, sólo fue un susto. Suerte que tengo mi guardaespaldas personal -le guiño un ojo. Me acerca más a él, anulando la distancia entre nosotros, y me besa. Me besa con necesidad, con intensidad, con urgencia. La temperatura va subiendo entre los dos. Sus manos bajas desde mi espalda hasta mi trasero. - Aiden... -besa mi barbilla, mi cuello, mi hombro. -Aiden estamos en la casa de mi abuelo. Cuando digo esto él se separa automáticamente, pero sin soltarme del todo. - Perdón, me dejé llevar -me sonríe de lado, derritiendo me corazón. - Allá a la izquierda hay un baño para que puedas cambiarte -señalo el pequeño cuarto de baño. -Mientras te acomodare aquí para que estés cómodo. Mientras Aiden se cambia de ropa, yo preparo el sillón convirtiéndolo en una cama para que pueda estar cómodo. Miro la hora, y ya casi es de madrugada. ¿En qué momento pasó tanto tiempo? - Una moneda por tus pensamientos -la voz de Aiden me interrumpe. Niego con la cabeza. - Sólo estaba pensando en qué momento se hizo tan tarde. Cuando lo miro, no puedo evitar soltar una risita. La ropa de mi abuelo le queda muy ajustada, tanto que casi parece dos tallas más chica. - ¿Qué es tan divertido? -se burla arrojándome un almohadón. - Definitivamente tienes todo el sentido de la moda -se acerca rápidamente a mi, tomándome desprevenida, y comienza a hacerme cosquillas. Las carcajadas escapan de mis labios. ¡Hijo de su...! - Ya Aiden, para -le pido entre risas. - Te lo mereces por burlarte del alfa -se cruza de brazos, fingiendo estar enojado. - Disculpe señor, no era mi intención ofenderlo -digo en un tono meloso, fingiendo inocencia. - Ahora tendrás que disculparte -entiendo la dirección de su juego, y lo sigo. - ¿Ah si? ¿Y cómo prefiere el señor que me disculpe? -me quito la campera de entrenamiento, dejando a la vista sólo el top que hace juego con el short. La excitacion empieza a crecer en mi, haciendo que se marquen mis pezones en la tela. Las pupilas de Aiden se dilatan, se acerca lentamente a mí. - Si sigue provocandome asi gamma, terminaré faltandole el respeto a la casa de su abuelo -llega frente a mi y me toma por las caderas. - Mmm -muerdo mi labio. - Entonces sólo te haré compañía aquí un rato -por más ganas que tenga, aquí no se puede. Me meto debajo de la frazada y le hago seña para que se acomode al lado mio. Gustoso viene y se acurruca a mi lado. Apoyo la cabeza en su pecho y él rodea mi cuerpo con sus brazos, apretandome contra él. - Sólo un ratito -mascullo. - Como usted mande capitana -deja un suave beso en mi frente. Escucho el rítmico latido de su corazón, y no sé en qué momento, me quedo profundamente dormida. ~ Un rayo de sol se filtra por la ventana, dando directamente en mi cara, despertándome. Me estiro, desperezandome, y me doy cuenta que no estoy en mi cama. Me incorporo, sentándome, buscando a Aiden, pero estoy sola. - Se fue hace rato -me sobresalto al escuchar la voz de mi abuelo. - Creo que tenían reunión en la Mansión. Me acerca una taza de café y se sienta a mi lado. Él también tiene una en sus manos. - Cierto que ayer arreglaron eso con el alfa Dante -digo más para mi misma que para él. Después de unos minutos, caigo en la cuenta de que Genesio nos debe haber visto durmiendo juntos. Tragame tierra. - Abuelo discúlpame, ayer me quedé dormida. No era mi intención que nos vieras así -aunque tampoco es como si hubiera pasado algo. - Hija no tienes nada de que disculparte. Esta es tu casa y él es tu pareja, no están haciendo nada fuera de lo normal -me tranquiliza. No puedo evitar ruborizarme. - Me agrada, es buen muchacho -me da su aprobación sonriendo. - Menos mal -me río, y él se une a mí. - Sabes, ayer me crucé con el beta Raoul. Parece que ya encontraron un lugar para reconstruir su pueblo -toma un sorbo de café. Frunzo el ceño, Aiden no me comentó nada al respecto. - Me parece muy bien por ellos -deja la taza en la mesa y me encara. - Hija no estas entendiendo mi punto -lo miro desconcertada. -Eres la pareja del alfa, en algún momento tendrás que abandonar esta manada y unirte a la suya. Abro los ojos como platos. Definitivamente no se me había cruzado por la cabeza ese punto, aunque es cierto. Pero no puedo abandonar a Genesio, es la única familia que tengo.
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