ALEXIA.
Me despierta el sonido de llamada de mi celular. Estiro la mano para poder ubicarlo. Todavía medio dormida miro el remitente, Genesio.
- Hola -me aclaro la garganta ya que la tengo medio seca.
- Hija buen día. ¿Sigues en la aldea del alfa Aiden? -me levanto de un salto. Cierto, todavía estoy aquí.
- Si, recién me despierto -mi voz no ayuda nada.
- Me doy cuenta -se ríe del otro lado de la línea. -¿Noche larga?
- ¡Genesio! -lo reto, porque sé para donde disparan sus pensamientos.
- Tranquila niña, te conozco bien como para saber que te tomaras tu tiempo -niego con la cabeza. -Aunque ahora que encontraste a tu pareja por favor no demores en darme nietos.
Me quedo con la boca abierta. ¿Qué? Ni se me había pasado por la cabeza eso.
- ¿Cómo puedes estar hablando de esto a estas horas de la mañana? -cambio de rumbo, antes de que se le ocurra pedirme otra cosa fuera de lugar. -Ayer te llamé y no me atendiste.
- Si, perdón hija. Estábamos en una junta de Ancianos tratando unos asuntos -se disculpa.
- ¿Por qué todo el mundo está tan raro?
- ¿A qué te refieres? -me pregunta desconcertado.
Le conté lo que sucedió ayer con Aiden, que salió corriendo ante una emergencia. A ver si Genesio tiene alguna información.
- No sabría decirte hija, la verdad es que no sé. Nosotros estuvimos tratando otros temas -por alguna razón en particular no le creo, algo me oculta.
- Esta bien abuelo, en un rato ya estoy por allá -me despido de él y corto la llamada.
Ubico mi ropa y me cambio, dejando doblado el pijama arriba de la cama. Miro mi rostro en el espejo del baño, unas leves ojeras se asoman debajo de mis ojos. Me acomodo lo mejor posible y voy para el comedor.
Un aroma exquisito llega desde la cocina, se me hace agua la boca. Cuando me acerco lo veo a Aiden cocinando, parece distraído.
- Buenos días -saludo tímidamente.
Voltea a verme con una sonrisa en el rostro.
- Buen día preciosa. Justo a tiempo para el desayuno -coloca sobre la mesa dos platos con huevos revueltos, tostadas y algunas frutas y también dos tazas de café.
- Huele delicioso -lo halago, porque es cierto.
Tomo lugar en uno de los asientos y él se sienta a mi lado, acortando la distancia entre nosotros.
- ¿Pudiste descansar bien? -me pregunta tomando mi mano. Ya se me hizo costumbre su gesto de darme un beso en la mano, y lo adoro.
- Eso parece. Creo que fue más que nada por la compañía -coqueteo con él. Sus ojos se iluminan.
- Puedes usarme de almohada las veces que quieras -una risita se me escapa y él se une a mí. Es tan fácil estar cerca de él.
- Gracias por la noche de ayer, la pasé muy bien -tomo un sorbo de café y empiezo a disfrutar del manjar que preparó mi hombre.
MI hombre. Se siente increíble decirle así. Y pensar que hace dos días atrás hubiera jurado que iba a ser una solterona toda la vida. Y ahora este hombre está acá, sentado al lado mio, revolucionando todo en mi.
- No tienes que agradecer. Lamento que nos hayan interrumpido -sus ojos son sinceros.
- ¿Vas a contarme qué pasó? -suspira. Entiendo que no quiera preocuparme, pero no me gusta estar en la ignorancia.
- A un par de kilómetros hacia el este, uno de nuestros deltas encontró a un solitario, un salvaje -empieza a contarme. Lo escucho con atención, porque es algo que nunca había sucedido por aquí. -Trataron de guiarlo para que se alejara de la manada, pero no estaba en si. Tuve que intervenir.
Mejor no preguntar a qué se refiere con que tuvo que intervenir.
- Entiendo -asiento. -Gracias por contarme -le sonrió.
Él suspira y se gira para quedar de frente a mi. Toma mis manos y las junta para llevárselas a los labios.
- Lamento haberte limitado a que te quedaras aquí anoche, pero no podría vivir si algo te pasara -ay. El corazón se me hace un bollito. Este hombre va a matarme.
- No te preocupes, lo entiendo -lo tranquilizo. Lo último que quiero es causar algún problema.
Terminamos de desayunar en silencio, disfrutando de nuestra compañía.
- ¿Qué quieres hacer hoy que es tu día libre? -me pregunta levantando la mesa.
- ¿Cómo sabes que es mi día libre? -enarco una ceja.
Me dispongo a lavar los platos cuando me abraza por detrás, envolviendo sus brazos en mi cintura.
- Soy el alfa, sé dos o tres cosas -deja un rastro de suaves besos desde mi oreja hasta mi cuello.
Ay Diosa Luna. El calor empieza a recorrer mi cuerpo. Ladeo la cabeza para un costado, dándole más acceso a mi cuello. La intensidad de sus besos suben, siento sus manos recorrer mi cuerpo.
En un movimiento desprevenido, tiro mi cuerpo hacia atrás, pegándome a él, restregandome contra él. Siento la dureza de su m*****o contra mi trasero. Muevo un poco las caderas, provocandolo.
- Alexia... -susurra contra mi oído.
- Me preguntaste que quería hacer hoy -digo con un tono de inocencia.
Siento su sonrisa contra mi cuello.
- Por más que me encantaría tenerte desnuda en la cama todo el día -deja un beso detrás de mi oreja lo que me provoca piel de gallina. -No quiero que nuestra primera vez sea así, mereces algo especial.
Este hombre va a matarme.
Me giro, aun entre sus brazos, quedando de frente a él. Tomo su rostro entre mis manos, su mirada es dulce y me derrite el corazón. Me paro en puntas de pie para alcanzar sus labios. Él corresponde a mi beso con dulzura.
Se separa un poco de mi, pegando su frente con la mía.
- Aun no me has dicho que quieres hacer -susurra en voz baja.
- No tenía ningún plan en particular, iba a regresar a la casa -lo veo dudar un segundo, pensativo.
- Si quieres puedo mostrarte la aldea, y presentarte a la gente -su voz es alegre, y sus ojos muestran felicidad.
- Me parece un plan excelente -acuerdo con él.
Quizá en otro momento hubiera dudado, le hubiera dicho que era muy pronto. Pero ahora no, nada es muy pronto con él. Ahora que ya lo encontré quiero disfrutarlo.
~
El resto del dia nos la pasamos recorriendo su aldea, mostrándome todos los lugares y presentandome a toda su gente. No son muchos, debido a las bajas que han tenido.
Encontramos a Camil en la enfermería, resulta que ella es enfermera y ayuda a su pueblo de esa forma. Me pareció realmente noble de su parte.
Tanto ella como Aiden son muy cercanos a su gente, preocupándose por sus necesidades, que a nadie le falte nada. Me conmovió hasta el último rincón del corazón.
Al mediodía almorzamos los tres juntos en el mismo restoran de la noche anterior. Conversamos de todo tipo de cosas. Me contaron sobre su niñez, su antigua manada, que estaban destinados a ser alfas pero todo allí era super sangriento. También me enteré que Aiden tiene habilidad para tocar instrumentos musicales como el piano, la guitarra y la batería, que en su época rebelde había formado una banda y también cantaba. Podría acostumbrarme a esto tranquilamente, con ellos me siento realmente a gusto.
Por la tarde me despedí de Camil y le pedí a Aiden que me lleve hasta mi casa, ya era hora de volver ya que a la noche me toca patrullaje.
Cuando llegamos, estaciona en frente de la casa pero no me dice nada.
- ¿Pasa algo? -lo miro desconcertada.
Voltea a verme, sus pupilas dilatadas.
- Pasa que te extrañaré cada segundo que no estés conmigo - ¡Ay este hombre! Mi corazón da un vuelco ante su declaración.
- Yo también te extrañaré -no voy a negarlo.
Me salgo de mi asiento y me siento a horcajadas sobre él. No le doy tiempo a pensar cuando uno nuestros labios, saboreando su dulce boca. Podría entregarme a él acá y ahora, sin importar nada.
Se separa un poco de mi, suspirando. Sus manos acarician suavemente mis mejillas.
- Eres tan hermosa -declara, siento que un rubor intenso inunda mi rostro. - Sobretodo cuando te ruborizas -bromea.
- Idiota -pongo los ojos en blanco y él se carcajea.
Miro el reloj, se me esta haciendo tarde.
- Tengo que irme -me lamento.
Bajo de su regazo mientra el baja a abrirme la puerta. Siempre tan caballero. Me acompaña en silencio hasta la entrada, nuestras manos entrelazadas.
- ¿Podré verte mañana? -mañana, pasado y todos los días que él quiera. ¿Desde cuando me volví tan melosa?
- Si, claro -él sonríe como si le hubieran regalado un premio. Se acerca para besarme y gustosa recibo las caricias de sus labios.
- Alexia, sé que es poco el tiempo que nos conocemos y no quiero que suene apresurado -comienza diciendo. -Pero, te quiero -declara.
Sorprendida por su declaración, no sé qué responder. Él se da cuenta y enseguida toma mi cara en sus manos.
- Tranquila, no tienes que responder nada -besa mi nariz. -Nos vemos mañana, y por favor ten cuidado en el patrullaje -se despide rápidamente y lo veo alejarse.
Pasmada, me quedo parada unos minutos en la entrada mientras observo como se va en su coche. Mi corazón late a mil en mi pecho.
Una vez que me calmo, entro en casa para poder prepararme para el patrullaje.
~
Cuando llego Karlos me está esperando a un costado del grupo.
- ¿Y? ¿Cómo te fue? -me interroga sin siquiera saludarme.
- Hola para ti también-le digo burlona. Pone los ojos en blanco y yo me río.
- Ya déjate de introducciones, ya nos conocemos. Cuéntame -ay pero si será bien chismoso.
- Fue una noche... -dudo un segundo, porque no sé qué la palabra la describe bien. -Perfecta.
- ¿Y se cuidaron? -levanta sus cejas haciéndome un gesto burlón.
Le doy un golpe en el brazo y se carcajea.
- Eres un imbecil -camino más rápido para dejarlo atrás.
- Pero igual me quieres -me alcanza y me abraza meloso.
- Ya -me lo quito de encima haciéndome la ofendida. -Después te cuento mejor, llegaremos tarde.
El alfa nos asigna a cada uno un sector. Me encamino a un rincón alejado para poder despojarme de la ropa y dejarle el paso a mi loba. Ansiosa, la dejo salir, impaciente por tomar el control. Comienzo a dar vueltas por el bosque, que se encuentra sospechosamente tranquilo y silencioso. No se escuchan los animales, ni siquiera la brisa de la fría noche.
Me alejo un poco más, adentrándome un poco más en la oscuridad del bosque. Silenciosa, recorro cada centímetro del lugar, hasta que un olor particular logra captar mi atención. Sigo la ruta del aroma, hasta que lo encuentro.
Un lobo de color gris, un poco más chico que yo, se encuentra frente a mi. No logra verme, parece desorientado. Gira su cabeza violentamente en diferentes direcciones, sus ojos parecen desorbitados. Es un salvaje.
Sin darme cuenta, piso una rama y esta cruje, llamando la atención de la criatura. Sus desorbitados ojos se centran en mi, odio es lo único que logro ver. Su pelaje se crespa, gruñe dejando entrever una filosa hilera de colmillos blancos. Ay, estoy en problemas.
Retrocedo lentamente, pero él avanza los mismos pasos que yo, arrinconandome contra unos árboles. Lejos estoy del lugar que debía patrullar, no sé si pueda lograr la conexión con mi manada. El miedo empieza a inundarme. ¿Y ahora que hago?
El gruñido del salvaje se hace más fuerte, amedrentandome. En cualquier otra situación le hubiera hecho frente, pero los Salvajes no se pueden enfrentar. Son criaturas que están fueras de sí, cegadas por el odio y la ira. Acomoda sus patas, y sé que esta a punto de lanzarse encima de mí.
De la oscuridad del bosque emerge un inmenso lobo n***o y se interpone entre el salvaje y yo. Huelo su fragancia, es Aiden. ¿Cómo me encontró? Al lado del lobo gris, Aiden es tres veces su tamaño.
Gruñe, haciéndole frente al lobo. Éste último empieza a retroceder, con la cola entre las patas. Aiden lo arrincona, acercándose a él. No logro ver bien que sucede, pero él lobo gris se da vuelta y huye despavorido.
Aiden se da vuelta para mirarme, y entiendo la pregunta en su mirada. Asiento confirmándole que estoy bien. Se acerca a mi y refriega su cabeza con la mía. Acepto su caricia porque su cercanía me tranquiliza. Si no hubiera aparecido no sé qué habría sucedido.
Este ya es el segundo salvaje que aparece en menos de 24 horas. ¿Qué está sucediendo?