ninguno de sus predecesores de todos los tiempos. Ellos habían hecho mella de los ingresos provenientes del petróleo, tomando para sus fines particulares una gran parte de ellos; pero también realizaban inversiones, unos más que otros, sin embargo las llevaban a cabo. El pueblo merecía también, ser beneficiado por lo que Dios había dispuesto para ellos. Tendría que haber sido todo lo contrario, más nunca lo fue. El lema de esos mandatarios era que comerían las ratas gordas, y dejarían alguito para las ratas flacas; al fin y al cabo, ellas también tenían derecho a comer. “El Maligno”, creador del desastre, fue quien comenzó de manera gradual a descuidar la inversión en todos sus niveles. Aquella infernal desinversión estuvo malamente justificada, en el hecho de que parte de los ingresos i

