habían percibido riquezas por doquier, ya no lo rodeaba con su fuerza indestructible. Ya todo estaba perdido.
Ese año, sucedió algo en mi vida que la cambió para siempre. Era una tarde radiante, y me tocó trabajar en sustitución de una colega que me había pedido el favor, dado que tenía una consulta médica fuera de nuestra entidad federal. Acepté gustoso, puesto que era apremiante lo que necesitaba. Mi hijo estaría bien cuidado, tal como lo había estado desde que ella lo había abandonado hacía cierto tiempo. Gracias a las atenciones de mi familia, en especial de mi madre y de Juanita, el muchachito pudo enfrentar sin contratiempo alguno, aquel desapego inaudito. Mis hermanos le ofrecían mucho afecto también. Cada día Zenoncito se presentaba en la casa con Yozeth, y entonces entre ambos primos se formaba una estela de diversión tal, que los gritos de ambos retumbaban en la casa y exasperaban a mi madre. Ella era muy dada a la quietud; pero amaba a sus nietos y su paciencia se imponía. Total, ya se había acostumbrado a ello gracias a los retozos de sus cinco travesuras cuando eran niños. Las chicas habían sido más tranquilas. En mi trabajo todo marchaba sobre ruedas. Llegué muy temprano cómo de costumbre. A la hora pautada, y cuando estábamos haciendo el recorrido para enterarnos de los pormenores de cada paciente, miré con agrado a una de las pacientes. Ella leía un libro inmenso. Estaba tan ensimismada en su lectura aquella beldad, que no se percató de mi mirada.Cuando correspondió su turno, todos la rodeamos y ella nos miró algo distraída. Pero cuando cruzamos nuestras miradas, pude comprobar que sus ojos brillaron de forma extraordinaria.
En ese momento, cuando continuó la entrega de guardia, me distancié del grupo. Quise mirarla nuevamente y, de ser posible, entablar una pequeña conversación con ella. Me moría por conocerla. Y así mismo fue. Me acerqué disimuladamente, pero ya estando frente a ella, no supe como comenzar una plática. Eso fue lo primero que me sorprendió, ya que para eso al parecer, había llegado yo al mundo; para tomar una iniciativa oportuna.Con ella todo fue distinto desde un principio.Un extraño nerviosismo se apoderó de mí por completo.
— ¿Qué lees? Sólo le pregunté eso, a secas.
— Mi libro de medicina, me respondió ella prácticamente como un reflejo.
Me quedé petrificado.Las otras cinco damas, con quienes compartía el ambiente, se quedaron mirándome como si fuese yo un payaso. No podían disimular las ganas de soltar una carcajada cuando me vieron en esa posición tan absurda. No supe realmente que me pasó con ella, pero me quedé atontado como un adolescente tímido. Ella, al darse cuenta de mi reacción, trató de salvarme.
— Estudio medicina.
— Que bueno.
Sólo le dije eso, y desaparecí cuando noté que ya me habían comenzado a sudar copiosamente las manos, lo que me solamente sucedía cuando me sentía asustado.En ese caso, me sentí atrapado entre la mirada exquisita de una mujer bonita. Cuando llegué al sitio donde estaba ubicada el área de preparar los medicamentos, me detuve a pensar en lo que había hecho; en aquella enorme torpeza, y decidí regresar a donde ella se había quedado anonadada, según me contó después. También me contó cuando ya estábamos pronto a casarnos, que cuando yo me retiré asi tan sorpresivamente, las mujeres que estaban hospitalizadas en esa sala, comenzaron a bromear acerca de mi actitud. Me comentó que le habían dicho casi al unísono, que estaban seguras que me había gustado. Y no era mentira. No tendría porque serlo. Pude escuchar las voces de aquellas damas desde mucho antes de llegar. Ellas nunca se imaginaron que yo regresaría tan pronto, por lo que no se cuidaron de bajar sus voces para evitar ser escuchadas inoportunamente.
Cuando me presenté, sus silencios bruscos resultaron estrepitosos. Comenzaron luego a disimular que estaban tocando otro tema, y para variar, se refirieron al nuevo héroe patrio, del que nadie dejaba de mencionar, cosa que me molestó a más no poder; pero que preferí ignorar,ya que lo que me había llevado a caminar sobre mis pasos andados, tenía más importancia que mil revoltosos en ese momento. Sin ambages, me dirigí a ella y tan pronto ella sintió mi presencia, volvió a descomponerse nuevamente. La delataba su mutismo, y su mirada que no se apartaba de la mía. Decidido, me senté en la silla que estaba a su lado y, con la cortesía que siempre me ha caracterizado, me presenté. Ella hizo lo propio y en ese instante, algo escribió nuestros nombres en los libros del amor eterno. La conocí en un momento en que había dejado de confiar en el amor, definitivamente.
En aquella Navidad, sentí mucha melancolía. Los niños jugaban muy divertidos. Alberto no era la excepción. Le había regalado un juguete muy hermoso, acorde a su edad. Se trataba de un inmenso camión, y desde que lo tuvo en sus manos, no dejó de empujarlo un instante. Tuve que colocarle un cordel para que tirara del mismo, y fuese más divertido el asunto. Lo malo fue que, al montarse constantemente sobre el mismo, en pocos días ya lo había desbaratado irremediablemente. Era gordito mi muchacho. También recibió el regalo de “niño Jesús”, el tradicional que se coloca siempre bajo la cama, o a los pies del arbolito.Lo había adquirido desde hacía meses. Era un hermoso balón de futbol que le duró hasta que ya casi era un hombre. Gracias a ese bendito juguete, se hizo aficionado al deporte rey.Me entristeció sobremanera el hecho de que en el fondo, sentía que a mi hijo le hacía falta su madre. Desde que sucedió aquello, prácticamente entre todos en casa, nos habíamos encargado de que Albertico no tuviese oportunidad de echarla de menos. Siempre se mantenía retozando con el montón de juguetes que tenía en un enorme receptáculo, viendo televisión, desbaratando algunas revistas o sencillamente, jugueteando conmigo. Pero en muchas oportunidades lo sorprendía llorando, y no era para menos. A todo niño le hace falta su madre. Bueno, esa fue una etapa muy triste de nuestras vidas, y gracias a Dios, pudimos superarla dignamente.
Al año siguiente, cuando hacíamos los preparativos para celebrar los 3 añitos de mi príncipe, una enorme sorpresa política sacudió nuevamente a mi país.El 11 de marzo, el máximo representante de la vindicta pública, tal como ya estaba maliciosamente pautado como un verdadero complot;exaltó ante la Máxima Corte del país, una petición nunca antes realizada.Nada más y nada menos, quela solicitud de antejuicio de mérito contra el Presidente de la República. Se trataba de un procedimiento especial, para el juzgamiento de altos funcionarios. El delito imputado, corrupción. Ese fue el típico penal utilizado en la respectiva denuncia, incoada por unos fulanos que bastante se habían beneficiado de las prebendas del gobernante caído en desgracia.Se le imputabaen dicha ardid judicial,defraudación y peculado. En el escrito interpuesto por la parte acusadora, se hacía referencia en la apropiación ilícita de 300millones,de una partida secreta. No pasaría mucho tiempo para que fuese acordado el juicio. Quien así lo hiciere, sería el otro ladronzuelo que se había vendido, como una vez lo hizoel Iscariote de la historia sagrada de la humanidad. Las consecuencias de ello no se hicieron esperar. El Parlamento, fundamentado en que se cumplían los lineamientos exigidos por la carta magna de ese entonces, decidió separar de sus funciones al primer mandatario nacional. Desde su celda, el facineroso que había provocado toda esa hecatombe, regalaba a sus aduladores; una sonrisa sardónica.
Nuevamente los hechos históricos a nivel mundial se hacían presentes, y daban la razón de sus existencias por demás necesarias. Siglos atrás resultaba una costumbre,desterrar bajo cualquier argucia, a quien ostentara el poder por la inverosímil urgencia de instaurar un nuevo régimen, que la mayoría de las veces, resultaba ser despótico por excelencia. Tal cómo ocurrió con algunos monarcas. Algunos resultaron expatriados; pero otros fueron ejecutados, conjuntamente con sus consortes y algunos otros miembros de sus familias. Y no lo hacían por el bienestar del pueblo, como siempre se ha hecho creer, sino por la opulencia que albergaría al sucesor; tras aquellas salidas deshonrosas e irreversibles. En el caso de mi país sucedió lo mismo. Era algo que hacía bulla desde hacía cierto tiempo, tal como hace el río cundo transportaalgunas rocas. Algo se tramaba, y ese algo necesitaba que el presidente saliera de manera abrupta. Y así mismo ocurrió. En mi país la historia también hablaba por si sola.La patria grande siempre se ha caracterizado desde épocas remotas, por cambios de gobiernosmediantesublevaciones, insubordinaciones, cuartelazos y golpes de Estado.También habría que agregar que democráticamente, tal como había estado sucediendo desde hacía varias décadas de manera consecutiva; gracias al libre ejercicio del sufragio.
Por tratarse de la primera vez que ocurría un hecho de semejante envergadura,ese hecho llamó de inmediato mi atención. ¿Acaso se quería realmente accionar la justicia en un país que la necesitaba sin tapujos, para tratar de regresar un poco de la confianza perdida?¿Era verdaderamente un acto de prevalencia de la probidad, ante un hecho detestable como la corrupción? ¿Se trataba del decoro de la patria, de la confianza del pueblo, de la transparencia en laadministración de los recursos?Era más que evidente que, puesto de esa manera, para nadie era un secreto que de esa forma tendría que ser, ya que los sucesos que conllevaron al tan polémico juicio tenían que ver con la integridad y con la honestidadnacional, en eso estábamos muchos de acuerdo. Ya estaba bueno de la permanencia en las esferas del gobierno en todos sus niveles, de que se embolsillaran los fondos públicos. Necesario era crear ese justo precedente.Seconsideró razonablela existencia del estado de derecho.Lo que ignoraba el pueblo, era que se trataba de una vulgar trampa. Todo estaba maquinado. Con dinero se puede incluso, comprar conciencias. Y en ese hecho quedaba demostrado.
Muchos pensaban que con la salida del gobernante corrupto, se resolvería la crisis política. Nunca se preguntaron, tal como lo hice yo que, ¿Por qué no habían hecho lo mismo con los anteriores gobernantes, de quienes se tenían suficientes elementos de convicción acerca de sus ilicitudes? ¿Por qué en su momento no fue juzgado él mismo, por ejemplo sonado caso del barco que había adquirido con sobreprecio? ¿Por qué los mismos administradores de justicia se hicieron de la vista gorda? ¿Por qué en ese momento de crucial coyuntura, si fue sometido un gobernante a la justicia por los hechos que llevaban sucediendo desde hacía décadas? Nadie en ese momento era capaz de dar respuestas a mis interrogantes. Lo único que se asomó, fue que el dinero que tanta alharaca provocó, había sido utilizado para el financiamiento de una supuesta campaña presidencial en un país centroamericano.
Inmediatamente al ser tomada dicha decisión, la cual no tenía precedente en nuestra historia republicana, fue nombrado un mequetrefe que era más de lo mismo. Todos se quejaron de dicha decisión pues, parecía peor el remedio que la enfermedad. Por fortuna el interinato era solamente por un mes. Mientras se llevaba a cabo aquel sonado y mediático proceso judicial, el país se embochinchó como nunca. Los terroristas se hicieron sentirtambién como nunca. Estallaron bombas en los lugares menos esperados. Unas manos danzaron por los aires, cuando su dueño intentó abrir una correspondencia. En la misma permanecía oculto un artefacto explosivo. Por lo insignificante de la cantidad de explosivo, resultaba evidente que sólo procuraban producir lesiones menores. La cuestión era causar pánico. El herido lloraba en la sala de emergencia,lamentando no haber muerto en la explosión. Se imaginaba el pobre, la desgraciada vida que le esperaba. Era preferible quedar ciego, o sin piernas, decían quienes supieron de ese triste caso. Eran tal vez aliados del bando perdedor, o cortinas de humo para tratar de llamar atenciones y desviarlas del principal objetivo.
Extraños maletines negros aparecían en sitios solitarios, y se formaba, al ser descubiertos, la algarabía. La gente se hacía en sus ropas, de puro miedo. La sola idea de volar por los aires, tenía a más de uno desquiciado.Se logró el cometido. Una especie de oleada de terror se comenzó a sentir en todo el país, sobre todo, en la ciudad capital y aquellas con más densidad demográfica. Los ataques continuaron sucediendo, cada vez más seguidos. No habían dejado alguna victima mortal; pero el pánico estaba a la orden del día. Se sospechaba de muchísima gente del entorno del presidente apartado del cargo. Se decía que hasta el médico pediatra, estaba detrás de todos esos ataques terroristas. Poca gente en ese entonces sabía jurungar con explosivos, salvo los expertos de un famoso cuerpo policial. Muchos investigadores camuflajeados se adentraron como pudieron a dichos cuerpos armados, y comenzaron sus investigaciones. Cayó un gentío, incluyendo aquel jefe policial maldito que había dirigido varias masacres en los gobiernos anteriores.
Detrás de aquella cortina de humo había demasiado dinero. Quisieron esos malnacidos largarse un gas, y se les había salido por completo todo el contenido intestinal. Pero a pesar de haber sido apresados los supuestos cerebros de los ataques, continuó aquella oleada de embestidas facinerosas. Cuando ya todos habían pensado que la tranquilidad había regresado, un carro bomba explotó en el estacionamiento de un famoso centro comercial. Utilizaron más de un kilogramo de algo que pocos conocían, nada menos que un poderoso explosivo denominado C-4. Otro vecino resultó seriamente lesionado. Días después ocurrió otra explosión en la sede de un cuerpo policial, echando por tierra la participación del mismo en los anteriores ataques. Pronto saldrían aquellos asesinos en libertad plena, y sin ningún tipo de restricciones. Con esa misma intención, tres días después, estalló una bomba en la sede del partido político también implicado en aquella oleada de violencia. Lavaron la sangre con sangre.
Finalmente, fueron encontrados suficientes indicios incriminatorios para hundirlos en el foso de la culpa; pero ya era demasiado tarde, todos se habían largado del país. Era la crónica de una muerte anunciada, tal como lo dijera el inmortal escritor colombiano. Mientras todo eso sucedía, yo comprendía que nada de lo que había visionado en mi extraño sueño, ni lo dicho por los espectros en los mismos; había sido mentira. Al mandatario le dictaron sentencia condenatoria y, como sobrepasaba la edad estipulada en la ley penal sustantiva, lo zamparon de cabeza en su casa de habitación. Esa casita fue lo único que supuestamente le había quedado pues, la ley lo había despojado de todo cuanto poseía. Nada se decía de las pequeñeces que sus testaferros le habían guardado celosamente, ni de la inmensacantidad de activos que mantenía represados en varios paraísos fiscales, producto de sus constantes robos del erario público; suficiente para vivir él y toda su familia, durante diez vidas si se pudiese. Resultaba esa una prueba fehaciente, de que no era por esa ínfima cantidad de dinero por lo que había sido destituido el Presidente de la República. Era esa apenas, la punta del iceberg. Una pequeña asomada de un monstruo de mil cabezas, de un millón tal vez.
La imagen del hombre que había creado el milagro económico de otrora, el mismo que había calado en las mentes de muchos compatriotas, y que le había llevado directo y sin escala por segunda vez a la presidencia, se había esfumado de manera irreversible. La caída estrepitosa de los precios del principal agente de importación del país, como lo era y aún sigue siéndolo el petróleo; había contribuido en gran parte al debacle económico del que se había valido el bandido que finalmente terminó haciendo más daño que bien. También lo fue la devaluación de la moneda, los desaciertos descomunales de los gobiernos anteriores, el paquetazo suyo, las espirales inflacionarias indetenibles, en fin; había sido un problema estructural lo que produjo aquel embrollo en que todos nos vimos envueltos. De nada le había valido que, debido a la guerra llevada a cabo en el medio oriente, el precio del petróleo se hubiera elevado tanto. Nunca se olvidaría que más de 2.000 personas habían desaparecido del mapa, tras los disturbios que sus acciones provocaron. La vida pasa factura tarde o temprano. Y en ese pase de cuentas, estaba agazapado un hombre oportunista como nadie, esperando pescar en río revuelto, y vaya que atraparía un enorme pez.
Al tipejo que se había sentado momentáneamente en el trono nadie lo quería. Resultaba perentorio un gobierno de facto. Había quebuscar y obviamente encontrar, una persona degran talante y aguda visión para posesionarsedel “coroto”, hasta que llegara el momento de realizar nuevas elecciones.Sólo restaba poco menos de un año para ello. Se necesitaba un hombre con bastanterectitudy sólidos principios; con suficiente inteligencia y preparación académica, además de vasta experiencia;para garantizarla seguridad y la paz del país. Urgíamostrar ante el mundo entero y de ser necesario, ante el resto del universo, una imagen de indestructibledemocracia.Necesario era hacer creer que en el país se respetaba a toda costa, el orden constitucional. Definitivamente alguien tenía que encargarse de ese enorme problema. Nadie quería estar en los zapatos de quien resultare elegido para semejante odisea. Y cuando se refirieron a alguien con muchísima experiencia, lo hicieron muy literalmente, puesto que pocos días después llegó un anciano que prácticamente masticaba el agua, con todo respeto, a ocupar el máximo cargo del país. Y no es que resulte contraproducente llegar a una edad tan noble como la que ostentaba el anciano presidente provisional, pero hay situaciones que ameritan tener los instintos al cien por ciento, y a una edad muy avanzada, difícilmente eso puede pasar. Por supuesto que eso era lo que se quería. Alguien maleable, manipulable; pero que a su vez, llevara aires de pureza y de intelectualidad, al ya bastante desprestigiado aposento.
Ne necesitó todo un despliegue para lograr ese cometido. Intervinieron variosfactores del país para llevar a cabo aquella difícil escogencia; a saber, el militar, el económico, el político y hasta el religioso Querían muchas virtudes en una sola persona. ¿Quién había dado esa orden? Desde prisión alguien sonreía sarcásticamente. Cuando se propusieron los nombres de los posibles aspirantes a ocupar ese gobierno emergente, se escucharon varios nombres de gran notoriedad. Entre ellos, por supuesto, el de un preparado caballero. Alguien de quien pocas personas habían escuchado hablar. Nadie había reparado en ese gran detalle. Hasta los presos por ambos intentos golpistas, celebraban con vítores y excesivos aplausos, sospechosos por demás; que sonara dicho nombre entre los aspirantes. Los otros se postularon confiando en sus abultados credenciales, a él tuvieron que convencerlo; cosa que resultó excesivamente difícil. Algo se dejaba sentir, y realmente los pendejos que resultamos ser, el pueblo, no nos fijamos de ello. Yo en lo particular pequé de confiado, y reconozco que hice demasiado mal, al no centrarme en las peticiones que me hicieren en aquel rarísimo sueño y en las tantas advertencias, mis ya amigos espectros. Me confié sobremanera de que esos tipejos estaban pagando cárcel, y que no irían a salir de allí a causarle más daños a nadie. No sabía en aquel entonces, cuan equivocado estaba, puesto que le era más fácil al enviado del diablo desde allí; mover las piezas de su gran juego.
La difícil responsabilidad recayó sobre elveterano abogado, periodista e historiador de gran renombre. El había sido escogidode antemano para asumirsemejante paquete. Les había dado resultado aquella tragicomedia. El anciano había ocupado importantes cargos en los gobiernos de los principales partidos políticos del país.Estaba más que empapado en esas lides. Nadie mejor que él. Lo que más le había favorecido a la mente perversa que había ideado toda aquella ignominiosa argucia, era la edad provecta del presidente provisional.En ese entonces, la gente rumoreaba son sobrado humor, que veían llegar camiones cargados de pañales para adultos, y que en el palacio de gobierno,ya se sentía un vaho de orines insoportable. Sin tomar en cuenta que ese tufillo se habría de extender durante un lustro, más allá de la salida del anciano del poder; tras las elecciones que se veían venir.
Realmente no era muy viejo, puesto que no llegaba a los 80 años, pero la gente así lo veía; tomando en cuenta que quien permanecía prisionero por su participación en la asonada militar de febrero, les había metido en el cerebro a todos sus seguidores, que hacía falta gente joven para cambiar los destinos de la patria grande. Pero el ilustre caballero, tan pronto se sintió cómodo en aquel sillón aterciopelado, hizo ciertas exigencias. Ya de por sí, quienes le apoyaron habían marcado mucha distanciaalconcederle el incondicionalapoyo. Desde antes de abordar aquel vuelo medio improvisado, le habían advertido que se olvidara de contar con integrantes de ninguno de los dos partidostradicionales para integrar su tren ministerial. No hubo problema alguno, pero entre sus exigencias destacó una muy oportuna, tendrían que prácticamente firmarle un cheque en blanco. Exigió nuevo mandatario, que le otorgaran una carta que lo habilitara para firmar decretos con rango y fuerza de ley; una Habilitante, nada menos.
En ese entonces existía una enorme ingenuidad congénita en la población. Mi papá siempre decía que los políticos que nos habían gobernado robaban, pero sabían robar. Nosotros entendíamos con eso, que en los tiempos de otrora el común denominador de la población no ahondaba en esas cuestiones de la corrupción, y todos aquellos desmanes que han hecho, y siempreharán quienes sustentan el poder; ya que al pueblo no le faltaba trabajo, y podía llevar los alimentos a sus casas. Hasta que comenzaron a correrse aquellos rumores que si el imperialismo, que si los presidentes eran lacayos del imperio, que si por culpa de ellos estábamos muriéndonos de hambre; cuando en realidad no era así. No se consumían exquisiteces es cierto, pero a los pobres no les faltaban los alimentos en su gran mayoría. Entonces, al tomarse esas medidas locas, explotó aquella bomba que estaba aguardando su momento. Sembraron aquella hierba maldita esos anticristos, con sus palabreríos. Por ello, en un primer momento no me detuve a pensar en mi plan, ya que ellos estaban presos. Además el ex presidente estaba pagando condena por haber robado nuestro dinero, y en su lugar haber colocado a aquella alma pura.Todos aquellos ingredientes propiciaron una gran dosis de tranquilidad y confianza, caldo de cultivo para que los dejáramos planificar sus cosas con toda la calma del mundo.
En ese momento no me había pasado por la mente ser abogado, y mucho menos penalista. Apenas llevaba en mi carpetita del resumen curricular, mi título de Técnico Medio Asistencial en Enfermería, pues aún no había comenzado mi preparación universitaria, sería por ello que me había faltado malicia. No supe engranar en su momento, todo aquel intrincado artificio que habían tramado los sediciosos, especialmente aquel líder a quien todos adoraban ya más que a un santo. De todos modos, el gobierno emergente me abrió los ojos rápidamente, y pude comprobar lo exacto de las matemáticas,cuando las mismas determinan que dos más dos son cuatro; así de sencillo. El anciano resultaba un mal necesario,vital hasta que se realizaran las elecciones presidenciales al final de ese año. Desde ya, existía un grueso número de aspirantes. Todos miraban aquella silla como la gallina de los huevos de oro. Era esa la visión que siempre se había tenido de ella. Evidentemente que los mismos partidos políticos de siempre, se iban a esforzar a lo máximo para tratar de llegar primero a la meta. No querían riesgos innecesarios. Por ello, al no saber con qué locuras podría salir el emergente, decidieron no formar parte del equipo de gobierno. De esa manera evitaban quedar mal parados ante la opinión pública, es decir; ante el pueblo.Al fin y al cabo, era él pueblo quien votaba.
Ya se avizoraba que la contienda electoral de ese año iba a estar muy reñida. Un viejo actor tenía todas las de ganar, dada su experiencia. Puede que la gente pensara de él, lo mismo que del emergente. Era el engominado, quien aún estando senil, sus aspiraciones de llegar por segunda vez al poder, al igual que lo hiciera el destituido,no habían flaqueado. Se empecinaba por enésima vez en lo mismo. Sus comentarios, una vez que se había producido el intento de golpe de Estado, le habían costado la expulsión de las filas de un partido político, él mismo que había fundado. En dichos comentarios, alababa a los golpistas y mal ponía a los gobiernos anteriores,incluyendo el suyo.Aquellas declaraciones no habían sido fortuitas. Resultaban parte de un complot, de un perverso plan que hasta había llegado a colmar de ambición a un anciano que prácticamente estaba de partida. Una oportunidad había sido ofrecida. Por fin vería cumplido otro sueño, aunque fuese en el ocaso de su longeva vida. El viejecillo quería ser presidente y el “innombrable” le cumpliría su sueño. Ya estaba decidido, sería él quien tendría que preparar un camino. Para ello se encargaron de conversar con una gran cantidad de partidos minoritarios, al cual llamaron “El cucarachero”.Pensé, con mi sempiterna lógica deductiva, que ese nombre había sido dado, debido a la gran cantidad de bichos persiguiendo un mismo propósito.No se me ocurrió otra explicación razonable. Además de ello, el veterano político había fundado en un santiamén, su propio partido político junto a sus dos hijos. Así, fue inscrita su candidatura, rodeado de aquella enorme presencia de partiditos; muchos e los cuales, resultaron ser totalmente desconocidos. La batalla sería muy dura, ellos lo sabían. Mientras era llevada a cabo la campaña presidencial, en el rostro del viejito y de sus hijos, se podía contemplar la tranquilidad que le proporcionaban los satánicos desde prisión. El resultado estaba decidido desde hacía mucho tiempo.
Las tantas amenazas de golpes de Estados hicieron tambalear al gobierno emergente. Las investigaciones llevadas a cabo, tras aquellos últimos ataques terroristas en los cuales se había utilizado el potente explosivo, comenzaron a arrojar resultados. Nada tenían que ver con lo sucedido en las altas esferas del poder. Eran otros facinerosos que habían intentado crear un despelote en la Bolsa de Valores, y lograr con sus violentas pretensiones, que el precio de lasacciones bajara. Con ello intentaban hacer un negocio redondo. Ese cruento complot fue conocidocomo “el terrorismo bancario”.Cayó preso otro gentío. Los actos terroristas no cesaban, por más detenciones que se hacían. Ya el país estaba convertido en un infierno. El Presidente de los Estados