lados, tal como lo hacen las fieras hambrientas en busca de alguna presa. Era la peor manera de amedrentar a un pueblo. La presencia de aquellos matones significaba la única forma de hacer sentir un dominio perverso. A esos asesinos no les temblaba el pulso. Hasta mataban por placer. Y si de casualidad les llamaba la atención una mujer, y ésta tenía algún compromiso, su esposo o novio aparecía con un “mosquero en la boca”; para que no estorbara a unas pretensiones. Esos hechos no nos amilanó en nuestros propósitos, todo lo contrario; hizo que nuestro compromiso con quienes estaban desasistidos por no tener dinero, se intensificaran. Visitamos los centros de reclusión e hicimos nuestra propia cayapa. Nos ocupamos en hacer defensas gratuitas a un grueso número de imputados, sobre todos, las

