Pasaban los días y nuestra indignación crecía de manera exorbitante. Francelina había recibido noticias de colegas suyos, médicos de excelsa ética y gran profesionalismo que, al igual que ella, habían decidido apostar a un mejor mañana y que, dadas esa circunstancia sobrevenidas abruptamente como lo era la enfermedad producida por el nuevo coronavirus, batallaron hasta el final con semejante enemigo. Pero muchos de ellos nunca se imaginaron que ese final haría referencia, al final de sus existencias por desgracia. Cada día ofrendaban sus vidas, batallando contra los estragos de la pandemia, muchos médicos probos, jefes de servicios o directores de los centros hospitalarios que cubrían las vacantes dejadas por quienes de habían marchado en busca de mejores condiciones de vida. A m
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