soberana paliza el pobre hombre, ya que su supuesta víctima sí era un veterano en esas lides. Se salvó de puro milagro, ya que el beodo peleador sintió lástima al escuchar el alegato del porqué de aquel proceder desviado. Se apersonó maltrecho al hospital, con la esperanza de que hubiesen podido encontrar un aliciente con el cual devolver la salud a su hijo; pero no halló más que la aterradora noticia de la muerte del mismo. Su mujer lo execró de su lado al considerarlo erróneamente, el causante de aquella muerte pendeja, la cual pudo ser evitada con un poco de suero y antibióticos. Desde ese momento, al sentirse execrado también de un hogar se lanzó al abandono. Se fue ataviado solamente con los trapos que vestía, con la gran carga de la culpa que sentía y una insuperable decepción.Se en

