Marty chocó conmigo en un ademán de alejarse también de su grupo. Aferré los libros de Biología que comenzaban a pesarme demasiado sobre mi pecho. Hacía tiempo que no lo veía, ni menos que estuviese tan cerca. Miléva se había mudado de ciudad, a Letcher por más preciso e iba todos los días a recoger a Francisco, no les importaba el mundo ni menos lo que los demás dijeran sobre ellos. —¿Sigues molesta? —preguntó con inocencia, sus ojos me miraron fijamente—. ¿Deseas salirte de la clase para hacer estupideces? —¿Qué? ¿Me estás invitando a escaparme? La relación con Marty mejoró mucho a pesar de que poco lo veía ahora. Hablábamos horas y horas por mensaje de texto e incluso salimos un par de veces. Sin embargo, a pesar de que a mi padre no le gustara su familia, aceptaba a Marty tal y c

