El sol de la mañana se colaba por la ventana de la habitación de Camila, iluminando su rostro mientras despertaba con el peso de los últimos días sobre sus hombros. Había algo en el aire que le decía que las cosas no podían seguir así, que debía tomar decisiones, y aunque su corazón seguía en conflicto, algo dentro de ella sentía que un cambio era inminente. Pero no era fácil, no cuando la inseguridad seguía siendo una sombra constante. En la escuela, las cosas no eran mucho mejores. Aunque Jackson le había dado el espacio que había solicitado, esa falta de comunicación, esa distancia, pesaba en su pecho. Cada vez que pasaba junto a él, el silencio entre ellos se volvía más palpable, y aunque no quería admitirlo, Camila sentía que había algo que ya no estaba funcionando como antes. Pero

